Los resultados de la banca en EE.UU. vuelven a batir récord en el tercer trimestre, pero el detalle de las cuentas deja un mensaje incómodo. Los propios banqueros advierten de que los tipos altos, la inflación pegajosa y los precios de los activos pueden pasar factura. Me detengo en las cifras. JPMorgan Chase, el mayor banco estadounidense por activos, ganó 15.300 millones de dólares entre julio y septiembre, frente a los 14.400 millones del mismo periodo del año anterior.
El beneficio por acción fue de 5,57 dólares, frente a 5,07 dólares un año antes. El consenso de Wall Street esperaba 5,93 dólares. Es el primer fallo de JPMorgan en casi tres años: un banco que gana más que nunca y, aun así, queda por debajo de lo descontado.
Cuatro gigantes, cuatro lecturas del mismo trimestre
- JPMorgan Chase: 15.300 millones de beneficio y 5,57 dólares por acción. Registró 658 millones en pérdidas por valores de inversión y un 12% más de gastos. Los ingresos de mercados subieron un 15%, aunque los de renta fija cayeron un 4% interanual.
- Goldman Sachs: 5.290 millones de beneficio, o 17,01 dólares por acción, frente a 4.100 millones y 12,25 dólares un año antes. Su negocio de renta variable creció un 72%, mientras el de renta fija, divisas y materias primas cayó un 24% respecto al segundo trimestre.
- Citigroup: el beneficio subió un 40% interanual y superó las expectativas, impulsado por la banca de inversión y la gestión de patrimonios. Las tarjetas se mantuvieron planas.
- Wells Fargo: 5.950 millones de beneficio, o 1,87 dólares por acción, por encima de lo previsto. La entidad sigue normalizando su actividad tras el levantamiento del tope de activos impuesto por el escándalo de prácticas de venta.
Estos cuatro bancos abren la temporada de resultados en Wall Street. Los beneficios empresariales han sido uno de los motores que han llevado al S&P 500 a máximos históricos: FactSet estima un crecimiento agregado del beneficio por acción cercano al 30% interanual, el tercer trimestre consecutivo por encima del 25%.
“La economía de EE.UU. sigue impulsada por una fuerte inversión empresarial y un gasto del consumidor sostenido. Sin embargo, los grandes déficits fiscales, la inflación pegajosa, los precios de los activos elevados, los tipos de interés al alza y la geopolítica continúan moviéndose bajo la superficie.” — Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan Chase, comunicado de resultados, octubre de 2026
El bono manda: la Fed subió tipos en septiembre
El mercado de bonos vivió un verano de volatilidad notable. Los yields del Treasury a 10 y a 30 años escalaron hasta niveles no vistos en años, con los inversores preocupados por el gasto público y la inflación. El encarecimiento del diésel, la tecnología y los alimentos dio a la Reserva Federal argumentos para subir los tipos el mes pasado, pese a la presión de la Casa Blanca.
Ahí está la contradicción de la temporada. Los bancos presentan beneficios crecientes, pero el dinero sigue encareciéndose. JPMorgan y Goldman lo han dicho con distintas palabras: la parte de mercados resiste, aunque la fotografía de fondo es más frágil de lo que sugiere el titular.
Lo que veo en la apertura de la temporada
Hay tres lecturas. La primera: el mercado ya no premia todo por igual y un beneficio por debajo del consenso pesa más que el crecimiento anual. La segunda: el consumo y la inversión en inteligencia artificial sostienen la economía estadounidense, pero concentran el riesgo en pocos sectores. La tercera es fiscal: los déficits elevados obligan a emitir deuda a tipos más altos y esa presión recorre toda la curva.
La coincidencia de beneficios récord con una Fed que vuelve a subir tipos no es un equilibrio estable. Si la inflación no cede, el escenario de tipos a la baja se aleja y con él las valoraciones de un mercado en máximos. El riesgo que los datos no resuelven es el del crédito: aún no hay señales claras de deterioro en la morosidad del consumidor, y ahí miraré las próximas entregas de los bancos regionales y de las tecnológicas.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo en España es indirecto, pero no menor. Una Fed que sube tipos y unos yields estadounidenses en máximos endurecen las condiciones financieras globales y estrechan el margen de maniobra del BCE.
- Euríbor e hipotecas: si el endurecimiento estadounidense se mantiene y el BCE retrasa sus recortes, el Euríbor a 12 meses —referencia de la mayoría de las hipotecas variables— tardará más en bajar. Cada mes de retraso encarece las cuotas de los hogares que revisan su préstamo.
- Inflación y consumo: el encarecimiento del diésel y de los alimentos que cita la Fed golpea también a la eurozona. Si la energía y los fletes siguen tensos, la desinflación europea se frena y el consumidor español lo nota en la cesta de la compra.
- Empresas del IBEX: la financiación mayorista se encarece cuando sube la prima de riesgo global. Las compañías con deuda a tipo variable o negocio en EE.UU. son las más expuestas, igual que las exportadoras que compiten con un dólar fuerte.
- BCE: la institución queda en una posición incómoda. Si la eurozona se enfría, tendrá que elegir entre apoyar el crecimiento o defender el euro frente al diferencial de tipos con Washington.




