La caída de envíos de PC del 21% rompe dos años de crecimiento y traslada el problema del sector del interés al precio. Counterpoint Research sitúa ese desplome interanual en el tercer trimestre de 2026 y lo atribuye al encarecimiento de la memoria RAM, los SSD y los procesadores de Intel, AMD y Qualcomm. El mercado no se ha enfriado por falta de demanda. Se ha enfriado porque la factura sube en cada eslabón de la cadena.
Claves de la operación
- Primera contracción después de más de dos años de subidas. Los envíos encadenaban crecimiento sostenido desde antes de 2024 y el tercer trimestre de 2026 corta la racha con un retroceso del 21% interanual.
- El coste de los componentes se come el margen del fabricante. RAM, unidades de estado sólido y chips de Intel, AMD y Qualcomm se han encarecido durante meses y el alza se traslada íntegra al catálogo.
- El consumidor español paga la factura en el peor momento. La campaña de Black Friday del 27 de noviembre de 2026 llega con el componente más caro y con menos margen para descuentos agresivos en portátiles y sobremesa.
Dos años de subidas que terminan en un solo trimestre
El informe de Counterpoint Research no llega solo. IDC y Omdia habían anticipado la misma dirección con sus propias series de seguimiento, de modo que la contracción del 21% deja de ser una anomalía estadística y se convierte en el consenso del sector. Hasta el segundo trimestre de 2026, los envíos encadenaban más de dos años de crecimiento, un ciclo que muchos leyeron como normalización pospandemia y que ahora se parece más al último tramo de una demanda embalsada.
El detonante tiene nombre técnico. La memoria RAM, los SSD y los procesadores de Intel, AMD y Qualcomm se han encarecido de forma sostenida durante los últimos trimestres, y ese sobrecoste ha viajado hasta la etiqueta del minorista sin que nadie lo absorbiera por el camino. El fabricante de PC trabaja con márgenes estrechos, así que no hay colchón: cada dólar de más en la lista de materiales aparece íntegro en el precio final.
El tercer trimestre tampoco fue bueno en el mostrador de telefonía. Los envíos de smartphones tocaron su mínimo en 14 años, según los datos que maneja Counterpoint, y ahí está la lectura que importa: el encarecimiento de componentes ya no es un problema de una sola categoría, sino de toda la electrónica de consumo que depende de memoria y silicio.
Del MacBook al Raspberry Pi: quién absorbe el alza
El encarecimiento no distingue segmentos. Los precios han subido en los equipos de Apple, en portátiles de marca blanca, en monitores, y hasta en placas como la Raspberry Pi, donde el coste del componente pesa más que el de la marca. Cuando el alza llega a un dispositivo de 60 euros, ya no es inflación tecnológica: es inflación a secas.
Un PC no se compra por necesidad urgente: se compra cuando el precio cuadra. Y este trimestre el precio no ha cuadrado.
Ahí está la trampa del ciclo. El usuario particular puede retrasar la compra uno o dos trimestres, y de hecho lo está haciendo; el corporativo renueva por contrato y sostiene el volumen, pero a costa de alargar la vida útil de su parque. La demanda no desaparece: se aparca.

La distribución española, atrapada entre la memoria y el margen
En España el golpe se mide en la cuenta de resultados de la distribución. Cadenas como PcComponentes, MediaMarkt o El Corte Inglés compiten en un segmento donde el precio del componente fija el techo del descuento, y ya vivieron una situación parecida en el superciclo de la memoria de 2017, cuando el precio de la DRAM se disparó en pocos meses y la rotación de equipos se frenó en seco. La diferencia es que entonces el tirón venía de la movilidad. Ahora viene de la inteligencia artificial.
La lectura que se impone en el sector es incómoda para el consumidor final: la capacidad de fabricación de memoria se está desplazando hacia los chips de alto ancho de banda que alimentan los centros de datos, donde el margen por oblea es mucho mayor. El PC compite por la misma oblea que un centro de datos, y en esa puja pierde siempre.
Nuestra lectura es que no estamos ante un bache de demanda, sino ante un cambio de precios relativos que puede durar varios trimestres. El riesgo evidente es que la subida se consolide y el usuario español, con una renta disponible más ajustada que la del consumidor alemán o nórdico, retrase la renovación más tiempo que el resto de Europa y deje un parque de equipos envejecido que después habrá que sustituir de golpe. La contradicción está en los fabricantes: defienden la subida para proteger el margen, pero necesitan volumen para sostener sus fábricas.
Habrá dos pruebas concretas. La primera, la campaña del Black Friday del 27 de noviembre de 2026, que servirá para medir cuánta rebaja aguanta el canal sin vender a pérdida. La segunda, las cuentas del cuarto trimestre que Intel, AMD y los grandes fabricantes publicarán a partir de enero de 2027, y en las que se verá si el ajuste de precios ha compensado la pérdida de unidades o si el sector ha cambiado volumen por margen sin ganar en ninguna de las dos.




