El Niño de 2026 ya es el más intenso desde 1950, y la NASA lo sigue satélite a satélite sobre el Pacífico ecuatorial. La agencia describe el fenómeno como algo más raro que un eclipse solar y capaz de desordenar el clima de continentes enteros.
El latido del Pacífico que empezó en enero
La primera pista llegó en enero de 2026. Una onda de Kelvin, una pulsación de agua tibia de miles de kilómetros de longitud, apareció cerca de Micronesia, en el Pacífico occidental. Desde entonces, ese pulso no ha dejado de viajar hacia el este, rumbo a América. El equipo del Jet Propulsion Laboratory de la NASA las describe como autopistas sumergidas que transportan calor de un extremo al otro del océano.
Cuando ese calor alcanza la superficie, calienta el aire que tiene justo encima y lo obliga a ascender. El reajuste de presiones debilita, y a ratos invierte, los vientos alisios que soplan hacia Asia, lo que a su vez calienta todavía más el Pacífico oriental. Esa reacción en cadena marca el arranque de un El Niño. A comienzos de abril, los mapas de la agencia mostraban las ondas ya instaladas frente a las costas de Sudamérica.
Viajan despacio, a pocos metros por segundo, pero no se detienen. Cuando las ondas llegan a la costa americana han recorrido más de 10.000 kilómetros, la distancia que separa Madrid de Tokio. Y no son una corriente superficial. Son una especie de montaña invisible de agua cálida que avanza por debajo de la superficie del Pacífico. Josh Willis, científico del proyecto de nivel del mar del JPL, las llama el latido de El Niño.
Cómo se mide un océano entero cada diez días
El instrumento que lo cuantifica todo es una constelación de satélites, los Sentinel-6, que cartografían la altura del océano completo cada diez días con precisión de centímetros. El agua cálida ocupa más volumen, y por eso el nivel del mar sube donde el calor se acumula. En algunas zonas del Pacífico oriental lo ha hecho entre 30 y 40 centímetros, la altura de un vaso alto, pero repartida sobre millones de kilómetros cuadrados. Frente a Indonesia y el norte de Australia, en cambio, el nivel ha descendido entre 15 y 20 centímetros.
La temperatura delata el mismo proceso. Las aguas superficiales del Pacífico oriental están unas 1,7 °C por encima de la media histórica, y los científicos esperan que suban todavía una fracción más en los próximos meses. Los radiómetros de microondas e infrarrojos de varios satélites permiten medir ese calor atravesando nubes y niebla. En primavera, la banda de agua cálida se extendía ya a lo largo de varios millones de kilómetros cuadrados, desde el corazón del Pacífico hasta la costa sudamericana.
Cada episodio de El Niño se gesta siempre en el mismo tramo de océano, pero solo ahora podemos verlo latir desde el espacio casi en tiempo real.
Hay una tercera señal, y es la más inesperada: el océano se está volviendo más azul. El satélite PACE, lanzado en 2024, mide el color del agua en cientos de longitudes de onda distintas. En el Pacífico ecuatorial, las aguas que otros años lucían verdes por la abundancia de fitoplancton aparecen ahora más azules. Es un efecto previsto: los alisios más débiles reducen el afloramiento de agua profunda rica en nutrientes y, sin alimento, el fitoplancton escasea. Este es el primer El Niño que PACE observa en directo.
Lo que este El Niño dice del clima que viene
Hay un dato que conviene leer con calma. Según la NOAA, existe un 83 % de probabilidad de que este sea el episodio más fuerte desde 1950, el año en que arranca el registro moderno. Es una estimación, no una certeza, y depende de que el calentamiento se mantenga durante los próximos meses. La comparación de la NASA con un eclipse no es retórica: los eclipses totales se ven desde algún punto del planeta casi cada año y medio, mientras que un El Niño de esta intensidad emerge apenas unas pocas veces por siglo.
Conviene recordar qué está en juego. El Niño no es una tormenta, sino un estado del sistema climático que redistribuye el calor del océano y reordena las lluvias a escala planetaria. Agricultores, bomberos, y comunidades costeras ya notan sus efectos de formas muy distintas. Lo que hace especial a 2026 no es solo su intensidad, sino la batería de instrumentos que lo vigilan: altímetros que miden el mar al centímetro, radiómetros que leen su temperatura a través de las nubes y un espectrómetro que distingue hasta el matiz de su color.
Queda una incertidumbre honesta. Los modelos aún discrepan sobre cuánto durará y cómo se acoplará con otros patrones, como la oscilación de Madden-Julian. La NASA seguirá publicando sus mapas comparativos entre 2025 y 2026 a medida que el Pacífico se caliente durante el otoño y el invierno. Merece la pena seguir la serie: es la mejor ventana que tenemos para entender por qué el océano decide, cada pocos años, cambiar el tiempo de medio mundo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un El Niño de intensidad histórica, el más fuerte desde 1950 según los registros, en pleno desarrollo sobre el Pacífico ecuatorial.
- Dónde: Pacífico ecuatorial, con epicentro en la franja que va de Micronesia a la costa de Sudamérica.
- Institución responsable: NASA, con datos de los satélites Sentinel-6 y PACE y estimaciones de la NOAA.
- Cuándo: Detectado desde enero de 2026; la NOAA sitúa su máximo en otoño de 2026.
- Impacto a futuro: Permite anticipar sequías, lluvias extremas y cambios en la pesca en todo el planeta.




