Arabia Saudita asegura haber interceptado tres misiles lanzados por los hutíes de Yemen. Lo confirmó Turki Al-Maliki, portavoz de la coalición liderada por Riad, en declaraciones recogidas por DW Español. No es un episodio aislado: es el capítulo más violento de una guerra que llevaba meses calentándose.
El canal DW Español dedicó su espacio de análisis a este recrudecimiento. Carlos Guerrero condujo la entrevista desde Berlín; el politólogo y analista de defensa Guillermo Pulido respondió desde Gran Canaria. Su diagnóstico, en corto: lo que ocurre en Yemen no se entiende sin Irán, y tampoco sin la guerra civil yemení.
Una escalada que se gestó durante el verano
El origen inmediato, según Pulido, está en el verano. Ya entonces los líderes hutíes lanzaron mensajes hostiles contra Riad y empezaron a circular informaciones sobre aviación iraní trasladando armamento y equipo militar hacia Yemen. El 13 de julio, la coalición saudí bombardeó el aeropuerto de la capital yemení para cortar ese traslado. En el aparato viajaba, según las filtraciones de prensa que cita el analista, una delegación hutí y material militar avanzado.
Entre julio y septiembre el terreno cambió. Los hutíes declararon un embargo y ganaron posiciones en el conflicto interno, desplazando a facciones rivales. Pulido sostiene que ese avance pudo leerse en Riad como una amenaza directa. De ahí el salto de intensidad.
El fin de semana más mortífero contra territorio saudí en al menos una década dejó 17 muertos tras los ataques contra el aeropuerto de Riad, que permanecerá cerrado hasta el 17 de octubre según confirmaron las autoridades. Riad ha pedido ayuda internacional. Francia, Reino Unido y Pakistán se han comprometido a apoyar. Estados Unidos, según lo reportado, ha enviado asesores militares, pero no respalda los ataques aéreos.
De dónde sale el arsenal hutí yemení
Pulido sostiene que Irán esta detrás de casi todo el salto cualitativo del arsenal hutí. Teherán habría transferido información técnica, misiles antitanque, municiones y componentes para fabricar misiles balísticos dentro de Yemen, de medio y largo alcance, capaces de alcanzar Israel. Parte de ese tráfico es opaco, aunque informes de Naciones Unidas y detalles de ingeniería apuntan a la misma procedencia. El resultado: proyectiles lo bastante avanzados como para atravesar defensas antimisiles y golpear objetivos de alto valor.
La implicación iraní no se queda en el material. El analista menciona asesores sobre el terreno y una coordinación estrecha con la estrategia de Teherán en la región, orientada a ampliar influencia y a desgastar la presencia militar estadounidense y de sus aliados.
La probabilidad de que este conflicto se extienda por toda la región no es baja. Todo dependerá de cómo avance el pulso entre Washington y Teherán.
— Guillermo Pulido, analista de defensa
Por qué Washington prefiere mirar desde la barrera
Pulido ofrece una lectura incómoda para la Casa Blanca. Estados Unidos mantiene una tregua de facto con los hutíes después de más de un año de operaciones navales que no lograron derrotarlos. Volver a entrar en la guerra de Yemen tendría, dice, un resultado parecido al anterior: mucho daño y ninguna decisión. Y un coste añadido: los hutíes podrían complicar el tránsito de buques de guerra estadounidenses que cruzan el mar Rojo desde el Mediterráneo hacia Oriente Medio.
De ahí que Washington aporte asesores y municiones sin implicarse de forma directa. El analista lo considera acertado. Con Pakistán ocurre lo contrario en apariencia: se compromete más porque los hutíes no tienen capacidad de golpear su territorio. La geografía explica buena parte de los compromisos y de las ausencias.
El talón de Aquiles militar de Arabia Saudita
Arabia Saudita es uno de los países que más gasta en defensa. Aun así, la guerra que arrancó en 2015 y el entendimiento de paz de 2022 con los hutíes dejaron una imagen clara: su fuerza terrestre no estuvo a la altura. Pulido lo atribuye a una organización militar articulada en buena parte a través de clanes, poco profesionalizada, que se midió contra combatientes yemeníes muy fogueados. La aviación es potente aunque bastante menos capaz que la de Israel o la de Estados Unidos, cuyas campañas contra Irán, aun causando daños graves, tampoco han resultado decisivas. Mucho presupuesto, capacidad aérea real y ninguna victoria aplastante a la vista.
Del mar Rojo al estrecho de Ormuz
El tablero desborda Yemen. La estrategia iraní busca ampliar influencia y contrarrestar el peso de Arabia Saudita, Emiratos y Estados Unidos. Los ataques hutíes contra el tráfico marítimo ya demostraron que el paso de Bab el-Mandeb puede estrangularse. La lógica es la misma que mantiene en vilo al mercado energético: si la escalada salta al estrecho de Ormuz, por donde sale buena parte del crudo del Golfo, el golpe deja de ser regional.
Para el lector, la pregunta relevante no es quién gana en Yemen, sino cuánto cuesta que nadie gane. Un conflicto enquistado encarece los seguros marítimos, alarga rutas comerciales y presiona los precios de la energía. Cada cierre de infraestructura, como el del aeropuerto de Riad, añade una capa de incertidumbre sobre una región que ya acumula varias tensiones abiertas. La diferencia con episodios anteriores está en el grado de exposición: los hutíes han demostrado capacidad para golpear objetivos de alto valor y para sostener la presión durante meses. Pulido lo resume en clave de equilibrio: el conflicto se intensificará o se contendrá según cómo evolucione la guerra entre Estados Unidos e Irán. Si Washington reduce el potencial iraní y corta el flujo de equipo militar, la guerra se mantendrá acotada; si ocurre lo contrario, la región entera lo notará. La tregua de facto entre Washington y los hutíes es, hoy, el principal amortiguador. Y también el más frágil.
Queda por ver si la mediación internacional llega antes que el próximo ataque. La advertencia hutí a Washington fue explícita: una intervención tendría respuesta rápida y dolorosa. Con el aeropuerto de Riad cerrado hasta el 17 de octubre, la pregunta ya no es si habrá una siguiente fase, sino quién la va a pagar.




