Desde el espacio, el cráter Spider parece un arácnido petrificado sobre el suelo ocre de Australia Occidental. La NASA acaba de publicar la imagen que el satélite Landsat 9 captó el 20 de septiembre de 2026 sobre la región de Kimberley, y el parecido con una araña no es una licencia divulgativa: es lo primero que anota cualquier geólogo que se asoma a la fotografía.
La estructura completa dibuja un óvalo de 13 kilómetros por 11. El cuerpo arácnido, del que irradian las patas, mide unos 4 kilómetros de lado a lado: la distancia que un excursionista a paso firme tardaría cerca de una hora en recorrer. La imagen llegó al público como respuesta al enigma del mes de octubre que plantea el NASA Earth Observatory, y la explicación resultó tan llamativa como el propio dibujo del terreno.
Un impacto que dejó un esqueleto de arenisca
Las patas claras que salen del centro son crestas de arenisca. Han sobrevivido allí donde las capas de roca que las rodeaban se han ido desintegrando tras cientos de millones de años de desgaste. Lo que vemos hoy desde la órbita no es el cráter tal como quedó justo después del impacto, sino el armazón resistente de aquel episodio.
Los geólogos sostienen que ese patrón arácnido es el resto de un levantamiento central: la porción del fondo del cráter que se elevó cuando el terreno rebotó tras la sacudida inicial. Es un fenómeno habitual en los grandes impactos, pero pocas veces queda tan a la vista. Aquí, la erosión ha hecho el trabajo de un bisturí, retirando el relleno y dejando al descubierto la anatomía interna de la estructura.
Durante décadas, los científicos tuvieron problemas para explicar cómo se había formado. Algunos propusieron un origen volcánico. Fue el trabajo de campo el que zanjó el debate: los geólogos encontraron conos de fractura, unas grietas en abanico que solo aparecen cuando una onda de choque intensa atraviesa la roca. Esos conos salpican la cúpula central del cráter Spider.
Lo que el satélite captó no es el golpe del meteorito, sino lo que quedó después de que la erosión retirara casi todo lo demás.
Cómo se dató un cráter de hace 900 millones de años
Determinar la edad del impacto no ha sido sencillo. No hay una fecha escrita en la roca que uno pueda leer de un vistazo. Los análisis de laboratorio de cuarzo y cristales de circón deformados por la presión han permitido, en cambio, reconstruir el ángulo con que llegó el meteorito. La datación es más escurridiza.
Las estimaciones basadas en las rocas de la región sitúan el impacto entre 600 y 900 millones de años atrás, en pleno Precámbrico tardío. Para ponerlo en contexto: en aquella Tierra no existía ningún animal que caminara sobre el planeta, y faltaban aún más de 300 millones de años para que aparecieran los primeros dinosaurios. La vida era, sobre todo, microbiana.
Ese margen de 300 millones de años es, en términos geológicos, notablemente amplio. Refleja la dificultad de fechar estructuras tan antiguas, donde los relojes radiactivos habituales no siempre ofrecen la precisión que uno querría. No es una carencia del estudio. Es la naturaleza del registro geológico cuando se retrocede tanto en el tiempo.
Lo que el cráter Spider enseña sobre los impactos antiguos
La Tierra conserva muy pocos cráteres de impacto comparables. La tectónica de placas, el viento y el agua borran esas cicatrices a un ritmo que, en escalas de cientos de millones de años, equivale a pasar una lija sobre el planeta entero. Por eso el cráter Spider resulta tan valioso: es uno de los pocos testimonios que sobreviven del Precámbrico tardío, una época de la que apenas tenemos ventanas abiertas.
La solidez de la interpretación es notable. La cadena de evidencias encaja: conos de fractura sobre el terreno, cuarzo y circón deformados en el laboratorio, crestas de arenisca que no se explican sin un rebote central. Cada pieza apunta en la misma dirección. Eso sí, conviene no exagerar. La fecha exacta del impacto sigue siendo una horquilla que abarca varios cientos de millones de años, y cerrarla requerirá técnicas independientes.
El mecanismo, en cambio, está claro. Un meteorito golpeó el terreno con una violencia tal que la roca se comportó, durante unos segundos, casi como un líquido. El suelo se hundió, se agrietó y luego rebotó hacia arriba, elevando ese domo central que hoy dibuja el cuerpo del arácnido. Cientos de millones de años después, la erosión retiró las capas más frágiles y dejó al descubierto las más duras. El resultado es esta figura que parece diseñada a propósito.
La fotografía forma parte de la serie diaria del observatorio, generada con los datos del Operational Land Imager del Landsat 9, un instrumento fruto de la colaboración entre la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos. La imagen fue procesada por Michala Garrison a partir de datos de la USGS, y el texto que la acompaña lo firma Lindsey Doermann.
Para quien quiera seguir la pista, el archivo del Earth Observatory mantiene abiertas las referencias técnicas, incluidas las publicaciones firmadas por Cox en Meteoritics & Planetary Science y por Abels en el Australian Journal of Earth Sciences. La próxima imagen del día aparecerá en el mismo catálogo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: una nueva imagen del cráter Spider, estructura de impacto con crestas radiales en forma de araña, captada desde el espacio.
- Dónde: región de Kimberley, Australia Occidental.
- Institución responsable: NASA Earth Observatory, con datos del satélite Landsat 9 (NASA y USGS).
- Cuándo: imagen captada el 20 de septiembre de 2026 y publicada como respuesta al enigma del mes de octubre.
- Impacto a futuro: ayuda a reconstruir cómo se forman y se erosionan los grandes cráteres de impacto antiguos, clave para leer el registro geológico terrestre.




