Hallan en Madrid un individuo etíope visigodo del siglo VII enterrado hace 1.300 años

El análisis de ADN mitocondrial de cinco tumbas de El Rebollar identifica linajes europeos, uno ibérico de 20.000 años y otro del Cuerno de África. El estudio, firmado por la UAM y la UCM, descarta un vínculo materno directo con los godos llegados de los Balcanes.

El individuo etíope visigodo enterrado hace 1.300 años en El Boalo (Madrid) portaba un linaje materno del Cuerno de África. Lo revela el ADN mitocondrial de cinco esqueletos recuperados en el yacimiento de El Rebollar, en plena sierra del Guadarrama.

No estaba solo. A pocos metros, dos adultos de su misma época mostraban linajes maternos europeos distintos entre sí; siglos después, dos bebés del periodo bajomedieval fueron enterrados con el haplogrupo autóctono más antiguo de la península. En cinco sepulturas de una aldea de montaña cabe buena parte de la historia demográfica de Iberia.

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Cinco tumbas, cuatro linajes maternos sin parentesco

El trabajo se titula Más allá del aislamiento: variabilidad mitocondrial y discontinuidad microrregional en El Rebollar (Madrid, siglo VII d. C.) y aparece en la revista Genealogy. Lo firma un equipo multidisciplinar financiado por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid y la Fundación Palarq, con las universidades Autónoma y Complutense de Madrid al frente: la investigación arqueológica la dirige Javier Salido Domínguez, el estudio antropológico Armando González Martín y el análisis genético Sara Palomo Díez.

Entre los resultados, el que más ha llamado la atención es el haplogrupo L3h2, frecuente hoy en Etiopía, Somalia y Eritrea y prácticamente inexistente en las poblaciones europeas coetáneas al enterramiento. Es la firma de un origen africano subsahariano. Conviene hacer una precisión que el titular fácil tiende a borrar: el ADN mitocondrial se hereda solo por vía materna, de madre a hijo, generación tras generación. Que un linaje apunte al Cuerno de África no significa que aquel joven naciera allí, sino que su estirpe materna procedía de esa región.

Los otros dos adultos del siglo VII presentaban los haplogrupos H2a2 y T1a, de raíz europea, con el segundo muy ligado a las dinámicas poblacionales de Europa Central y del Nordeste. Tres personas, tres linajes sin relación directa entre ellos, sepultadas en el mismo cementerio y, según los autores, en estructuras funerarias de alto estatus.

Distinto es el caso de los dos perinatales del periodo bajomedieval, que compartían el haplogrupo HV0, un linaje autóctono ibérico cuyo origen se remonta al Último Máximo Glacial, hace unos 20.000 años. Veinte mil años son quince veces la distancia que nos separa de aquel adolescente del siglo VII. Su presencia en dos recién nacidos de época muy posterior indica que El Rebollar no fue una ocupación de paso, sino un asentamiento estable y demográficamente activo durante siglos.

Tres linajes maternos sin parentesco en un mismo camposanto: el mapa genético de la Hispania visigoda cabía en cinco tumbas.

El yacimiento ocupa un punto de paso estratégico al pie de la Sierra de Guadarrama. No es un detalle menor. Entre los siglos V y VI, la península atravesó una reorganización demográfica profunda con el asentamiento de visigodos y suevos y con las redes de conectividad del Mediterráneo tardío. Un enclave en un corredor de montaña podía funcionar como centro de recepción e integración de gentes en movimiento, y eso es justo lo que sugiere el mosaico genético.

Cómo se lee un linaje materno de hace trece siglos

La técnica es la del ADN mitocondrial, el material genético que reside en las mitocondrias y se transmite intacto por vía materna. Su ventaja es la robustez: resiste mejor que el ADN nuclear el paso de los siglos en hueso y diente. Su límite también es evidente. Solo cuenta la mitad de la historia, la de las madres, y no permite reconstruir el genoma completo de nadie.

yacimiento visigodo Madrid

La cifra parece pequeña. Cinco individuos son, en términos estadísticos, el equivalente a encuestar a los cinco primeros vecinos de un pueblo de doscientos habitantes y deducir de ahí el censo completo. Los autores lo saben y por eso hablan de hipótesis de trabajo. Cabe recordar además que los dos bebés pertenecen al periodo bajomedieval, siglos después, de modo que no forman una única foto de población: son dos instantes separados en el tiempo dentro del mismo cementerio.

Lo que sí sostiene el estudio con firmeza es la comparación externa. Frente a una península que aparece mayoritariamente aislada respecto a sus vecinos, El Boalo muestra menor distancia genética hacia Europa Central, con paralelos en yacimientos de Straubing (Alemania) y Hegykő (Hungría), y con comunidades cosmopolitas como la del Pla de l’Horta, en Girona. Ese patrón encaja con los grandes trabajos de paleogenómica de la Europa posromana, en los que las redes de movilidad de larga distancia reconfiguraron las comunidades locales.

Lo que el ADN de El Rebollar cambia en el relato visigodo

Hay un matiz histórico que merece más atención de la que suele dársele. La genética de El Rebollar descarta un vínculo materno directo con el contingente godo que se asentó en los Balcanes en el siglo IV y que había asimilado componentes sármatas y de la estepa. La conexión del yacimiento con el resto del continente es estrictamente centro-occidental. Dicho de otro modo: quienes fueron enterrados en El Boalo no descienden por línea materna de aquellos migrantes de las estepas, sino de poblaciones más occidentales, y comparten cementerio con un linaje africano que en la Europa del siglo VII era casi una rareza estadística.

La otra sorpresa es la discontinuidad. El Rebollar no se parece a sus vecinos peninsulares inmediatos y sí a yacimientos del centro de Europa. Eso obliga a pensar la Hispania visigoda menos como un bloque y más como un archipiélago de comunidades con redes propias. Y aquí conviene ser honesto con la escala de la evidencia: cinco individuos de ADN mitocondrial no permiten reconstruir un país. Permiten, eso sí, demostrar que ese país era más diverso de lo que sugiere el relato escrito por sus élites.

El siguiente paso lógico es ampliar la muestra y buscar ADN nuclear, el que sí mezcla la herencia de ambos progenitores. Mientras llega, el yacimiento sigue abierto y el joven de El Rebollar ya tiene un lugar propio en la historia de la península: el de un caso que obliga a mirar la sierra del Guadarrama como lo que fue, una frontera porosa.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: el análisis de ADN mitocondrial de cinco individuos del yacimiento visigodo de El Rebollar identifica un linaje del Cuerno de África (L3h2) junto a linajes europeos (H2a2 y T1a) y un linaje ibérico autóctono (HV0).
  • Dónde: yacimiento de El Rebollar, en El Boalo (Madrid), al pie de la Sierra de Guadarrama.
  • Institución responsable: Universidad Autónoma de Madrid y Universidad Complutense de Madrid, con financiación de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid y la Fundación Palarq; publicado en la revista Genealogy.
  • Cuándo: enterramientos del siglo VII d. C. y del periodo bajomedieval; estudio difundido en octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: abre la puerta a leer la Hispania visigoda como una comunidad multiétnica y conectada, no como un bloque aislado.

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