Unirisco cumple 25 años de capital riesgo universitario y refuerza su tesis agtech con Hifas da Terra y Néboda

La firma gallega, primera sociedad de capital riesgo vinculada a proyectos universitarios, acumula más de 40 empresas, 150 patentes y 500 empleos en 25 años. Su tesis: capital paciente de 3 a 5 años que los fondos convencionales no cubren.

El capital riesgo universitario cumple 25 años en Galicia y Unirisco lo celebra con dos nombres en su tesis agtech: Hifas da Terra y Néboda. La lección para el founder: el capital paciente existe fuera de los grandes hubs.

De 2001 a 2026: el balance de una sociedad pionera

Unirisco Galicia nació en 2001 como la primera sociedad de capital riesgo vinculada a proyectos surgidos de las universidades. Veinticinco años después, la firma ha colaborado en más de 40 proyectos empresariales que en conjunto facturan 40 millones de euros, sostienen más de 500 empleos y han generado más de 150 patentes. Cifras modestas para un fondo de venture capital al uso. Enormes para el ecosistema que las produce.

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El porfolio no se parece al de un fondo tecnológico convencional: biotecnología y salud, tecnologías digitales, medioambiente, digitalización industrial, y nuevos materiales. Ciencia aplicada antes que software. Ese sesgo es la consecuencia directa de invertir donde está la ciencia, que en Galicia significa universidades y sus oficinas de transferencia.

Su trayectoria al servicio de la innovación y la transferencia de conocimiento le ha valido el reconocimiento del Foro de Empresas Innovadoras. La entrega del galardón será el 20 de octubre en CaixaForum Madrid, en la XIV edición de los Reconocimientos FEI. En anteriores ediciones fueron distinguidos el CDTI, Enisa, el Barcelona Supercomputing Center, la Federación Española de Centros Tecnológicos, el Instituto de Ciencias Fotónicas o la Axencia Galega de Innovación. El palmarés dice mucho: se premia infraestructura de innovación, no unicornios.

Inmaculada Rodríguez Cuervo, directora general, sitúa el origen del mérito en las universidades gallegas, que hace 25 años ‘tuvieron la visión de apostar por un modelo de transferencia pionero en España’. Y añade el matiz que importa: cuando Unirisco empezó a hablar de inversión privada en spin-offs universitarias, hacerlo era mucho menos habitual que ahora.

Transferir ciencia al mercado no es un acto de fe: es una inversión de horizonte largo, con unit economics propios y retorno que no cabe en un trimestre.

La tesis agtech: hongos en Pontevedra y agricultura vertical en Vigo

Unirisco

Dos participadas explican mejor que una memoria anual hacia dónde va esa tesis. Hifas da Terra, biotecnológica de la provincia de Pontevedra, desarrolla productos basados en hongos. Néboda, startup viguesa, se especializa en agricultura vertical de interior.

Las dos comparten el patrón que Unirisco lleva 25 años buscando: ciencia aplicada a un producto físico, con propiedad intelectual defendible y dependencia de un capital que no exige resultados trimestrales. Néboda compite en un segmento donde la unidad económica se decide por metro cuadrado, consumo eléctrico y ciclos de cosecha. Hifas da Terra juega otra liga: la del compuesto bioactivo con aplicación nutracéutica, donde la validación se mide en años y en ensayos.

Ahí está la coherencia de la tesis. Frente al software, que puede enseñar tracción en seis meses, la nueva agricultura y la biotecnología necesitan laboratorio, permisos y paciencia. El capital que las sostiene no se mide con el reloj de una Series A.

📦 Caso de estudio: Unirisco

  • El reto: Convertir la investigación de las universidades gallegas en empresas con producto, facturación y empleo cualificado.
  • La jugada: Entrar como primer capital privado en spin-offs tecnológicas, con horizonte de 3 a 5 años y sin exigir facturación recurrente.
  • El resultado: Más de 40 proyectos en 25 años, 40 millones de euros de facturación agregada, 500 empleos y más de 150 patentes.
  • La lección: El capital paciente no compite con el venture capital; ocupa el tramo previo al que el fondo convencional no puede llegar.

Capital paciente: el hueco que ni el fondo público ni el VC cubren

Rodríguez Cuervo define la posición con precisión: Unirisco actúa como primer capital privado en el punto en el que la ciencia deja de ser ciencia para convertirse en producto o servicio. Es decir, antes de que exista un cliente, una factura y un MRR que enseñar a un inversor.

Un fondo de venture capital convencional pide facturación recurrente, retención y un camino razonable a la Series A. Las convocatorias públicas —Enisa, CDTI, los programas de la GAIN— cubren otra parte del ciclo: dinero más barato, pero atado a hitos, garantías y plazos que no siempre encajan con un spin-off que aún no vende. Entre un tramo y otro queda un hueco de tres a cinco años que en España cubren muy pocos actores.

El dato que importa no es el tamaño del fondo, sino su función. Con 40 millones de euros de facturación agregada tras 25 años, cualquier fondo de software mediano genera más ingresos en un solo ejercicio. Comparar ambas cifras sería tramposo. La comparación honesta es otra: cuántas de esas 150 patentes y de esos 500 empleos existirían sin alguien dispuesto a firmar el primer cheque. En buena parte del mapa español, ninguno.

Lo que el modelo enseña a un founder de deep tech

El caso trasciende Galicia. Frente a los hubs de Madrid y Barcelona, donde se concentra la mayor parte de la inversión española, o frente al modelo israelí, que diseñó su capital riesgo para exportar tecnología, la lección es idéntica: la proximidad a la fuente de conocimiento pesa más de lo que sugiere el relato de los grandes hubs.

Hay un precedente útil para calibrar. Cambridge y Oxford construyeron su reputación de deep tech sobre la misma lógica: universidad, capital paciente y décadas de paciencia institucional. En Silicon Valley el mecanismo es otro, pero el origen es el mismo: alguien financió la ciencia antes de que hubiera producto.

El capital paciente no es caridad institucional: es la única vía para que una patente llegue viva al mercado cuando el producto tarda tres años en existir.

El reconocimiento del FEI se entregará el 20 de octubre y no altera la tesis. La pregunta útil para un founder es otra: si tu proyecto nace de un laboratorio, ¿a quién le vas a pedir el primer cheque? La respuesta habitual —business angel, aceleradora, ronda pre-seed— falla en la mitad de los casos, porque ninguno está diseñado para esperar tres años sin ingresos. Buscar capital que entienda tu curva importa más que buscar el capital más barato.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Calcula tu tramo de capital: Antes de salir a ronda, cuenta cuántos meses de ciencia te quedan. Si superan los 24, tu interlocutor no es un fondo de VC.
  • Blinda la propiedad intelectual: Patente solicitada, no idea. Las 150 patentes del porfolio de Unirisco son su mejor argumento ante un inversor industrial.
  • Habla con tu oficina de transferencia: Las OTRIs universitarias abren acceso a socios industriales y a vehículos como Unirisco; el coste de la conversación es cero.
  • Elige geografía por talento, no por moda: Un proyecto agtech o biotech necesita invernadero y laboratorio más que una oficina en un hub caro.

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