El precio del gas natural roza los 89,70 €/MWh y acumula un 217% de subida en el año

El TTF encadena su nivel más alto desde el 23 de diciembre de 2022 tras subir un 1,55% en la sesión. La próxima revisión de la tarifa regulada, con efectos del 1 de enero, llega sin margen para una rebaja.

El precio del gas natural en el mercado holandés TTF roza los 89,70 euros por megavatio hora. Es el nivel más alto desde el 23 de diciembre de 2022.

La referencia europea subió este lunes un 1,55% hasta tocar un máximo intradía de 89,69 euros por megavatio hora, según los datos del mercado mayorista. Cuatro años después de la crisis energética que empujó al Gobierno a intervenir el precio de la luz, el gas vuelve a cotizar en la zona que entonces se consideraba excepcional.

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El origen es otro. En 2022 fue una guerra en Ucrania y un corte de suministro ruso. Ahora es un conflicto en Oriente Medio que comenzó a finales de febrero y que ha alterado la percepción de riesgo sobre las rutas del gas licuado y sobre la fiabilidad de las entregas en toda la cuenca mediterránea.

Los números de la escalada son contundentes. En lo que va de año, el precio del gas natural acumula una revalorización superior al 217%. Desde el inicio del conflicto, el encarecimiento alcanza el 183,5%, medido desde los 31,6 euros en los que cotizaba el TTF a finales de febrero.

Nada en la sesión de este lunes responde a un shock nuevo. Lo que se ha acumulado son tres presiones que llevan meses solapándose: la incertidumbre sobre la continuidad del suministro, la llegada del invierno al hemisferio norte y la posición de los operadores en el mercado de futuros. Cada una, por separado, movería el precio. Las tres a la vez lo han llevado a máximos de casi cuatro años.

El gas no se ha encarecido un 217% porque haga frío, sino porque el mercado ha dejado de dar por garantizado que el suministro llegue a tiempo.

El TTF no es una planta ni un buque. Es un mercado virtual neerlandés, el Title Transfer Facility, donde se compra y se vende gas que físicamente está en otra parte: en un gasoducto, en un almacenamiento o en la bodega de un metanero. Su función es fijar precio, y lo hace con una liquidez que ningún otro hub europeo iguala.

Por eso su cotización se traslada con rapidez a los contratos bilaterales, a las tarifas industriales y a las referencias que utilizan las comercializadoras para construir sus ofertas. No es el precio que paga el consumidor, pero sí el suelo desde el que se negocia todo lo demás.

Del 31,6 a los 89,69 euros: la cronología de la escalada

La sesión de este lunes dejó el máximo intradía en 89,69 euros por megavatio hora a media mañana, con un avance del 1,55% respecto al cierre anterior. El movimiento consolida una tendencia que llevaba semanas construyéndose escalón a escalón, sin un acontecimiento único que la explique.

Basta comparar con febrero para medir la magnitud del giro. El TTF cotizaba en 31,6 euros cuando estalló el conflicto en Oriente Medio. Ocho meses después, el mismo producto cuesta casi tres veces más, y las curvas de futuros no anticipan, por ahora, una vuelta atrás rápida.

Hay un componente estacional evidente. La temporada de calefacción arranca en Europa central y nórdica en las próximas semanas, y los comercializadores cierran sus coberturas antes de que llegue el primer pico de demanda. Ese movimiento técnico se repite cada otoño; lo que cambia este año es el punto de partida, tres veces más alto.

Y hay un componente geopolítico que no se resuelve con inventario. La prima que el mercado aplica al gas se ha vuelto estructural: ya no se paga solo por lo que cuesta extraer y transportar una molécula, sino por la probabilidad de que esa molécula no llegue a destino.

La factura de la calefacción, el primer eslabón que lo nota

TTF

El traslado al recibo doméstico tiene nombre técnico y calendario. La tarifa de último recurso del gas se revisa cada trimestre con efectos del primer día del trimestre siguiente, de modo que la próxima actualización llegará con fecha 1 de enero de 2027 y se calculará con las cotizaciones de las semanas previas. Con el TTF en 89 euros, el margen para una rebaja es prácticamente nulo.

