La NASA ensambla SR-1 Freedom, la primera nave nuclear que viajará a Marte: despegará a finales de 2028.
El anuncio del programa Space Reactor-1 llegó apenas unos días antes de que la tripulación de Artemis II completara su maniobra de retorno alrededor de la Luna, en abril de este año. Simon Middleburgh, codirector del Nuclear Futures Institute de la Universidad de Bangor, en Gales, admitió que semejante titular le arrancó una sonrisa. No es para menos: nadie había construido antes una nave interplanetaria que se impulse con un reactor de fisión.
La diferencia con cualquier misión anterior no está en el destino, sino en el método. En lugar de quemar toneladas de propergol en los primeros minutos y quedar a merced de la inercia, SR-1 llevará a bordo una central nuclear capaz de sostener la propulsión durante meses. El trayecto hasta Marte, según los planes de la agencia, quedará en torno a un año, con llegada prevista en 2029.
Un reactor de 20 kilovatios en la punta de una flecha
Los bocetos que el programa ha mostrado hasta ahora se parecen a una flecha emplumada de proporciones descomunales. La parte trasera aloja el sistema de potencia y propulsión; la punta, un reactor cargado de uranio con una capacidad mínima de 20 kilovatios. La comparación ayuda a tomar la medida: una central nuclear terrestre típica es unas 50.000 veces más potente. Esta no está diseñada para alumbrar ciudades, sino para empujar una nave.
Las plumas de la flecha son, en realidad, aletas radiadoras. Su trabajo consiste en expulsar al vacío el calor sobrante del reactor, porque en el espacio no hay aire que lo disipe por convección. Todo el diseño obedece a esa lógica: convertir una reacción de fisión en electricidad, y la electricidad en movimiento.
La primera nave nuclear hacia Marte no será la más potente jamás construida: será la primera que convierta el calor de un reactor en empuje sostenido.
Cómo se convierte el calor de la fisión en empuje
El esquema se llama propulsión eléctrica nuclear. Los neutrones liberados en una reacción autosostenida de fisión del uranio generan calor, el calor produce electricidad y esa electricidad ioniza un gas que sale despedido por la parte trasera gracias a campos magnéticos. El resultado, según Sebastian Corbisiero, director técnico nacional de programas de reactores espaciales del Departamento de Energía de Estados Unidos, es un empuje muy bajo pero muy eficiente, aprovechable durante periodos largos.

La escala de esa potencia resulta casi doméstica: 20 kilovatios equivalen al consumo simultáneo de cuatro o cinco viviendas españolas. La diferencia es que aquí no hay red a la que conectarse, ni mantenimiento posible, ni segunda oportunidad. Por eso el reactor no se encenderá hasta aproximadamente dos días después del lanzamiento, cuando la nave esté lo bastante lejos de la Tierra. El uranio en sí no es especialmente peligroso; sus productos de fisión, sí.
El otro gran obstáculo es el despegue. Middleburgh lo describió sin rodeos: el reactor tendrá que sobrevivir a un viaje en el que se le sacude, se le agita y se le voltea. Cualquier componente que falle en esa fase deja la misión en tierra antes de empezar.
De DRACO a SR-1: una apuesta de 2.000 millones que ya fracasó antes
La idea de propulsar naves con reactores no es nueva. La Unión Soviética puso en órbita decenas de ellos, a menudo para alimentar satélites espía. Y el programa estadounidense acumula 75 años de intentos, algunos abandonados a mitad de camino. El último cadáver fue DRACO, la colaboración entre la NASA y el Departamento de Defensa que se canceló en 2025 por el coste de los experimentos, la dificultad de competir en precio con la propulsión química convencional y los problemas para garantizar ensayos seguros en tierra.
Ahora la agencia vuelve a la carga con un compromiso de 2.000 millones de dólares. Philip Metzger, investigador de ingeniería de vuelo espacial en el Florida Space Institute, considera que no hay grandes obstáculos técnicos y que la tecnología es perfectamente viable; lo que faltaba era decisión. El reto, en su lectura, es de integración: casi todas las piezas existen por separado y el desafío consiste en hacerlas funcionar juntas en el vacío.
El calendario, sin embargo, invita a la prudencia. Lindsey Holmes, vicepresidenta de proyectos avanzados de la empresa aeroespacial Analytical Mechanics Associates, califica el plazo de agresivo y sospecha que parte del impulso viene de la competencia: China y Rusia han hablado de colocar un reactor en la superficie lunar a mediados de la década de 2030 para alimentar una base conjunta. El Idaho National Laboratory, encargado de construir el reactor de SR-1, sostiene que va en plazo para el lanzamiento de finales de 2028, con la adquisición de los componentes principales ya en marcha.
Hay un detalle que conviene subrayar: SR-1 volará sin tripulación. La promesa de recortar la exposición a la radiación cósmica de los astronautas es, por ahora, una proyección basada en la eficiencia del sistema, no un dato medido en personas. Y un año de viaje tampoco es, en términos estrictos, más rápido que las mejores trayectorias químicas hacia Marte, que rondan los siete u ocho meses. La ganancia real está en el empuje continuo, que permite maniobras, cargas y perfiles de misión que un cohete convencional no puede permitirse.
Lo que ocurra en los próximos 24 meses dirá mucho. La NASA quiere empezar a levantar las bases de una instalación en el polo sur lunar antes de que acabe la década, y la tecnología de ambos proyectos es prima hermana: la superficie de la Luna es un vacío, igual que el espacio. Si SR-1 funciona en ruta a Marte, un reactor lunar deja de ser ciencia ficción. Si no, habrá costado 2.000 millones saberlo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La NASA ha iniciado el ensamblaje de SR-1 Freedom, la primera nave interplanetaria impulsada por un reactor nuclear de fisión, con destino Marte.
- Dónde: Se construye en instalaciones de Estados Unidos, con el reactor a cargo del Idaho National Laboratory; el destino es Marte, a entre 55 y 400 millones de kilómetros de la Tierra según la órbita.
- Institución responsable: NASA, en colaboración con el Departamento de Energía de Estados Unidos y el Idaho National Laboratory.
- Cuándo: Anuncio del programa en abril de 2026; lanzamiento previsto para finales de 2028 y llegada a Marte en 2029.
- Impacto a futuro: Abriría una era de vuelos interplanetarios más eficientes y con menor exposición a la radiación para futuras tripulaciones.




