Hallan restos neandertales Navarra de 46.000 años: una mano conserva ADN

Los tres metacarpianos y la falange intermedia aparecieron en la cueva de Abauntz, en el valle de Ultzama, junto a herramientas de piedra y fauna consumida. La datación directa por carbono 14 sitúa el conjunto en 46.000 años.

Los primeros restos neandertales de Navarra han aparecido en la cueva de Abauntz. Son seis fragmentos de una mano derecha de hace 46.000 años que todavía conservan ADN antiguo, un hallazgo que cierra un vacío de décadas en el registro del Pirineo occidental.

Durante años, la arqueología navarra arrastró una ausencia difícil de explicar. Había evidencias de neandertales en el Pirineo occidental, pero ningún resto humano que confirmara su presencia en la región. La cueva de Abauntz, situada a un kilómetro de Arraitz-Orkin, en el valle de Ultzama, ha roto esa sequía. El equipo internacional que trabaja en el yacimiento, con participación del IPHES-CERCA, presentó este lunes los resultados en rueda de prensa.

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Seis huesos de una mano que identifican a un neandertal en Abauntz

Lo recuperado no es un esqueleto. Son tres metacarpianos y una falange intermedia de la mano derecha de un individuo adulto, más otros dos fragmentos óseos que las técnicas de análisis de proteínas permitieron atribuir a un humano. En total, seis piezas de pocos centímetros, tan pequeñas que cabrían holgadas en la palma de una mano actual.

La mano derecha es una firma anatómica reconocible. Los neandertales tenían manos robustas, con inserciones musculares potentes, y cada hueso del carpo y del metacarpo cuenta una historia de fuerza y de uso. A estos restos se suman las marcas: algunos presentan mordeduras de carnívoros, señal de que otros animales accedieron a los huesos antes o después de que quedaran depositados en la cavidad. Junto a ellos aparecieron herramientas de piedra y restos de fauna que aquellos grupos consumieron.

La doctora Andion Arteaga, codirectora del proyecto, subrayó en la presentación que es la primera vez que hay restos humanos que permiten identificar directamente la presencia de neandertales en Navarra.

Sobre el propio hueso, la datación por carbono 14 sitúa el conjunto en 46.000 años. Es una fecha directa, no inferida a partir de la estratigrafía ni de los objetos que lo acompañan, y eso le da un peso distinto al resultado. Y hay algo más: los fragmentos han conservado material genético.

Seis huesos de una mano bastan para rellenar un hueco que llevaba décadas abierto en el mapa de los neandertales peninsulares.

El ADN antiguo se degrada con el tiempo, y su supervivencia depende de la temperatura, la humedad y la química del sedimento. Que quede algo legible en un hueso de 46.000 años no es lo habitual. Para hacerse una idea de la escala, entre aquel individuo y nosotros median unas 1.800 generaciones, y esos huesos ya eran fósiles cuando faltaban todavía 6.000 años para la desaparición de la especie en Europa.

cueva Abauntz

En Asturias está el precedente más cercano. En El Sidrón, las investigaciones genéticas han permitido profundizar en los parentescos, la organización social y la historia evolutiva de los neandertales. El doctor Mikel Arlegi, codirector de los trabajos en Abauntz, incidió en que disponer de ADN y de dataciones directas ofrece una base excepcional para estudiar las características biológicas de este individuo y las relaciones entre poblaciones.

Lo que el ADN de Abauntz todavía no ha contado

Hay que poner el hallazgo en su sitio, y el sitio es bueno. Hace 46.000 años los neandertales ocupaban todavía buena parte de Europa, en una fase final de su historia evolutiva. Pocos milenios después, hace unos 40.000, la especie desapareció del continente justo cuando el Homo sapiens se expandía. Cada yacimiento que cae dentro de esa ventana temporal ayuda a entender con quién convivieron aquellos grupos, cuánto se movieron y cómo se organizaron.

Abauntz tiene, además, una posición geográfica que multiplica su interés: el valle de Ultzama funciona como zona de paso natural entre la península Ibérica y el resto del continente. Si en ese corredor hubo neandertales, la pregunta inmediata es de dónde venían y con quién se relacionaban a ambos lados de los Pirineos. El material genético es la herramienta que puede responderla, y por eso la datación directa importa tanto como el hueso.

Conviene, eso sí, mantener la prudencia. El anuncio llega en forma de rueda de prensa y el estudio con el análisis genómico completo habrá que leerlo con detalle cuando se publique. La muestra es pequeña —seis fragmentos, varios mordidos por carnívoros— y de ella no saldrá un genoma entero de la especie, sino, con suerte, información sobre un individuo concreto y su parentesco con otros grupos. A mí el ADN me parece el dato más prometedor del conjunto y, a la vez, el más frágil: la diferencia entre conservar material genético y haberlo secuenciado es enorme, y en los próximos meses conviene no confundir ambas cosas.

El equipo seguirá excavando en el valle de Ultzama y trabajando sobre el material ya recuperado. El siguiente hito será la publicación del análisis genético; hasta entonces, cada fragmento que salga de Abauntz se leerá con la misma vara: qué añade al mapa de los últimos neandertales y qué queda por confirmar.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: seis fragmentos de la mano derecha de un neandertal adulto, con ADN antiguo conservado y datación directa por carbono 14.
  • Dónde: cueva de Abauntz, valle de Ultzama, Navarra, a un kilómetro de Arraitz-Orkin.
  • Institución responsable: equipo internacional con participación del IPHES-CERCA, codirigido por Andion Arteaga y Mikel Arlegi.
  • Cuándo: restos de hace 46.000 años; presentación pública el 19 de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: abre el estudio genético de los neandertales del Pirineo occidental y de su conexión con el resto de Europa.

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