Banco de España anticipa una inflación alta en España hasta 2028 y alerta sobre la vivienda

El supervisor cifra en el 3,9% la inflación de este ejercicio por el encarecimiento de la energía. Las restricciones en la construcción mantendrán la vivienda cara aunque el PIB crezca más.

El Banco de España anticipa una inflación elevada en España hasta 2028. El organismo añade una segunda advertencia en el mismo informe: las restricciones en la construcción de vivienda no se van a relajar aunque el crecimiento del PIB repunte. Los precios de la energía, tensionados por la guerra en Irán, están en el origen del diagnóstico.

La energía llevará la inflación al 3,9% este año

La energía tira de los precios. El supervisor cifra en el 3,9% el cierre de la inflación de este ejercicio, empujado por el encarecimiento del crudo y de sus derivados, tal y como recogen las proyecciones del Banco de España.

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El encarecimiento golpea primero a las industrias intensivas en energía —transporte, química, cerámica y alimentación— y después al consumidor final. No todas las empresas lo encajan igual: las que pueden repercutir el coste al cliente aguantan mejor que las que compiten con márgenes finos, como la distribución alimentaria.

Las proyecciones dibujan un escenario incómodo. La economía española crecerá más de lo que se esperaba, pero lo hará con precios cada vez más altos. Es la paradoja del buen alumno europeo: la que mejor resiste en el cuadro macro y la que peor lo nota en la caja del supermercado.

Medios como El Correo y El País sitúan el suelo de precios disparados hasta 2027. Otros, como ABC y El Mundo, extienden la alerta hasta 2028. La discrepancia de fechas no es menor: marca cuántos ejercicios con los márgenes comprimidos tendrán que encajar las empresas antes de ver una normalización real.

La vivienda, el cuello de botella que el PIB no resuelve

El Banco de España avisa de la persistencia de restricciones en la construcción de viviendas. Traducido al mercado: se levantará menos obra nueva de la que se necesita, y ese desequilibrio entre oferta y demanda mantendrá los precios altos.

Crecer más no abarata nada mientras la oferta de vivienda siga atada de pies y manos, por mucho que el PIB sorprenda al alza.

No es un problema de un trimestre. Llevamos años con licencias lentas, suelo caro, costes de materiales al alza y falta de mano de obra especializada. El crecimiento del PIB no arregla ninguno de esos cuatro frentes; como mucho, los hace más visibles al atraer más demanda.

El Banco de España lleva tiempo señalando el mismo problema en cada informe. No es una opinión política ni una soflama sobre el mercado inmobiliario: es la constatación de que la oferta no reacciona al precio. Mientras no lo haga, cualquier ayuda pública a la demanda acabará, con casi total seguridad, en el bolsillo del vendedor.

Para el comprador, el mensaje es directo. Si esperaba una corrección del precio de la vivienda tras la subida de los tipos de interés, el informe del supervisor no se la promete. La restricción de la oferta pesa más que cualquier enfriamiento de la demanda.

Banco de España previsiones

Un crecimiento con precios altos: la trampa del buen alumno

Hay algo que conviene subrayar. España puede liderar el crecimiento europeo y, al mismo tiempo, ser uno de los países donde más duele el día a día. Ambas cosas caben en la misma frase, y el Banco de España las coloca juntas. El buen dato del PIB no compensa la factura del súper ni la cuota de la hipoteca.

No es una alerta abstracta. Afecta a la nómina de quien compra, al margen de quien vende y al coste de financiación de quien invierte. Con la inflación instalada por encima del 3% durante varios ejercicios, las decisiones de gasto se vuelven más conservadoras y la inversión, más selectiva.

El riesgo es de secuencia. Una inflación que no baja del 3% hasta 2028 va erosionando el poder de compra de los salarios, aunque estos crezcan. Y si el empleo se enfría antes de que los precios cedan, el consumo interno perdería el motor que hoy sostiene buena parte de la actividad.

La paradoja tiene un nombre técnico: inflación pegajosa. No es estanflación, porque la economía avanza, pero se le parece lo suficiente como para que los bancos centrales no puedan relajar la guardia. Cada recorte de tipos que se retrase encarece la financiación de familias y empresas.

Existen precedentes que invitan a la cautela. Cada vez que España ha dado por controlada la inflación demasiado pronto, el precio del petróleo o el de los alimentos la ha devuelto a la primera plana. La diferencia ahora es que el cuadro macro mejora y, aun así, el supervisor mantiene la alerta varios años más.

Mercado laboral y coste de la energía. Esas son las dos variables que decidirán si las previsiones se cumplen o se quedan cortas. El próximo dato relevante llegará con la actualización trimestral del cuadro macro del propio Banco de España, ya en 2027, y con ella sabremos si la inflación empieza a ceder o si el suelo de precios se ha convertido en el nuevo normal.


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