Getty Images se acoge al Capítulo 11 tras un desplome del 98,58% en bolsa en lo que va de año. La quiebra del mayor licenciatario de fotografía y vídeo de archivo del mundo se explica, sobre todo, por el empuje de la inteligencia artificial generativa sobre su modelo de negocio. La familia fundadora y el fondo Koch Equity Development ponen el dinero para sostener la reestructuración y la compañía asegura que no habrá despidos.
Claves de la operación
- Capítulo 11 con dinero fresco de la familia Getty. Koch Equity Development acompaña en la financiación y los acreedores han pactado el proceso por anticipado. Las acciones actuales se cancelan y el valor sale del parqué.
- De 11.000 millones a 8 millones de capitalización. El desplome del 98,58% en lo que va de ejercicio mide la fuga de clientes hacia herramientas que generan imágenes a partir de texto.
- La española Freepik se adelantó comprando Magnific. En 2024 renunció a competir contra Getty y se colocó frente a Adobe con una suite de IA generativa.
Del parqué al tribunal de quiebras en cuatro años
El anuncio llegó el pasado 12 de octubre, con un comunicado extenso en el que la compañía repasa tres décadas de actividad. En el texto presume de haber operado ‘un negocio extremadamente exitoso y altamente diferenciado’ y admite que las condiciones del mercado han cambiado. El Capítulo 11 no equivale a una liquidación: Getty seguirá operando bajo supervisión judicial mientras reordena su deuda.
Los acreedores conocían el movimiento y han pactado el proceso, lo que aleja el escenario de un cierre abrupto. La compañía mantiene su catálogo y su actividad comercial abiertos en su web oficial. En paralelo, sostiene que no habrá despidos.
Lo que sí desaparece es la cotización. Las acciones actuales se cancelan y el valor sale del parqué estadounidense. Getty debutó en bolsa en 1996, fue privatizada en 2008 y regresó al mercado en julio de 2022. El reloj no perdona.
La capitalización pasó de 11.000 millones de dólares en 2022 a 8 millones este año, un 98,58% de caída solo en lo que va de ejercicio. En enero de 2025, el regulador británico de la competencia tumbó su fusión con Shutterstock, valorada en 3.700 millones de dólares. La compañía tuvo que reembolsar 628,4 millones en bonos y, a 30 de junio, los litigios y la operación rota ya habían drenado la liquidez.
No es una empresa que llegue tarde a la tecnología: es una empresa cuyo negocio consistía en controlar lo que ahora cualquiera puede fabricar.
Hay un detalle que ilustra mejor que cualquier balance el cambio de régimen. La marca de agua de Getty, durante años un sello casi imposible de borrar, hoy se elimina con un par de clics. Y no son pocos los famosos fotografiados por la agencia que suben a sus redes esas mismas imágenes con el sello visible: tienen derechos de imagen, pero el trabajo es de otro.
Quien demandó y quien compró: dos respuestas a la misma tecnología
Getty fue de las primeras grandes empresas del sector en plantar cara a la inteligencia artificial. Demandó a Stability AI en enero de 2023 por entrenar su modelo con material del catálogo. La demanda no prosperó. Desde entonces se ha ido plegando a acuerdos: Perplexity puede mostrar imágenes del archivo en sus respuestas y en junio de este año firmó con OpenAI un pacto de condiciones públicas difusas que, según lo publicado, excluía el entrenamiento de modelos.
La paradoja es que Getty también vende generación. Su herramienta propia funciona con contenido autorizado e incluye indemnizaciones y derechos de uso perpetuos y mundiales, un argumento de seguridad jurídica que ninguna suite gratuita ofrece. Si el cliente prefiere generar antes que licenciar, esa pata crece en uso y adelgaza en ingresos.
Al otro lado del mapa está la española Freepik. Fundada en 2010 en Málaga como buscador de recursos gráficos, era la alternativa barata a Getty y Shutterstock. El movimiento fue el opuesto. En 2024 no demandó: compró la startup murciana Magnific y se quedó con su suite de IA generativa. En abril de este año culminó el giro y adoptó el nombre de Magnific. De competir con Getty pasó a competir con Adobe.

El riesgo que nadie asume: cobrar por lo que ya no se controla
La trayectoria de Getty en España resume el problema del sector. Durante dos décadas, agencias de publicidad, medios y editoriales han pagado licencias por un catálogo que la compañía agregó comprando fondos históricos e incorporando material de dominio público para revenderlo después. El valor no estaba en las fotos, sino en la factura que generaba cada uso. La IA rompe justo esa cadena.
El mercado se ha partido en dos. De un lado, suites puramente generativas: Adobe con Firefly, Magnific, Runway, y los modelos que se enchufan a ChatGPT o Grok. Del otro, licenciatarios de archivo como Shutterstock y la propia Getty, que intentan vender seguridad jurídica con indemnización incluida. La indemnización es el último producto que les queda y el cliente todavía no está dispuesto a pagarlo.
Hay un punto débil que el comunicado no aborda. La colección histórica es el activo más valioso que le queda a la compañía, y su comprador natural sería un laboratorio de IA dispuesto a pagar por material con derechos claros. Que eso ocurra o no depende del plan de reestructuración y de la valoración que fije el tribunal. Nadie firma eso gratis.
Analizamos el caso como lo que probablemente sea: el primer capítulo de una serie. Las empresas cuyo negocio consistía en intermediar copias tienen por delante una elección incómoda, recomprar el control que perdieron o convertirse en proveedores de quien se lo quitó. El calendario del proceso judicial marcará si el archivo acaba en manos de un laboratorio y si el resto del sector mueve ficha antes de que le toque. El próximo hito no está en un parqué, sino en el juzgado que supervise el caso, donde debe aprobarse el plan de reestructuración.




