El hielo marino antártico tocó techo el 14 de septiembre de 2026 con 17,59 millones de kilómetros cuadrados. La NASA y el National Snow and Ice Data Center (NSIDC) confirman ahora que se trata de la tercera extensión máxima más baja desde que en 1978 comenzara el registro satelital, un dato que consolida el giro del hemisferio sur hacia un océano Austral cada vez menos blindado por el hielo.
Un techo de hielo equivalente a 35 veces España
La superficie medida ese día equivale a 35 veces la extensión de España y supera a la del propio continente antártico. Solo dos máximos anuales en casi medio siglo de registro han quedado por debajo, y uno de ellos fue el de 2023, que firmó el récord absoluto a la baja de toda la serie.
El hielo marino del sur no se comporta como el del Ártico. Allí un océano aparece rodeado de continentes; aquí es un continente el que queda rodeado por un océano. Esa geografía le da al hielo más espacio para expandirse durante el invierno austral, pero también lo empuja hacia latitudes más cálidas, donde el verano lo funde con más facilidad. Por eso el máximo llega siempre en septiembre y el mínimo, en febrero.
Para contar cuánto hielo hay, los científicos no miden el grosor sino la extensión: cada zona del mapa cuenta como helada si al menos el 15% de su superficie está cubierta de hielo. Es una regla parecida a dar por llena un aula cuando uno de cada siete asientos tiene ocupante. La cifra que publica la NASA es, sencillamente, la suma de todas esas zonas.
La serie histórica dibuja un giro. Entre 1979 y 2014, el hielo antártico creció alrededor de un 1% por década, justo mientras el Ártico se deshacía, y entre 2012 y 2014, los satélites llegaron a anotar tres récords consecutivos al alza. El ascenso se detuvo en 2015. Las caídas significativas arrancaron en 2016 y, desde entonces, la cobertura ha permanecido casi siempre por debajo de lo normal, con rebotes puntuales. El año 2023 firmó a la vez el mínimo y el máximo más bajos de toda la serie.
Un máximo que se queda corto dice más que cualquier mínimo: el invierno austral ya no fabrica tanto hielo como antes.
Cómo se ve el hielo marino a través de las nubes

La medición no depende de un cielo despejado. Los satélites emplean sensores de microondas pasivas que leen la energía que la Tierra emite de forma natural: el hielo marino irradia más que el agua abierta, así que destaca en las imágenes sin necesidad de luz visible. Y como las microondas atraviesan las nubes, el registro no se interrumpe por mal tiempo. La serie arrancó a finales de 1978 con el Nimbus-7 de la NASA, continuó con los satélites del Defense Meteorological Satellite Program desde 1987, sumó el Aqua entre 2002 y 2011 y, desde 2025, incorpora las observaciones del GCOM-W de la agencia japonesa JAXA.
El resultado es un archivo de casi medio siglo y una colección de imágenes compuestas que firma Michala Garrison para el Earth Observatory. La serie completa puede consultarse en el informe del Earth Observatory de la NASA.
Lo que este tercer máximo dice y lo que todavía no puede decir
La Antártida fue durante años la anomalía incómoda del clima polar. Mientras el hielo ártico se desplomaba, el austral subía, y ese desacuerdo alimentó todo tipo de lecturas. El giro de 2016 cambió el guion. Eso sí, la comunidad científica mantiene la prudencia: la variabilidad de un año a otro es tan grande en el hemisferio sur que el antiguo aumento del 1% por década resultaba menor que el vaivén normal entre inviernos.
Por eso una sola cifra no cierra ningún debate. El máximo de 2026 es el tercero más bajo, pero también es un año dentro de una serie irregular, y el propio mínimo de febrero y marzo de este año quedó cerca de la media histórica, según el NSIDC. La pregunta abierta es si la caída es tendencia de fondo o una oscilación estadística más larga de lo habitual. Nadie tiene todavía la respuesta, y conviene decirlo sin adornos.
La diferencia importa porque el hielo marino no es solo paisaje. Regula cuánta luz solar entra en el océano, sostiene la red de kril que alimenta a ballenas y pingüinos y sirve de plataforma de cría a especies como el pingüino emperador. Hielo marino, conviene recordarlo, es agua de mar congelada que flota; no es lo mismo que los glaciares ni que las plataformas de hielo continentales, que descansan sobre tierra y responden a otras dinámicas. Quien quiera fijar el concepto puede repasar qué distingue al hielo marino del hielo terrestre.
El siguiente hito ya tiene fecha. La banquisa austral empezará a retroceder en las próximas semanas y alcanzará su mínimo anual en febrero de 2027, cuando la NASA y el NSIDC publiquen la nueva cifra. Será entonces cuando se compruebe si el tercer techo más bajo del registro fue un escalón más de un descenso sostenido o solo una muesca en una serie que, desde 1979, no ha dejado de sorprender a quien la mira con atención.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: el hielo marino antártico alcanzó su extensión máxima anual el 14 de septiembre de 2026 con 17,59 millones de kilómetros cuadrados, la tercera más baja del registro satelital.
- Dónde: océano Austral, en el anillo de mar helado que rodea el continente antártico.
- Institución responsable: NASA Earth Observatory y National Snow and Ice Data Center (NSIDC), con datos de los satélites Nimbus-7, DMSP, Aqua y GCOM-W.
- Cuándo: máximo registrado el 14 de septiembre de 2026; informe publicado en octubre de 2026.
- Impacto a futuro: un océano Austral con menos hielo en su pico invernal altera el balance energético del hemisferio sur y obliga a vigilar si la caída iniciada en 2016 se consolida como tendencia.




