Deuda española: el inversor extranjero eleva un 38% sus compras desde la pandemia

El Tesoro cerró junio con el 50,8% de la deuda en manos no residentes, récord que supera el 45% de 2007. La mejora del rating a A+ y la tensión del bono francés explican el giro.

La deuda española nunca había tenido tanto acento extranjero. Al cierre de junio, el 50,8% de los 1,5 billones de euros en circulación —unos 760.000 millones— estaba en manos de inversores no residentes: el porcentaje más alto de la serie y un 38% más que al término de la pandemia.

El Tesoro ya coloca más de la mitad de su deuda fuera de España

El objetivo declarado del Tesoro Público para este ejercicio era precisamente ese: pasar del 48% al 50% de base extranjera. El cierre de junio dejó la cifra en el 50,8%, una cota récord que confirma la apuesta del capital internacional por el papel español.

Publicidad

La referencia histórica ayuda a dimensionar el giro. En 2007, antesala del estallido de la burbuja inmobiliaria, el ahorrador foráneo sostenía alrededor del 45% de la deuda. Hoy el punto de partida de la economía es otro: crecimiento por encima de la eurozona, un mercado laboral robusto y una población que roza los 50 millones de habitantes.

El dato tiene truco. Félix López, gestor de renta fija en Abante Asesores, advierte de que la estadística incluye también a gestoras españolas con sede en Luxemburgo que compran bonos, lo que distorsiona la lectura. Es decir, una parte del ‘extranjero’ tiene acento nacional y despacho en el Gran Ducado.

No es un movimiento aislado. El peso de los no residentes crece de forma sostenida desde 2020, mientras la banca nacional —que llegó a concentrar 223.000 millones hace doce años— se ha quedado en la mitad: en torno al 15% tras tocar valle en el 12,2% de 2021.

España ya no se financia con la banca de aquí, sino con un ahorro que llega de fuera y que puede marcharse en una sola tarde.

Las administraciones públicas han recorrido el camino inverso, según la estadística del Tesoro Público: del 11,6% de 2010 a un testimonial 2,5% actual, unos 37.700 millones. El particular apenas representa el 1,7% del total y se concentra en Letras a corto plazo, mientras aseguradoras y fondos canalizan el 6,4% (95.000 millones) y el 2% (30.409 millones), respectivamente.

Prima de riesgo a 65 puntos y un BCE que solo retiene el 20% del papel

Todo tiene una contrapartida que se mide en diferencial. La prima de riesgo española se ha movido en las últimas semanas hasta el entorno de los 65 puntos, después de haber oscilado en la franja de los 40 durante agosto. El detonante no es doméstico: son los disturbios en Francia, una economía que ronda la crisis de deuda y que arrastra al resto del bloque.

Juan Vilarrasa, senior portfolio manager en Miraltabank, resume el porqué: el inversor internacional busca calidad y en la eurozona la encuentra hoy más en Madrid que en París. El rating A+ con perspectiva estable que Moody’s, Fitch y S&P concedieron a finales del verano —seis años después del último cambio— ha actuado como refrendo. La subida a A llegó en 2025; ese umbral no se veía desde 2012, en plena crisis de deuda periférica.

inversor extranjero

El otro flanco es la retirada del BCE. El banco central, visible en la estadística a través del Banco de España, conserva en torno al 20% de la deuda en circulación, frente al 33% que llegó a acaparar en el pico de 2021. Cada trimestre que pasa, el Tesoro necesita colocar más papel en el mercado y menos en el balance del supervisor monetario.

Riesgos de una base inversora que mira antes a Fráncfort que a Madrid

Víctor Alvargonzález, socio fundador de Nextep Finance, lo formula sin edulcorar: la mayor presencia de extranjeros no es buena ni mala en sí, pero hace a España más vulnerable a los movimientos de mercado y más dependiente de la percepción externa. Es una frase que debería estar impresa en cada presentación del Tesoro.

La lógica es sencilla y algo incómoda. Un fondo con sede en Fráncfort, Ámsterdam o París compara rentabilidad, liquidez y riesgo país con una hoja de cálculo abierta. Si el bono francés se estabiliza o Italia aprieta en rentabilidad, el flujo se redirige en cuestión de horas.

Eso sí, hay razones estructurales que sostienen la posición. El crecimiento español por encima de la media de la eurozona, la creación de empleo y el empuje demográfico son argumentos que el inversor no encuentra con la misma intensidad en otros socios del euro. La mejora de la calificación los ha traducido a lenguaje de agencia.

La comparación con 2007 merece un párrafo aparte. Entonces, el 45% de deuda extranjera acompañaba un boom inmobiliario a punto de romperse. Ahora el soporte es otro: empleo, población y servicios exportables. El riesgo no es el mismo.

Mi lectura es que el hito del 50,8% consolida a España como emisor de referencia en la periferia del euro, pero lo hace con una contrapartida política incómoda: cada punto de diferencial se convierte en titular y cada titular, en presión sobre el Tesoro. Con el BCE fuera del mercado y las administraciones en un 2,5% testimonial, no queda colchón doméstico si el viento gira.

Queda un test inmediato. La próxima actualización de la estadística del Tesoro —que hasta ahora solo alcanza julio— mostrará si el verano sirvió para consolidar el 50,8% o si el repunte de la prima de riesgo enfrió las entradas. Si el porcentaje se mantiene por encima del 50%, el debate dejará de ser cómo captar extranjeros y pasará a ser cómo retenerlos.


Publicidad