Saber cómo valorar una startup en cada fase decide cuánto capital cedes en tu primera ronda. La guía de Oriol Amat para el Registro de Expertos Contables propone un método por etapa.
Qué cambia con la guía del REC: método, rango y ninguna fórmula única
El Registro de Expertos Contables (REC), impulsado por el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España (ICJCE) y el Consejo General de Economistas (CGE), presentó en León la séptima de sus guías, dedicada en esta ocasión a la valoración de empresas emergentes. La firma el catedrático Oriol Amat Salas y el acto lo clausuró Santiago Durán, presidente del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC).
El documento no vende una fórmula. Vende un procedimiento en tres pasos: analizar el negocio, elegir los métodos que permita la información disponible y contrastar los resultados entre sí antes de fijar un rango de valor. A partir de ahí examina proyecciones financieras y, sobre todo, el efecto de las sucesivas rondas de financiación sobre el valor de las participaciones. Ese último punto es el que duele.
Vamos a los números. O mejor, a la ausencia de ellos: en una empresa con dos años de vida no hay histórico con el que construir un múltiplo con fundamento.
Fernando Cuñado, presidente del REC, defendió que la valoración de una startup exige un enfoque distinto al de una empresa tradicional y que la guía llega con casos prácticos para afrontar estos encargos con rigor técnico. Salvador Marín, vicepresidente del REC y presidente de Economistas Contables del CGE, puso el diagnóstico que cualquier founder reconoce: poca historia, mucha incertidumbre y un valor de las participaciones que se mueve con cada ampliación de capital.
Una valoración mal hecha no es un error contable: es la vía por la que un founder entrega media empresa en la primera ronda.
Marín lo dejó claro en la presentación: una valoración deficiente puede costarle al emprendedor buena parte de su empresa ya en la primera ronda. No es una advertencia teórica. Es el escenario que se repite cuando el fundador llega a la mesa sin un rango propio y la mayoría de los founders acepta el primer número que le pone el inversor.
Un método por fase: qué se pide a un pre-seed y qué a una Series A
La elección del método depende de la información disponible, y esa es exactamente la lógica que fija la guía. No se valora igual una idea con prototipo y dos clientes de prueba que una compañía con cohortes de retención y cuentas auditadas. La valoración pre-seed se parece más a una hipótesis de trabajo; la de una Serie A, a un ejercicio de contabilidad con escenarios.

- Pre-seed: manda el equipo, no el histórico. Sin datos, el mercado recurre a métodos que valoran lo construido (coste de desarrollo, valor de reposición) y a scorecards que puntúan equipo, producto, mercado y tracción. Son cifras provisionales y conviene tratarlas así.
- Seed: venture capital method y dilución futura. Se proyecta una salida, se descuenta a la rentabilidad exigida y se divide entre las acciones. Valorar sin reservar la dilución de la siguiente ronda es maquillar el número de hoy.
- Serie A y B: descuento de flujos y comparables. Ya hay unit economics. Toca cruzar descuento de flujos de caja, múltiplos de compañías comparables y ajustes por iliquidez y por concentración de clientes.
- El contraste, siempre. Tres métodos no dan tres verdades: dan un intervalo. Ese intervalo es lo que se negocia.
En procesos como los de Y Combinator, Lanzadera o Wayra, la pregunta por el reparto accionarial aparece pronto y con ella la obligación de defender una cifra. Lo que se pide no es un número redondo: es un rango argumentado con el cap table delante. Para calibrar contra el mercado existen bases de datos como Crunchbase o Dealroom: útiles para situar una ronda comparable, inservibles para justificar tu valoración.
La IA valora rápido; la decisión sigue siendo humana
Víctor Alió, presidente del ICJCE, puso el foco en la inteligencia artificial con una idea que conviene subrayar en un ecosistema que confunde automatización con criterio: la tecnología hará valoraciones complejas en minutos, pero sin alguien capaz de interpretar los resultados, sus diferencias y sus sesgos, esa valoración no sirve para decidir.
El modelo calcula; el criterio firma. Y en una ronda, quien firma sin criterio paga la diferencia con equity.
Traducido al día a día del founder: la hoja de cálculo no discute contigo. El inversor sí. Cuando llegue la negociación, lo que protege tu participación no es el modelo, sino la explicación de por qué ese rango es razonable y qué variables lo mueven.
La jornada tuvo además un capítulo corporativo. El REC reclamó el reconocimiento legal del experto contable en España y advirtió de que la Unión Europea ya ha aprobado medidas para el reconocimiento mutuo de acreditaciones profesionales entre países. Sin esa figura acreditada, el argumento es que España se queda fuera de un proceso que ordena quién puede firmar una valoración.
Aterrizado al negocio: la valoración afecta al precio de la ronda siguiente, a las condiciones de los préstamos participativos de ENISA, a la retribución en opciones del equipo y a la conversión de los convertibles. Un error en la primera cifra se arrastra en cada ampliación posterior.
Hay una comparación que ayuda. En una pyme madura, dos peritos discuten sobre un múltiplo y cierran un acuerdo en una semana. En un pre-seed no hay peritaje posible sin asumir escenarios, y ahí el método deja de ser contabilidad y pasa a ser estrategia. El criterio que ordena la guía es sencillo de enunciar y difícil de ejecutar: no hay valor sin rango, y no hay rango sin hipótesis explícitas sobre crecimiento, margen y capital necesario. El riesgo de ignorarlo se mide en porcentaje de capital, no en opiniones.
🚀 Hoja de Ruta para Emprender
- Escribe tu rango antes de la reunión: llega con tres métodos aplicados y un intervalo razonado. Quien no tiene número, acepta el del otro.
- Reserva la dilución futura: incluye en el cálculo las rondas que vendrán y el pool de opciones. Comparar el valor de hoy con la Serie A es el error que más equity cuesta.
- Documenta las hipótesis: crecimiento, margen y caja necesaria, por escrito y con fecha. Es lo primero que cuestiona un inversor y lo único que puedes defender con criterio.
- Pide revisión externa antes de firmar: un experto contable con independencia detecta sesgos que tu modelo no ve. La valoración también se audita.




