Volotea entra en preconcurso de acreedores y descarta el ‘caso Spanair’: seguirá volando

Schmilovic atribuye el desplome a los costes del combustible derivados del conflicto de Irán y sitúa la salida del proceso en tres o cuatro meses. La aerolínea arrastra siete ejercicios consecutivos en pérdidas y un patrimonio neto negativo de 570 millones.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Volotea se ha acogido al preconcurso de acreedores, la vía legal que concede a una empresa un plazo de negociación con sus deudores antes de que un juez decida si la declara en concurso.
  • ¿Quién está detrás? La aerolínea negocia con la banca y con la SEPI, el holding público al que debe los 200 millones del rescate de 2022. Facua pide a los clientes que no compren billetes.
  • ¿Qué impacto tiene? Volotea mantiene su operativa y promete que seguirá volando, pero acumula siete años de pérdidas y un patrimonio neto de 570 millones en rojo.

Volotea ha entrado en preconcurso de acreedores con un patrimonio neto negativo de 570 millones de euros. La aerolínea negocia con bancos y organismos públicos un plan de viabilidad para evitar el concurso, y sostiene que seguirá volando con normalidad.

El detonante contable está en el cierre de 2025. La compañía perdió 94,2 millones de euros el año pasado, una cifra muy superior a los 64 millones que había comunicado en primera instancia. Ese desfase entre el dato real y el anunciado estrecha el margen de maniobra ante los acreedores y desmiente la versión más amable que la empresa había trasladado al mercado.

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A eso se suma la deuda pública. Volotea firmó con la SEPI —el holding estatal que canaliza los rescates empresariales— un préstamo de 200 millones en 2022 que ahora se reclama íntegro. Esa cifra es el nudo central de la negociación y el punto donde el propio Estado aparece como acreedor privilegiado.

Lo que el plan de viabilidad pone encima de la mesa

El documento que la aerolínea discute con sus acreedores contempla tres frentes abiertos: una reestructuración de la deuda, una reducción de la flota y recortes de plantilla. Los tres apuntan al mismo objetivo, rebajar la estructura de costes para hacer viable la operación antes de que se agote el plazo legal del preconcurso.

Gabriel Schmilovic, director de estrategia de la compañía, atribuye el desplome a factores externos. En declaraciones a El Correo, sitúa ‘la principal razón’ de los problemas en ‘las dificultades geopolíticas’, en referencia al conflicto de Irán, que ha disparado el precio del combustible. De ahí, sostiene, la fórmula elegida: ‘Es una situación de la que esperamos salir en tres o cuatro meses’.

Facua contra Schmilovic: el pulso por los billetes

La organización de consumidores Facua recomienda no comprar billetes hasta que se aclare la situación financiera, una advertencia que la aerolínea rechaza de plano. Schmilovic muestra su ‘sorpresa’ ante ese planteamiento y asegura que el reajuste necesario ya se ha hecho y que no habrá más cancelaciones. El posicionamiento de la asociación puede seguirse en la web de Facua.

La defensa de Volotea se apoya en una promesa difícil de auditar: que el ajuste ya está hecho y que el servicio no se tocará mientras se negocia la deuda.

La compañía insiste en que los clientes ‘pueden tener la absoluta confianza’ en que prestará servicio. ‘Volotea es una empresa con una sólida trayectoria’, añade el directivo. La operativa real, según su versión, se mantiene intacta, y anima a seguir comprando a través de la web oficial de Volotea.

Schmilovic rechaza cualquier paralelismo con Spanair. La aerolínea catalana cesó operaciones de forma abrupta en 2012 y dejó en tierra a decenas de miles de pasajeros. Volotea sostiene que su caso ‘no tiene nada que ver’ porque, argumenta, ha acudido al preconcurso precisamente para garantizar la continuidad del servicio.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto del preconcurso de Volotea recae en primer lugar sobre el bolsillo del viajero. Quien tenga un billete comprado mantiene, en principio, su derecho al vuelo, pero la recomendación de Facua tensiona la decisión de compra futura y presiona la caja de la aerolínea justo cuando más la necesita para negociar.

La zona cero es el mercado de vuelos domésticos y de conexión con Canarias y Baleares, donde Volotea compite con Ryanair, Vueling y Air Europa. Una eventual retirada dejaría huecos en rutas secundarias que las grandes no siempre cubren, y ese es el argumento que la compañía esgrime para pedir una salida ordenada.

El dato que resume el momento es la deuda de 200 millones con la SEPI. Ahí se cruzan el interés público —no perder el dinero del rescate— y la viabilidad de la aerolínea, que necesita aplazar ese pago para respirar.

El precedente más cercano no es Spanair, sino la propia historia del rescate público. La SEPI ya ha pilotado reestructuraciones en aerolíneas a través de préstamos participativos, y el desenlace de Volotea dependerá de si el Estado acepta una quita o un calendario blando. La próxima cita está en el propio calendario del preconcurso: si en tres o cuatro meses no hay acuerdo, el proceso desemboca directamente en concurso de acreedores.


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