Las importaciones estadounidenses de gemas de color crecieron un 136% entre 2020 y 2024. En el mismo tramo, las de diamante cayeron más de la mitad después de tocar techo en 2022. No es una anécdota de escaparate. Es un reordenamiento de la jerarquía de valor de la alta joyería, y coincide con el momento en que el comprador masculino ha decidido que un broche en la solapa es tan defendible como un cronógrafo en la muñeca.
He seguido ese giro en los dos salones que se celebran cada año en el Wynn de Las Vegas: Couture, la feria de fabricantes y creadores, y el Las Vegas Antique Jewelry & Watch Show, donde las piezas antiguas llegan a las vitrinas de los dealers que abastecen a coleccionistas. Ambos son mercados cerrados al público y el termómetro más fiable de lo que acabará en manos privadas.
De la piedra eterna al diamante como materia prima
De Beers controlaba cerca del 80% de la venta mundial de diamantes todavía en los años noventa. Su campaña de 1947, con aquel ‘un diamante es para siempre’, construyó el relato de la piedra que no envejece. La fisura llegó por la vía técnica: en 1954, un equipo de General Electric dirigido por H. Tracy Hall reprodujo en laboratorio una piedra indistinguible de la extraída en mina.
En 2008, un diamante sintético costaba unos 4.000 dólares por quilate; hoy se mueve entre 300 y 500. El precio mayorista de la piedra de un quilate ha caído en torno al 96% desde 2018. De Beers registró pérdidas de 511 millones de dólares en 2025 tras acumular cerca de 2.000 millones en inventario sin vender, y Anglo American ha buscado comprador para su 85% por unos 1.000 millones, frente a los 18.000 millones que valía al salir de bolsa en 2001.
Ahí está el dato que debería leer cualquier patrimonio que mantenga joyas como reserva de valor. El problema no es estético, es de oferta: una piedra reproducible a escala industrial deja de ser activo escaso y pasa a ser consumible.
El diamante no cae por moda, sino por exceso de oferta: cuando la piedra cuesta lo que la electricidad, la rareza migra al color.
Gemas de color, monedas romanas y un mercado sin lista de precios
Según Polaris Research, el mercado global de joyería para hombre pasó de 48.560 millones de dólares en 2024 a una proyección de 124.130 millones en 2034, con Norteamérica concentrando cerca del 60%. En 2025, el 61% de los anillos de compromiso comprados en Estados Unidos llevaba piedra central de laboratorio, según The Knot; la publicista de Couture, Michelle Orman, calcula que un 15% ya reserva el engaste principal a una gema de color.
Rapaport, la referencia de precios del diamante, lanzó una red de negociación de gemas de color en la feria de la American Gem Trade Association en Tucson. La revista Instore añadió una categoría propia para la gema de color de pequeña producción en sus premios de diseño.
En el salón de antigüedades el repertorio es más ancho: monedas romanas engastadas, perlas naturales, zafiros sin tratar. No hay lista de precios. El valor se negocia pieza a pieza, con criterio de origen, tratamiento y procedencia. Quien compre sin ese criterio compra decoración, no patrimonio.
Sin lista de precios, la gema de color se valora con criterio y papeles: quien no distingue un tratamiento paga la prima del que sí.
El inversor debe mirar la salida, no el escaparate
Las gemas de color hacen bien en ocupar el espacio que el diamante deja libre, pero conviene no confundir dos mercados: el de la joyería de autor, donde el margen minorista puede duplicar el coste de la piedra, y el de la piedra certificada suelta, el único con salida razonable en subasta o en red de dealers. El retorno se construye en el segundo y se destruye en el primero.
El horizonte razonable es de siete a diez años y exige el decil superior de calidad: zafiro azul no tratado, rubí sin relleno de plomo, esmeralda con informe de origen. Ahí la oferta es rígida y verificable; por debajo, el activo se comporta como bien de consumo con mala liquidez. La moneda romana opera en un mercado numismático estrecho, pero con precios públicos.
El próximo termómetro será la edición de 2027 de ambos salones y el desenlace de la venta del 85% de De Beers. La joyería masculina ya no es una cuestión de estilo.
💎 Veredicto Wealth
Las gemas de color de calidad certificada sirven para preservar capital en horizontes de siete a diez años, siempre que se compren como piedra suelta y no como joya terminada. El riesgo a vigilar es la liquidez: no existe un precio de referencia único y la venta depende de una red reducida de dealers y casas de subasta.




