La sostenibilidad está cambiando de posición dentro de las empresas: ya no se plantea únicamente como una obligación o un coste adicional, sino como una vía para mejorar la productividad, la eficiencia y la relación con los clientes. Esta es una de las reflexiones trasladadas por David Henche, responsable de Comunicación y ESG de Ayvens, durante su ponencia Movilidad y Sostenibilidad en el III Congreso de Sostenibilidad.es de Grupo Merca2.
Los criterios ESG —ambientales, sociales y de gobernanza— han ganado peso en las decisiones de negocio. Según la visión expuesta por Henche, los consejos de administración y los comités de dirección demandan cada vez más que la sostenibilidad contribuya a mejorar el funcionamiento de la empresa, en lugar de mantenerse como un área separada.
La transformación afecta especialmente a la movilidad, donde la electrificación, la eficiencia operativa y la economía circular están modificando las decisiones de inversión y los servicios ofrecidos a empresas y usuarios.
Una estrategia más amplia que el coche eléctrico
La movilidad sostenible no puede reducirse a sustituir un vehículo de combustión por uno eléctrico. La transformación también requiere optimizar el uso de los recursos, analizar los desplazamientos, mejorar la eficiencia de las flotas y estudiar cómo se gestionan los vehículos y sus componentes durante todo su ciclo de vida.

El desarrollo de soluciones sostenibles exige atender a las diferencias entre operaciones, territorios y necesidades de los usuarios. La infraestructura de recarga, la capacidad de las redes y la inversión necesaria para extender las nuevas tecnologías siguen siendo factores relevantes. La evolución del mercado depende tanto de los avances tecnológicos como de su integración en modelos de negocio viables.
Integrar el impacto en las decisiones
La intervención de David Henche ha seguido a la mesa del congreso dedicada a energía, movilidad y economía circular, en la que representantes de la Universidad Europea, BASF, Cabify y OMODA & JAECOO abordaron la innovación y la colaboración entre sectores.
El avance de la movilidad sostenible requiere actuar sobre varias palancas: tecnología, infraestructura, comportamiento de los usuarios, recuperación de materiales y planificación empresarial. Ninguna medida aislada resuelve todos los retos, por lo que las compañías deben evaluar el conjunto de sus operaciones.
El mensaje conecta con el lema De la acción a la huella: impactar es la meta. La sostenibilidad debe reflejarse en decisiones concretas y mejoras medibles. El reto del sector es lograr que la reducción del impacto ambiental y la competitividad empresarial avancen juntas.
Medir el avance y revisar las decisiones
Integrar criterios ESG implica fijar objetivos y comprobar periódicamente si las actuaciones contribuyen a alcanzarlos. En movilidad, esa evaluación puede incluir el uso de los vehículos, la eficiencia de las operaciones, las necesidades de infraestructura y la evolución de las soluciones disponibles. El análisis ayuda a identificar mejoras y a adaptar las decisiones cuando cambian las condiciones del mercado o las necesidades de los clientes.
La intervención de David Henche ha reforzado la idea de que la sostenibilidad debe conectarse con la actividad diaria de la empresa. Para que tenga recorrido, necesita responsables, recursos y seguimiento, además de comunicación interna que facilite su aplicación. El objetivo no es añadir un compromiso más al discurso corporativo, sino integrar criterios ambientales en las decisiones que determinan cómo se trabaja, qué servicios se ofrecen y cómo se utilizan los recursos.
La movilidad como decisión estratégica
Para las empresas que gestionan desplazamientos o flotas, la sostenibilidad puede afectar a la selección de vehículos, la planificación de rutas, el consumo energético y la forma de prestar el servicio. Por eso, las decisiones relacionadas con la movilidad deben vincularse con los objetivos operativos y con las necesidades reales de los usuarios. Una estrategia eficaz exige evaluar qué cambios son viables y qué recursos hacen falta para implantarlos.

La transición tampoco ocurre al mismo ritmo en todos los territorios o actividades. La disponibilidad de puntos de recarga, la capacidad de las redes y las características de cada operación condicionan las decisiones. La planificación permite identificar las barreras y ordenar las inversiones, evitando que la adopción de nuevas tecnologías se trate como una medida aislada del resto del negocio.





