El Grupo de Visegrado exige a Bruselas más fondos para el fin del gas ruso en 2027 y alerta del coste eléctrico

Eslovaquia y Hungría alegan que su condición de países sin litoral encarece la diversificación y reclaman que el próximo presupuesto europeo financie gasoductos y oleoductos. Los futuros eléctricos de la región superan en un 60% los niveles previos a la crisis.

El fin del gas ruso en 2027 ya tiene precio político en Bruselas. Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia han reclamado este lunes a la Comisión Europea más fondos para afrontar el corte de las importaciones energéticas rusas y el encarecimiento de la electricidad en el continente.

La petición se ha escenificado en Bratislava, en una comparecencia junto al comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen. Lo que me interesa no es la cifra —que nadie ha puesto sobre la mesa— sino el calendario: quedan poco más de catorce meses para el vencimiento y la infraestructura alternativa sigue sin estar terminada.

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Del oleoducto a la subvención: los números del pulso

El conflicto tiene varios frentes abiertos y todos confluyen en el mismo punto: quién paga la diversificación.

  • Plazo: el plan comunitario fija el fin de las importaciones de energía rusa en 2027. Eslovaquia y Hungría sostienen que su condición de países sin litoral y su dependencia de las rutas existentes hacen la diversificación más lenta y más cara.
  • Precio mayorista: los futuros de electricidad en Europa central cotizan más de un 60% por encima de los niveles previos a la crisis, según la consultora Ember.
  • Mercado de carbono: los cuatro gobiernos reclaman más flexibilidad en la revisión del comercio de emisiones y que la segunda fase, el ETS2, se aplace hasta 2030.
  • Presupuesto: la discusión se solapa con el diseño del próximo marco financiero plurianual, uno de los puntos de fricción del último Consejo Europeo, celebrado los pasados 15 y 16 de octubre.

El argumento de Bratislava y Budapest es de lógica industrial: con la factura eléctrica en estos niveles, sus empresas no pueden comprometer inversiones en electrificación ni competir con socios que pagan menos por el kilovatio. Jørgensen ha reconocido que la situación de los ciudadanos de Europa central es «seria» e insiste en que cualquier ayuda debe ser «selectiva y temporal» para no socavar el objetivo de reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.

«Nos gustaría discutir con la Comisión Europea cómo el próximo periodo de financiación y la disponibilidad de fondos pueden cubrir nuestras necesidades, en particular la ampliación de la infraestructura de petróleo y gas en la región del Grupo de Visegrado.» — Denisa Saková, viceprimera ministra de Eslovaquia, rueda de prensa en Bratislava, 19 de octubre de 2026

Saková añadió que a partir de 2027 su país no podrá importar gas ruso y que necesita firmar contratos de diversificación con reglas preparadas de antemano. Los cuatro Estados disponen de rutas alternativas que evitan Rusia, pero a un coste superior y con grados de integración muy distintos entre ellos.

«Antes dependíamos de Rusia. Estamos saliendo de eso. Ahora bien, la situación actual demuestra que dependemos del mercado global, y lo que ocurre en Oriente Próximo puede afectar a los ciudadanos de aquí, en Bratislava.» — Dan Jørgensen, comisario europeo de Energía, 19 de octubre de 2026

La trampa del ETS2 y el dinero que nadie ha cuantificado

precios electricidad europa

Hay un detalle que explica la naturaleza del problema mejor que cualquier comunicado. Hungría llevó el plan de salida al tribunal de la Unión Europea cuando Viktor Orbán presidía el Gobierno y Eslovaquia respaldó la demanda; el primer pronunciamiento se espera dentro de unos meses. La base jurídica de la política energética europea sigue, por tanto, discutida mientras los Estados negocian cómo aplicarla.

Lo que veo en el fondo del debate es una sustitución de dependencias, no una eliminación. Se sale de la órbita rusa para entrar en la del mercado global, donde un conflicto en Oriente Próximo —la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán— marca el precio que pagan los hogares eslovacos. Ningún fondo estructural corrige un shock de oferta de esa naturaleza.

La segunda contradicción es el ETS2. Retrasarlo hasta 2030 aliviaría la factura a corto plazo, pero vacía de señal de precio la inversión en electrificación justo cuando se pide a la industria que la financie. Además abre un flanco presupuestario: menos ingresos por subasta de derechos equivale a menos capacidad para compensar a los hogares vulnerables. Mi lectura es que Bruselas cederá en flexibilidad presupuestaria y ganará tiempo en el mercado de carbono, pero no tocará el plazo de 2027, ya convertido en compromiso político. Los hitos a seguir son tres: el fallo del tribunal europeo, la propuesta del próximo marco financiero y el cierre de la revisión del ETS.

🌍 El impacto en España y Europa

En España la conexión es indirecta, pero real. El mercado eléctrico ibérico está acoplado al continental y las primas de riesgo energético que se instalan en Europa central acaban filtrándose en la factura industrial española, sobre todo cuando la interconexión con Francia opera a plena capacidad.

  • Euríbor e hipotecas: si el encarecimiento de la energía mantiene la inflación de la eurozona por encima del objetivo, el BCE tendrá menos margen para recortar tipos y las revisiones de las hipotecas variables seguirán llegando sin alivio.
  • Inflación y poder adquisitivo: la electricidad contamina la cesta de bienes industriales; un invierno caro en el centro del continente presiona de nuevo los precios energéticos de todo el bloque.
  • Tejido exportador: automoción, bienes de equipo y siderurgia venden a Polonia, Chequia y Eslovaquia; si su industria frena la electrificación, el efecto llega a los pedidos españoles.
  • Política europea: una asignación de fondos por condición geográfica abre la puerta a compensaciones similares desde España y tensiona el próximo presupuesto comunitario.

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