Conviene precisar qué se encarece y qué no. El gas que se quema en una caldera doméstica no se paga al TTF, pero se referencia a él. El coste de la materia prima en la tarifa regulada se construye a partir de las cotizaciones del mercado ibérico, y MIBGAS publica a diario el precio de referencia que sirve de base al cálculo. Cuando el hub holandés se tensa, el ibérico le sigue con un diferencial que se estrecha en cuanto el sistema español necesita importaciones.

El segundo canal de transmisión es la industria. Las fábricas que compraron gas con contratos indexados al TTF verán reflejado el movimiento en las liquidaciones de los próximos meses, y las que aún negocian renovaciones afrontan una posición incómoda: firmar a estos precios supone comprometer el coste de producción de todo un ejercicio.

Queda el tercer canal: la electricidad. En las horas en las que el gas fija el precio marginal del mercado mayorista, su encarecimiento arrastra al pool. No ocurre en todas las horas ni con la misma intensidad, porque la aportación renovable modula el hueco térmico, pero ocurre con la frecuencia suficiente como para que el recibo eléctrico de los hogares acogidos a tarifa regulada note el efecto.

El sector industrial es el que tiene menos margen de maniobra. Una planta siderúrgica, una cerámica o una papelera no pueden cambiar de combustible en un trimestre. Pueden parar. Y cuando paran, la demanda que se destruye no vuelve con la misma facilidad con la que se fue.

Un mercado que ha cambiado de régimen

La lectura corta de esta escalada es que el gas está caro. La lectura que importa es otra: el mercado europeo ha dejado de funcionar con la lógica de la oferta y la demanda a corto plazo para hacerlo con la lógica de la prima de seguridad. Ese cambio de régimen se instaló en 2022 y nunca llegó a desmontarse del todo. Los precios bajos de 2024 y de parte de 2025 fueron la excepción, no la norma recuperada.

Hay un dato que ayuda a dimensionarlo. El récord del TTF, alcanzado en agosto de 2022, superó los 300 euros por megavatio hora. Con los 89,69 euros actuales, el mercado está a menos de un tercio de aquel pico, pero por encima de cualquier nivel previo a la crisis. La volatilidad, más que el nivel, es lo que ha venido para quedarse.

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El gas europeo ya no cotiza lo que cuesta producirlo, sino la probabilidad de que llegue. Esa prima no se desactiva con un invierno suave.

El riesgo evidente es que un invierno templado desinfle la prima tan rápido como se ha construido. Si las temperaturas acompañan y los almacenamientos europeos llegan a enero con holgura, el TTF podría corregir con la misma velocidad con la que ha subido, y más de un operador se quedaría con coberturas compradas a precio de pánico. La otra cara es peor: si el conflicto se extiende o alcanza infraestructura crítica, no hay un techo de referencia claro por encima de estos niveles.

Entre esos dos escenarios, la variable que decide no es el consumo, sino la percepción. Y la percepción, hoy, está dominada por la geopolítica. Enagás, como gestor técnico del sistema gasista, publica el estado de las existencias y de las conexiones internacionales, que se han convertido en el indicador de cabecera. La mayoría de las mesas de operaciones consulta a diario ese dato antes de mover posiciones.

Para el consumidor español, el calendario manda. La revisión de la tarifa regulada del 1 de enero de 2027 será el primer termómetro real, y llegará después de un otoño en el que las cotizaciones no han dado tregua. Si el TTF se mantiene por encima de los 80 euros durante noviembre y diciembre, esa revisión difícilmente podrá evitar una subida.

La pregunta que queda abierta no es cuánto subirá el gas, sino cuánto tiempo más va a cotizar el mercado con una prima de riesgo tan alta incorporada. Mientras la respuesta siga siendo la misma, cada invierno tendrá su propio máximo.


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