Higgsfield se ha convertido en la herramienta de moda entre quienes crean contenido con inteligencia artificial. Traduce voces, genera planos que parecen rodados con varias cámaras y hasta convierte a una persona en robot. Pero Adrián Sáenz no la enfoca como un juguete para pasar una tarde de sábado: en su último vídeo sostiene que la verdadera oportunidad está en vender anuncios generados con IA a empresas, y expone un modelo con el que calcula facturar 220 dólares por cada pack de diez vídeos, con un margen del 75%.
La tesis es sencilla. Casi todas las empresas necesitan vídeo, pero muy pocas saben producirlo con inteligencia artificial. Y los costes técnicos se han desplomado. Ahí, según el youtuber, aparece un hueco de mercado que él describe como una productora audiovisual apoyada en IA.
Qué es Higgsfield y por qué unifica tantos modelos
El primer bloque del vídeo es un repaso a la herramienta. Sáenz explica que el problema de generar vídeo hoy no es la falta de modelos, sino su exceso. Cada semana aparece un generador nuevo y, si hubiera que pagarlos todos por separado, la factura se dispara. Higgsfield reune en una sola suscripción varios modelos de vídeo y de imagen. Entre los segundos, el creador menciona generadores como Nano Banana o GPT-image, nombres que no dejan de sonar en el sector.
Lo interesante, insiste, no es solo el acceso. Un modelo por sí solo devuelve clips de pocos segundos. La plataforma añade capas por encima: une un plano con el siguiente para dar continuidad, ofrece plantillas para no pelearse con el prompt y permite levantar un anuncio completo a partir de una sola imagen de producto.
El coste de producir un anuncio se ha desplomado
Durante años, grabar un spot exigía productora, cámaras, actores y equipo técnico. Eso lo hacía caro. Ahora, según Sáenz, un ordenador basta para generar piezas que parecen reales, con personas creíbles y movimientos de cámara que imitan una producción convencional. El youtuber recuerda que hasta grandes marcas han tirado de IA para sus campañas más visibles, y lo usa como señal de hacia dónde va el mercado.
La estrategia: 40 demos gratis para cerrar cuatro packs
Aquí llega el núcleo del vídeo. La propuesta de Sáenz pasa por contratar el plan más alto de Higgsfield, que ofrece 6.000 créditos. Cada anuncio consume unos 100 créditos, así que la cuenta permitiría generar alrededor de sesenta piezas. Su plan es producir 40 vídeos para 40 negocios distintos y presentárselos como 40 demos gratuitas. Después, a cada uno de esos locales se le ofrece un pack de diez vídeos por 220 dólares.
La oportunidad no está en la herramienta, sino en vender el vídeo terminado a negocios que no saben producir con inteligencia artificial.
— Adrián Sáenz
Las cuentas que hace el creador son las siguientes: si vende un pack, ya recupera lo invertido. Si convierte a uno de cada diez negocios, es decir, cuatro clientes, ingresaría unos 880 dólares al mes. Y añade un detalle logístico. Como los 40 vídeos de muestra se hicieron primero y luego cada cliente pide diez piezas más, en la práctica harían falta ochenta vídeos y no sesenta, aunque el sistema abarata el trabajo porque la IA reutiliza planos entre anuncios del mismo negocio.
Cómo se fabrica un anuncio subiendo cinco fotos
Para demostrar que no es teoría, Sáenz abre el apartado de Marketing Studio y lo hace en directo. Sube cinco fotos de unos auriculares, describe el producto y escribe un breve guion con el tono que quiere: minimalista, blanco y negro, sobrio. La herramienta devuelve una pieza de quince segundos con textos sobreimpresos y movimientos lentos de cámara. Todo el proceso cabe en un par de minutos de pantalla.
No es dinero fácil
El youtuber se esfuerza en poner freno al entusiasmo. Repite que esto no es dinero fácil. Recomienda coger los 40 vídeos y entrar físicamente en los locales, enseñarlos en persona y ofrecer la primera pieza gratis. La tecnología abarata la producción, pero la parte difícil sigue siendo la misma de siempre: encontrar clientes que paguen.
Contexto: una industria que ya juega con IA
La reflexión de Sáenz encaja con un movimiento que el sector publicitario lleva meses discutiendo. Los grandes anunciantes han empezado a probar generadores de vídeo en campañas reales, aunque con supervisión humana y presupuestos millonarios. En ese escenario, la propuesta del creador no compite con las agencias globales, sino con el fotógrafo de barrio y el freelance que graba reels para pymes. Ese es el terreno donde sus números resultan más plausibles y también más discutibles.
Conviene tomarlos como lo que son: un caso ilustrativo, no una garantía. El propio autor lo presenta como una estrategia con potencial y advierte de que requiere trabajo comercial. La productora audiovisual con IA que describe existe, pero vender exige el mismo esfuerzo que cualquier negocio de servicios.
Qué significa esto para quien lee
Para el lector de este medio, la historia deja tres ideas. La primera es que el coste de producir vídeo publicitario ya no es la barrera principal. La segunda es que la ventaja competitiva se desplaza hacia quien sabe vender, no hacia quien sabe manejar la herramienta. Y la tercera es que los márgenes que se citan solo aparecen cuando el trabajo previo de captación compensa.
También hay una lectura incómoda. Si cualquiera puede generar cien anuncios con una suscripción y unas fotos, el precio del vídeo genérico tenderá a caer. Los clientes que hoy pagan 220 dólares por un pack podrían encontrarlo más barato mañana. La estrategia funciona en la ventana actual, mientras el mercado todavía no sabe hacerlo solo.
Queda la pregunta de fondo, la que el vídeo no resuelve del todo. ¿Cuánto tiempo seguirá existiendo esa ventana?




