Blancpain ha necesitado setenta años para devolver al catálogo su reloj más inclasificable. La Blancpain reedición vintage que la manufactura de Le Brassus acaba de presentar recupera el Ladybird Bullet de los años cincuenta, una pieza de silueta esférica que se vendió como Bullet y que ahora regresa con el nombre de Lady B. El precio de entrada es de 10.950 euros en acero; en oro rosa, 16.350 euros.
Una esfera de 19 milímetros con calibre propio
El nuevo Lady B mide 19 milímetros de diámetro y 13,2 de grosor, con un volumen de 2,9 centímetros cúbicos. La caja se divide en dos partes: la superior aloja el movimiento en un espacio sin holguras y la inferior es plana, pensada para que la pieza no gire en la muñeca.
Un hueco lateral da paso a la correa de doble vuelta en piel de becerro, disponible en siete colores: blanco, beige claro, beige oscuro, burdeos, amarillo, fucsia y azul clásico.
Dentro late el calibre 615, automático y de 19 milímetros, fabricado íntegramente en la manufactura. No es el movimiento más pequeño de la casa: ese honor sigue correspondiendo al R55, el mecanismo redondo de 11,85 milímetros que Blancpain desarrolló para el Bullet original y que aún conserva el récord en su categoría.
La elección no es menor. El R55 es de cuerda manual, y un reloj femenino que obliga a dar cuerda a diario compite en desventaja en el mercado de segunda mano.
La reventa de un reloj femenino de 19 milímetros no se mide en meses, sino en temporadas. La escasez real se fabrica con metales y series contadas.
Precio de tarifa, dos metales y el problema de la liquidez
La horquilla es contenida para los estándares de la alta relojería: 10.950 euros en acero y 16.350 euros en oro rosa. Son cifras de acceso, no de subasta, y ahí aparece la primera clave para el inversor. Quien compra el Lady B no puja por una pieza única; adquiere una reedición de producción abierta en dos metales y siete correas, esto es, catorce combinaciones posibles en el catálogo de Blancpain.
Esa amplitud tiene doble filo. Ensancha la base de compradores y facilita una venta futura, pero diluye la prima de escasez que sostiene el precio de las reediciones verdaderamente limitadas. En relojería femenina de colección el efecto se amplifica: el universo de compradores es más estrecho, los diámetros por debajo de 30 milímetros se mueven con lentitud y las casas de subastas rara vez dedican catálogos monográficos al segmento.
El relato de marca juega a favor. Blancpain fue la única firma suiza dirigida por una mujer en su época: Betty Fiechter, nacida en 1896, entró en la compañía con 16 años y la adquirió tras el fallecimiento del último descendiente de la familia fundadora. Sostuvo la casa durante la crisis de los años treinta y la devolvió al prestigio en los cincuenta con el Fifty Fathoms y con Ladybird. Ese pedigrí documentado tiene valor de catálogo.
Reedición frente a original: dónde está la prima real
En la jerarquía de activos alternativos, una reedición y una pieza original no pertenecen a la misma clase. El Bullet de los cincuenta es finito, escaso y su precio lo fija la subasta. El Lady B es un producto de tarifa cuya cotización futura dependerá de una variable que Blancpain todavía no ha revelado: el volumen de producción y la existencia o no de lista de espera.
Mi lectura del comportamiento de las reediciones de patrimonio presentadas en los últimos años es consistente: cuando la marca no cierra la producción ni acumula demanda embalsada, el precio de segunda mano tiende a igualar el de tienda durante los primeros veinticuatro meses y solo repunta cuando la referencia se descataloga. Con siete correas y dos metales, el Lady B no nace como objeto de especulación. Nace como reloj para llevar.
Una reedición disponible en tienda no es un activo escaso: es un producto excelente con una prima de escasez que aún está por demostrar.
Para un patrimonio que busca preservación, eso no es necesariamente malo. Un activo tangible con precio de entrada de cinco cifras, marca histórica y producción controlada por una manufactura integrada ofrece una función de refugio razonable frente a la inflación del consumo de lujo, sin la corrección abrupta que castiga a las referencias sobrecalentadas. Para quien persiga revalorización agresiva, la ecuación no cuadra: la liquidez del segmento femenino de 19 milímetros exige horizontes largos.
El hito a seguir no es el lanzamiento, sino la temporada de subastas de Ginebra de mayo de 2027. Si las casas incluyen lotes de relojería femenina de pequeño diámetro en sus catálogos de primavera, el segmento habrá ganado la profundidad que hoy le falta. Si no lo hacen, el Lady B seguirá siendo lo que es: un ejercicio de patrimonio bien ejecutado y un reloj excelente para quien lo compre por lo que es.
💎 Veredicto Wealth
El Lady B es una compra de uso y preservación de capital, no una apuesta de revalorización: sin lista de espera, su reventa rondará el precio de tarifa. El riesgo es la liquidez del segmento femenino de 19 milímetros.




