La bonificación Iberdrola de hasta 300 euros anuales ya opera: un algoritmo decide cuándo arranca el climatizador. El cliente no toca nada.
Un algoritmo que mueve el consumo a las horas baratas
La función se ha integrado en el Asistente Smart Avanzado de la compañía y actúa sobre dos de los consumos que más pesan en la factura doméstica: climatización y agua caliente sanitaria. El sistema lee los parámetros que el usuario ha fijado —temperatura de consigna, horarios de ocupación, agua caliente disponible— y desplaza la producción hacia los tramos en que la electricidad cuesta menos.
Esos tramos coinciden casi siempre con las horas de mayor generación renovable. Cuando el sol aprieta y la fotovoltaica empuja el precio del mercado mayorista hacia abajo, el equipo aprovecha para enfriar o calentar de más y almacenar ese frío o ese calor en la inercia del propio edificio. Horas después, con el precio de vuelta arriba, el sistema se limita a mantener. Es la lógica de la flexibilidad aplicada a una vivienda de 100 metros cuadrados.
‘Con esta nueva funcionalidad, la flexibilidad energética deja de ser un concepto lejano y se convierte en ahorro real para los hogares. Queremos que la tecnología se ocupe de optimizar la energía para que el cliente pueda disfrutar de su casa con el mismo confort y a un precio mejor’, sostiene Víctor Carballo, responsable de Smart Clima en Iberdrola.
La compañía insiste en que el usuario conserva el mando. El asistente respeta los ajustes previos y no exige cambiar hábitos: si alguien sube la temperatura de consigna, el sistema recalcula y sigue. Esa es la promesa comercial. La otra cara es que el hogar cede la decisión de cuándo consumir a un algoritmo que responde a precios mayoristas y no a la meteorología del domingo por la tarde.
La bonificación no es un descuento comercial: es el reparto de un ahorro que el propio cliente genera al mover su consumo de hora.
De 100 a 300 euros según el equipo instalado
Las cifras que maneja la eléctrica van de 100 a 300 euros anuales, y la diferencia no la marca el algoritmo sino el equipo. En una vivienda de 100 metros cuadrados con cuatro ocupantes y aire acondicionado, el ahorro se queda en torno a los 100 euros. Ese mismo hogar, con aerotermia instalada, escala hasta los 300. Cuanto mayor es el consumo desplazable, mayor es el diferencial que se puede capturar.
El ahorro depende de que exista una brecha real entre horas caras y horas baratas; si esa brecha se cierra, la bonificación se encoge con ella.
El requisito técnico acota el universo de partida. La solución está dirigida de momento a instalaciones que cuentan con dispositivos Airzone, compatibles con la mayoría de los equipos de climatización, y que estén integradas en el Asistente Smart Avanzado. Para sortear esa barrera, Iberdrola incorpora de serie los equipos de Airzone en sus sistemas de aerotermia: quien contrate la instalación de la bomba de calor accede a la gestión inteligente desde el primer día.
La oferta integral incluye suministro eléctrico, instalación y puesta en marcha, con el aprovechamiento de los Certificados de Ahorro Energético (CAE) como palanca de precio y una campaña Renove que, según explica la propia compañía, alcanza descuentos de hasta el 85% del coste total. Hay además financiación sin comisiones. La tecnología de base es la bomba de calor aerotérmica, un equipo que produce calefacción, refrigeración y agua caliente con el mismo compresor y que concentra buena parte del ahorro potencial de una vivienda.

El negocio ya no está en vender kilovatios, sino en moverlos
Hay un detalle que conviene no perder de vista: la bonificación no sale del margen de Iberdrola. Sale de la factura del propio cliente. Lo que hace la compañía es cobrar el mismo kilovatio hora que antes se consumía a precio alto y ahora se consume a precio bajo, y devolver al hogar una parte de ese diferencial. El ahorro es real, pero no es un regalo: es una porción de un dinero que el cliente ya tenía.
El negocio de fondo es otro. Una utility que ingresa por kilovatio hora vendido tiene interés en vender más; una que gestiona flexibilidad gana cuando el cliente instala equipos caros —una aerotermia es una inversión de varios miles de euros— y le firma el suministro. El Asistente Smart es, en ese sentido, una pieza comercial más que un servicio filantrópico: abarata la operación del hogar y, de paso, ata la venta del equipo y el contrato de la luz.
El riesgo evidente está en el diferencial. El ahorro depende de que exista una brecha apreciable entre las horas caras y las baratas; si el almacenamiento y la propia fotovoltaica aplanan la curva, el margen que el algoritmo puede capturar se estrecha y los 300 euros se quedan en menos. El mercado mayorista español ha pasado en pocos años de registrar picos diarios a encadenar horas a precio cero en las horas centrales. Ese fenómeno abarata el consumo, pero también reduce el espacio donde una comercializadora puede rascar un descuento.
Hay una segunda tensión, de tipo práctico. La dependencia de un fabricante concreto —Airzone— limita hoy el alcance de la medida a quien instale esos dispositivos o contrate la aerotermia con Iberdrola. La flexibilidad doméstica funcionará de verdad el día que el termostato del salón hable con el mercado eléctrico sin pasar por un hardware propietario. Ese día el valor no estará en el aparato, sino en la capa de software y en los datos de consumo, un terreno que las eléctricas europeas y los agregadores independientes ya se disputan.
Con el autoconsumo recortando la demanda de red y los precios negativos dejando de ser una rareza, la pregunta que recorre el sector es cuánta flexibilidad puede capturar el hogar medio sin notarlo. Iberdrola ha puesto una cifra al frente —hasta 300 euros— y ha fijado una condición: instalar aerotermia y ceder el control del clima a su asistente. La primera factura completa de la temporada de calefacción, la de enero de 2027, dirá si el ahorro que promete el algoritmo aparece en el recibo o se queda en la letra pequeña de la campaña.




