La misión CHAPEA 2 de la NASA ha superado el umbral del año. Cuatro voluntarios llevan 365 días viviendo como si estuvieran en Marte dentro de un hábitat impreso en 3D en Houston, y ya solo les quedan once jornadas para volver a ver el cielo sin techos ni cúpulas.
En el habitáculo viven Ross Elder, comandante; Ellen Ellis, oficial médica; Matthew Montgomery, oficial científico, y James Spicer, ingeniero de vuelo. Entraron el 19 de octubre de 2025 y desde entonces no han abandonado el recinto. El encierro está programado para 378 días: la NASA eligió esa cifra porque un viaje real al planeta rojo, con tránsitos y estancia en superficie, se mide en esa escala y no en semanas.
El hábitat, de 158 metros cuadrados, equivale a un piso amplio de tres habitaciones y se levantó con técnicas de impresión 3D. Ahí dentro la tripulación ha cultivado parte de sus alimentos, ha administrado agua y energía con criterios de escasez y ha salido a una superficie marciana simulada con trajes presurizados para ejecutar tareas geológicas y de mantenimiento, las mismas que haría una cuadrilla real a decenas de millones de kilómetros de casa.
Los equipos del Johnson Space Center trabajan ya en procesar el material acumulado: marcadores fisiológicos, pruebas de rendimiento cognitivo y registros psicológicos tomados durante doce meses. Grace Douglas, investigadora principal de CHAPEA, ha descrito la misión como especialmente exigente y de ritmo acelerado, y ha agradecido el compromiso de los cuatro voluntarios, según el comunicado difundido por la agencia.
El enemigo silencioso: 45 minutos de retraso en cada mensaje

Ninguna de las privaciones del encierro pesa tanto como la incomunicación. Cada mensaje enviado a Houston tardaba hasta 45 minutos en llegar, y otros 45 en recibir respuesta. Hora y media para resolver una duda que en la Estación Espacial Internacional se solventa con una llamada de treinta segundos. Con sus familias solo han podido hablar por correo electrónico, con ese mismo desfase incorporado a cada frase.
Ese retraso no es un detalle técnico. Es el entrenamiento de una habilidad nueva: decidir sin consultar. Cuando la Tierra queda a media hora de distancia en cada dirección, la tripulación debe resolver averías, diagnósticos y roces internos con lo que tiene a mano. Nadie al otro lado puede echar una mano a tiempo.
Cuatro personas, 158 metros cuadrados y una hora y media de espera para cada respuesta: así se entrena la soledad de Marte.
Hay otro frente abierto, más prosaico: la comida y el ejercicio. El régimen restringido de alimentos y la rutina de entrenamiento obligatoria condicionan la masa muscular y el ánimo, y la NASA quiere medir hasta qué punto comprometen el rendimiento en una caminata sobre el suelo marciano, la prueba física más dura de cualquier misión al planeta rojo. Un cuerpo debilitado por un año de dieta limitada no se mueve igual dentro de un traje presurizado.
No todo ha sido penuria. Los cuatro incluyeron instrumentos musicales en su cupo de objetos personales y aparecen con ellos en las fotografías distribuidas por la agencia. Son los pequeños anclajes que sostienen a una persona cuando el paisaje, ahí fuera, no cambia nunca.
Un experimento de cuatro personas: lo que el encierro puede y no puede demostrar
Los análogos de vuelo no son nuevos. La primera edición de CHAPEA, cerrada en 2024, ya sometió a otros cuatro voluntarios al mismo régimen de un año; antes, el experimento ruso Mars-500 mantuvo a seis personas encerradas durante 520 días entre 2010 y 2011. Lo que aporta CHAPEA 2 no es el récord, sino la batería de medidas fisiológicas, psicológicas y de rendimiento recogidas de forma continua en un entorno rigurosamente controlado.
Conviene ser honesto sobre los límites. Cuatro personas no son una muestra estadística: son cuatro biografías distintas bajo la misma presión. El hábitat tampoco reproduce la microgravedad ni la radiación de un tránsito interplanetario, los dos riesgos que más inquietan a los médicos de vuelo. Y los datos todavía no han pasado por el filtro de una publicación revisada, de modo que parte de las conclusiones seguirá siendo preliminar durante meses.
Aun así, el valor operativo es alto. La NASA necesita saber cuántas raciones puede empaquetar, cuánto ejercicio prescribir y qué tipo de ayuda automática conviene instalar en la consola cuando nadie contesta al otro lado. Michael Stenger, científico jefe del Programa de Investigación Humana, ha señalado que combinar un análogo realista con medidas rigurosas permitirá trasladar lo aprendido a la futura base lunar y a lo que venga después.
El calendario ya está fijado. La tripulación saldrá del hábitat el sábado 31 de octubre y la ceremonia se retransmitirá en directo. Después llegarán dos semanas de evaluaciones y entrevistas con los científicos antes de que los cuatro vuelvan a casa. Para entonces habrán pasado 378 días sin cielo, y el programa tendrá por delante la tarea de convertir ese año de encierro en protocolos concretos para la primera tripulación que haga el viaje de verdad.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha registrado: cuatro voluntarios completan 365 días de aislamiento en un hábitat que simula Marte, dentro de una misión de 378 días.
- Dónde: hábitat CHAPEA del Johnson Space Center, en Houston (Texas, Estados Unidos).
- Institución responsable: NASA, a través de su Programa de Investigación Humana.
- Cuándo: del 19 de octubre de 2025 al 31 de octubre de 2026.
- Impacto a futuro: los datos definirán la comida, el ejercicio y el apoyo a la decisión de las tripulaciones que viajen a Marte y a la futura base lunar.




