Bolsas mundiales en caída: el petróleo disparado y la venta masiva de bonos hunden al CSI 300

El Brent sube un 3% hasta 112 dólares, nivel no visto desde el inicio de la guerra con Irán, y arrastra a las bolsas asiáticas y europeas. El diferencial francés con el bund alemán se amplía a 1,7 puntos, máximo desde 2011.

El petróleo a 112 dólares ha bastado para tumbar unas bolsas mundiales que ya venían tocadas. El CSI 300 chino cede un 1,8% y entra en territorio bajista: acumula un desplome del 20% desde junio. En Wall Street, el Nasdaq se deja más de un 2% después de la campana de apertura.

La causa inmediata está en el crudo. El Brent sube un 3% hasta los 112 dólares por barril, un nivel que no se veía desde los primeros meses de la guerra con Irán, después de que los hutíes respaldados por Teherán intensificaran sus ataques contra Arabia Saudí. El crudo estadounidense avanza en la misma dirección. Y con él, el miedo.

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Del Brent al Nikkei: el mapa de las caídas

El mapa del castigo es amplio. El Stoxx 600 europeo pierde un 1% en la apertura, el Nikkei 225 se hunde un 2,7%, el Kospi surcoreano cede un 3,5% y el Hang Seng de Hong Kong baja un 3% en la sesión de la tarde. Dentro del selectivo hongkonés, Alibaba cae un 4% tras el último golpe regulatorio.

La Administración Estatal para la Regulación del Mercado (SAMR) exigió estándares de calidad más estrictos y mejores medidas de protección al consumidor en las plataformas de comercio electrónico. Su argumento: el auge de la compra en directo, el comercio minorista instantáneo y el comercio social ha multiplicado unos riesgos de calidad que ya eran difíciles de detectar. ‘Problemas como los productos falsificados y de baja calidad, los productos que no se corresponden con su descripción y la publicidad engañosa siguen siendo habituales’, señaló el organismo.

En Tokio el castigo se concentró en la tecnología. Resonac, Lasertec, Kioxia, y Tokyo Electron registraron descensos notables, con el mercado japonés deshaciendo posiciones en toda la cadena de semiconductores e inteligencia artificial. Los analistas de Deutsche Bank lo resumieron en una línea: ‘El panorama nocturno se ha vuelto claramente más negativo’.

La venta de bonos en la eurozona: Francia, Italia y Bélgica

El dinero no se fue a cualquier sitio. Los bonos del Tesoro estadounidense, el refugio global por excelencia, repuntaron, y el rendimiento del bono a diez años bajó siete puntos básicos hasta el 5,08%. Los bunds alemanes también hicieron de paraguas.

El mercado no está eligiendo entre riesgo y refugio: está eligiendo entre Alemania y el resto de la eurozona.

El problema es el resto. La deuda francesa a diez años sumó otros once puntos básicos hasta el 5,11%, después de superar el 5% el miércoles por primera vez desde 2002. Su diferencial con el bund alemán se amplió a 1,7 puntos porcentuales, el nivel más alto desde el máximo de 2011, en plena crisis de deuda de la eurozona.

Los demás diferenciales también se abrieron. El de Italia subió a 1,2 puntos y el de Bélgica se acercó a 1,1, su cota más alta desde 2013. El Banco Central Europeo sigue de cerca estos indicadores ante el temor a una crisis de deuda pública.

Dos crisis que se alimentan la una a la otra

Lo que ocurre esta semana no es un episodio aislado de volatilidad. Es la colisión de dos frentes que hasta ahora habían avanzado por separado: un choque energético de oferta, con el Brent en máximos bélicos, y una crisis de confianza en la deuda de la eurozona que ya se cobra primas de riesgo propias de 2011. Cuando coinciden, el margen de maniobra del BCE se estrecha. No puede relajar la política monetaria con el crudo disparado y la inflación esperando a la vuelta de la esquina, y tampoco tiene herramientas limpias para corregir la fragmentación de la deuda sin reabrir el debate sobre los programas de compra.

Hay una asimetría que me parece decisiva. El CSI 300 acumula un 20% de caída desde junio y el mercado sigue sin encontrar un motivo serio para comprar. Ahí está el dato de fondo: una economía que no acaba de transmitir confianza a sus propios inversores, por mucho que el Estado insista en lo contrario. En Europa pasa algo distinto por la vía opuesta. No falta liquidez; falta un activo al que agarrarse. Ese es el riesgo real, y no el titular del día.

Si el diferencial francés continúa su escalada, el mercado empezará a pedir que el BCE vuelva a ejercer de comprador de último recurso. Esa conversación ya la hemos tenido antes y no terminó bien para nadie que llegara tarde a la cita.

Los próximos días traen dos exámenes concretos. La primera estimación de la inflación de la eurozona de octubre, que Eurostat publicará a finales de mes, dirá cuánto del crudo se ha filtrado ya a la cesta de consumo. Y la reunión de política monetaria del BCE de esa misma semana marcará el tono. Si el Consejo de Gobierno vuelve a hablar de fragmentación en lugar de tipos, el mercado leerá que la eurozona tiene un problema más caro que la propia energía.


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