Rallo desmonta 5 bulos sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas: el déficit no frena

Juan Ramón Rallo repasa los argumentos del Gobierno sobre la hucha, la AIReF y el récord de afiliados. Su conclusión: el sistema se ajustará recortando prestaciones o subiendo la presión sobre trabajadores y empresas.

Algunos dirigentes del PP y de Vox han empezado a decir en voz alta lo que los números llevan años gritando: el sistema público de pensiones español, tal y como está configurado no aguanta. Juan Ramón Rallo dedica su último análisis, de algo más de veinte minutos, a desmontar los cinco argumentos con los que, a su juicio, el Gobierno y sus terminales mediáticas intentan convencer a los ciudadanos de lo contrario.

Del diagnóstico compartido al miedo electoral

El punto de partida del vídeo es una paradoja política. Cuando algunos cargos populares admiten que el sistema tiene un problema de sostenibilidad financiera, el PSOE encuentra una ventana electoral y acusa a la derecha de querer recortar o privatizar las pensiones. Rallo responde con ironía: ojalá fuera cierto, pero no va a ocurrir. Lo único que hacen PP y Vox, sostiene, es reconocer una evidencia contable que cualquiera puede comprobar.

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El creador recupera para ello las declaraciones de Esther Muñoz, portavoz parlamentaria del PP, en el podcast de Ciudadano Alternativo. Muñoz describía una pirámide de población invertida, la llegada masiva de los baby boomers a pensiones máximas y un mercado laboral cada vez más precario, con empleos de hostelería y servicios que sostienen salarios bajos. Rallo comparte el diagnóstico y añade que ese tipo de afirmaciones son justo las que el Ejecutivo trata de tapar con propaganda.

La hucha de 20.000 millones frente a 600.000 de pasivos

Primer bulo, según su análisis: que la reforma de 2023 no se diseñó pensando en la pirámide poblacional actual. Rallo lo invierte. La norma se hizo mirando a 2050 precisamente para afrontar la jubilación del baby boom, y la prueba que exhibe la ministra es la hucha de las pensiones, que cerrará el ejercicio en torno a 20.000 millones después de que el PP la dejara casi vacía.

El problema, argumenta, es qué se compara con qué. Ese fondo de reserva convive con 600.000 millones de transferencias acumuladas del Estado para cubrir el agujero del sistema. Su analogía es doméstica: pedir 100.000 euros al banco, fundirse 98.000 y presumir de solvencia porque quedan 2.000 en la cuenta corriente. La Seguridad Social no tendría patrimonio neto positivo, y la distancia entre activos y pasivos no deja de crecer.

Que un sistema acumule reservas endeudándose mucho más de lo que ahorra no lo convierte en sostenible: lo convierte en un sistema que vive de transferencias crecientes.

— Juan Ramón Rallo

La AIReF certifica el trámite, no la solvencia

Segundo bulo: la apelación a los organismos independientes. La ministra Elma Saiz presume de que la AIReF certificó el cumplimiento de la regla de gasto pactada con Bruselas. Rallo lee el comunicado completo y subraya la letra pequeña. El organismo habla de cumplimiento formal, advierte de que eso no garantiza la sostenibilidad de las finanzas públicas y propone rediseñar la regla, incluso expresándola en términos de gasto primario neto de ingresos. El Gobierno, concluye, convierte un trámite en un aval que nadie ha firmado.

Récord de afiliados con salarios reales congelados

Tercer bulo: que quienes trabajan no cubren a quienes cobran pensión. La respuesta oficial es que hay 2,51 cotizantes por pensionista, el nivel más alto desde 2011, y más de 22,4 millones de afiliados. Rallo no discute el dato, discute la conclusión. Un sistema sano, defiende, se apoya en el ahorro propio, y recuerda que el propio Ejecutivo ha creado incentivos fiscales para planes de pensiones privados, con hasta 5.750 euros anuales deducibles en el caso de los autónomos. El empleo récord no basta cuando la calidad flaquea.

A partir de ahí desmonta el relato salarial. El salario mínimo ha subido un 66% en términos nominales desde 2018, pero su poder adquisitivo real lo ha hecho en menos de un 30% y lleva estancado desde 2020. El salario bruto medio real de 2025 estaría al mismo nivel que en 2018 y el neto, un 3% por debajo, mientras el coste laboral que asume la empresa es un 14% superior. Su lectura es que la diferencia se la queda el Estado vía impuestos y cotizaciones, y que ni con ese esfuerzo el sistema cierra: el déficit contributivo supera los 50.000 millones de euros.

Recortar pensiones o cargar el coste al resto del país

Los dos últimos bulos tienen que ver con las consecuencias. Rallo aclara que insostenible no significa impago, sino ajuste. Y el ajuste tiene dos vías. La primera es recortar prestaciones, algo que según él ha ocurrido de forma continua desde los años ochenta con gobiernos del PSOE y del PP. La segunda es trasladar la factura al resto de la sociedad mediante cotizaciones más altas y menos dinero para sanidad, dependencia, infraestructuras o defensa. Pone como ejemplos el deterioro de los servicios públicos y la respuesta a la dana de Valencia o a la crisis de Ceuta.

Para cerrar el círculo cita a un director de periódico que admitía que bajar impuestos como pretende la oposición haría inviable seguir revalorizando las pensiones con el IPC. Rallo le da la vuelta al argumento: si no se pueden bajar impuestos sin que el sistema se tambalee, tampoco se puede ampliar el gasto en sanidad, innovación o defensa sin correr el mismo riesgo. Todo el margen presupuestario del país queda subordinado a una factura de pensiones cada vez mayor. Ese, dice, es el mayor de los bulos: presentar como sana una estructura que solo aguanta subiendo la carga sobre trabajadores y empresas.

Qué significa esto para el contribuyente español

El análisis llega en un momento delicado para el debate sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas. La reforma de 2023 introdujo el mecanismo de equidad intergeneracional y el destope parcial de cotizaciones, pero el grueso del impacto demográfico todavía está por llegar: los nacidos entre finales de los cincuenta y mediados de los setenta se jubilarán de forma masiva durante la próxima década. Según el creador, el sistema ya arrastra un déficit contributivo que el Estado cubre con transferencias, y esa dinámica se estrecha cada año que pasa.

Conviene separar dos cosas. Una es el dato, verificable en los informes de la AIReF y en las estadísticas de la Seguridad Social, sobre la brecha entre ingresos y gastos del sistema. Otra es la interpretación política que Rallo hace de esa brecha, y ahí entra de lleno la opinión: su tesis de que el ajuste acabará recayendo sobre el conjunto de la ciudadanía, ya sea vía recortes o vía presión fiscal sobre el trabajo, es una lectura ideológica, no un teorema. Lo que sí parece difícil de sostener es la idea de que el problema no existe.

Para el lector, la consecuencia práctica es doble. Primero, cualquier promesa electoral sobre pensiones debería venir acompañada de una explicación de quién paga la diferencia. Segundo, el margen para otras políticas públicas depende de esa misma factura. Si el sistema absorbe cada vez más recursos, el resto de prioridades compite por lo que sobra.

La pregunta queda abierta: si el sistema necesita ajustes y ninguna fuerza política quiere hablar de ellos en campaña, ¿cuándo y cómo se tomará una decisión que no puede posponerse indefinidamente?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

Youtube video

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