Sotheby’s Londres adjudicó 28 de los 34 lotes de su subasta de arte contemporáneo. El porcentaje de venta, un 82%, resulta aceptable en cualquier baremo.
El martillo, no: 36,9 millones de libras antes de comisiones, por debajo del límite inferior de la estimación de 41,7 a 58,6 millones. Con la prima del comprador, la factura total ascendió a 46,1 millones de libras, 61,1 millones de dólares. Rara vez he visto un salón tan silencioso con un resultado que la casa califica de éxito.
La venta, celebrada en plena semana de Frieze, la lideró una abstracción sin título de Willem de Kooning fechada en 1977. Salió con una estimación de 8 a 12 millones de libras y se adjudicó en 8,2 millones de martillo, 9,8 millones con comisiones y 12,9 millones de dólares. La misma obra había pasado por Sotheby’s Nueva York en 2015 por 6,1 millones: duplica el precio de hace once años.
Por detrás apareció un Abstraktes Bild de Gerhard Richter (1992), adjudicado por debajo de su horquilla: 5,4 millones de martillo sobre una estimación de 6 a 8 millones. El vendedor lo compró en Christie’s Londres en 2011 por 3,6 millones de libras. Quince años después, el beneficio bruto ronda el 86%, un 4,2% anual apenas por encima del coste de oportunidad.
El tercer puesto fue para un Mark Rothko sin título de 1969, vendido en el límite bajo de su horquilla: 3,8 millones de libras con comisiones, apenas por debajo de los 5 millones de dólares. La misma obra se había comprado en Christie’s Nueva York en 1992 por 264.000 dólares: en 34 años multiplicó su valor por diecinueve.
No todo fue corrección a la baja. Butterfly Fish (1978), de Michael Andrews, se adjudicó en 550.000 libras frente a una estimación máxima de 120.000, con un total de 704.000 libras y récord para una obra sobre papel del artista. Sus cuadros se compraron en su día por un círculo cerrado de coleccionistas que nunca ha necesitado vender.
La escasez estructural de oferta es el único multiplicador que resiste en un mercado que ya no paga por el nombre, sino por la probabilidad de reventa.
El saldo negativo fue amplio. Quedaron sin vender obras de Banksy, Georg Baselitz, Jadé Fadojutimi, Lucian Freud, una segunda pieza de Gerhard Richter y Lynette Yiadom-Boakye, y tres lotes —Damien Hirst, Anselm Kiefer y Leon Kossoff— se retiraron antes del inicio. Diez de los 34 lotes llevaban garantía de la casa.
Qué revela la puja para el inversor en arte contemporáneo
La referencia inmediata es la subasta de Christie’s de la noche anterior: 218,6 millones de libras, 289,4 millones de dólares, más del doble que el año pasado. La diferencia no está en el apetito, sino en el catálogo: Christie’s colocó obra con demanda transversal y Sotheby’s cargó con nombres cuya oferta se ha multiplicado.
El dato comparable más incómodo es el de la casa: su venta equivalente de 2025 sumó 47,6 millones de libras, con un Francis Bacon de 13 millones como lote estrella. Un año después, el total cae y el mejor lote se queda en 9,8 millones.
En el tramo joven, Louis Fratino colocó Kissing Couple (2019) dentro de estimación por 320.000 libras y Adrian Ghenie vendió The Wall (2019) por 640.000. Pero Fadojutimi y Yiadom-Boakye no encontraron comprador: la demanda existe, lo que ha desaparecido es la disposición a pagar por encima de la estimación.
Garantías, retiradas y la nueva prima de la selectividad

Llevo años sosteniendo que el arte contemporáneo no se comporta como un índice, sino como mercados paralelos con liquidez desigual. La sesión del jueves lo confirma: diez garantías sobre 34 lotes, tres obras retiradas y seis nombres sin adjudicar dibujan un mercado en el que la casa asume el riesgo porque el comprador ya no lo asume.
En ciclos anteriores, este patrón precedió a dos trimestres de contracción del segmento medio, seguidos de una recuperación concentrada en los diez nombres con oferta más rígida. Mi lectura es que estamos ahí.
La selectividad no es una fase del mercado: es su nuevo precio de entrada para cualquier asignación de capital.
Para un patrimonio que persigue diversificación, la consecuencia práctica es que el arte contemporáneo ha vuelto a comportarse como un activo de preservación de capital, con horizontes de siete a diez años.
La liquidez de la franja de 500.000 a 5 millones de euros se ha estrechado y los costes agregados absorben entre un 25% y un 30% del retorno bruto en un ciclo completo. El próximo test llegará con las ventas de noviembre en Nueva York, donde se comprobará si la selectividad alcanza al tramo de más de 20 millones de dólares.
💎 Veredicto Wealth
El arte contemporáneo vuelve a ser un activo de preservación de capital, no de revalorización agresiva, y solo la oferta rígida justifica posiciones hoy. Con horizonte de siete a diez años, el riesgo a vigilar es la liquidez entre 500.000 y 5 millones de euros.




