Anthropic ya tiene su primer rating y es de ‘bono basura’, aunque del más alto posible. La agencia Kroll Bond Rating Agency (KBRA) le otorgó un BB+ en junio, un escalón por debajo del grado de inversión, según los documentos que ha consultado el diario Financial Times.
La calificación llega pocas semanas antes de la salida a Bolsa que la compañía dirigida por Dario Amodei prepara desde hace meses. Anthropic aspira a protagonizar la mayor OPV de la historia, con una valoración que las fuentes del mercado sitúan en hasta dos billones de dólares.
Kroll concede un BB+ con la información financiera justa
El informe de KBRA se emitió pese a que Anthropic entregó una información contable limitada. La agencia trabajó con los ingresos, los ingresos operativos ajustados y la previsión de facturación anual para el primer trimestre de 2026, además de una estimación interna para el segundo trimestre, según los documentos citados por el diario británico.
Faltaron dos métricas clave: el flujo de caja libre y el ebitda. Sin ellas, los analistas tuvieron que elaborar sus propias estimaciones con supuestos. Ante ese vacío, KBRA optó por construir una ‘puntuación de riesgo’ en lugar de aplicar sus modelos financieros tradicionales.
El resultado, BB+, es la nota más alta dentro del grado especulativo. Es el mejor ‘bono basura’ posible y la puerta de entrada al grado de inversión. Para una start-up con un historial contable corto, la agencia lo describe como una ‘sólida calificación’.
Un BB+ no condena a Anthropic: la sitúa en la antesala del grado de inversión cuando necesita financiación barata para su apuesta de medio billón de dólares.
De la nota al coste de financiación
Alcanzar el grado de inversión no es un asunto de vanidad corporativa. Permite reducir los costes de endeudamiento y abrir la puerta a inversores institucionales que tienen prohibido comprar deuda especulativa: aseguradoras de vida y fondos de pensiones, entre otros.
Ese acceso será determinante. La compañía prevé invertir más de 500.000 millones de dólares en recursos informáticos e infraestructura durante la próxima década. La nota de KBRA llegó justo antes de una financiación de chips de 35.000 millones de dólares liderada por Apollo.
Todo ese esfuerzo dependerá, en gran medida, de la nota que firmen Moody’s, S&P y Fitch cuando la compañía empiece a cotizar. La presión sobre las agencias es conocida. Los bancos de inversión que asesoran a Anthropic y a su rival OpenAI han empujado a las principales calificadoras para que concedan grado de inversión a los laboratorios una vez que salgan a Bolsa.
La deuda de OpenAI también ha quedado calificada como ‘bono basura’. Ese detalle enciende el debate sobre el riesgo real que asume el conjunto del sector de la inteligencia artificial.
Hay un precedente que ambos laboratorios miran de reojo. SpaceX recibió el respaldo de las agencias con su salida a Bolsa y, pocos días después, colocó una emisión de deuda de 25.000 millones de dólares. Moody’s y Fitch calificaron a la compañía de Elon Musk con Baa1 y BBB+, tres escalones por encima del grado especulativo; S&P le otorgó un BBB, un escalón por debajo.
El pulso entre los laboratorios de IA y las agencias de rating
Lo llamativo del caso es el desfase entre la marcha del negocio y el rigor del examen crediticio. En una reunión privada con inversores, Anthropic comunicó que sus ingresos del tercer trimestre ascendieron a 16.800 millones de dólares, un 46% más que en el segundo, cuando rondaron los 11.500 millones. La compañía aseguró además que alcanzó la rentabilidad. El giro es brusco.
El contraste con el ejercicio anterior es notable. En 2025, la firma registró unas pérdidas superiores a 42.000 millones de dólares. La distancia entre ambos números explica por qué el mercado sigue con lupa cada paso de unos laboratorios que todavía no han demostrado que puedan sostener sus inversiones con caja propia.
Mi lectura es que el BB+ dice menos sobre Anthropic que sobre el sector entero. Las agencias no califican aún un negocio maduro; califican una promesa con ingresos crecientes y costes desorbitados. Que KBRA haya recurrido a una puntuación de riesgo, y no a sus modelos completos, revela el grado de opacidad con el que los laboratorios de IA se acercan al mercado público.
Hay una contradicción que conviene vigilar. La misma industria que promete transformar la economía necesita el sello de solvencia de siempre para financiarse. Si las agencias ceden a la presión y conceden el grado de inversión demasiado pronto, el riesgo no lo asumirán solo las aseguradoras: lo asumirá el mercado de renta fija al completo.
Wall Street espera ahora la presentación pública del formulario S-1, que Anthropic registró de forma privada ante la SEC en junio. El reloj corre. La primera prueba de fuego no será la OPV, sino la nota definitiva que firmen las tres grandes cuando la acción ya cotice.




