El gasto en centros de datos ya equivale al 0,8% del PIB de Estados Unidos. La cifra, relativa al primer trimestre de 2026, procede de los cálculos de Epoch AI y coloca la inversión en infraestructura de inteligencia artificial a la altura de sectores industriales enteros del país.
Claves de la operación
- El 0,8% del PIB se queda corto como termómetro. La obra in situ representa en torno al 20% del coste de un centro de datos. El resto son servidores, chips y redes que ese porcentaje no recoge.
- La construcción ajena a la IA cae un 3,8%. Vivienda y oficinas retroceden mientras los centros de datos se convierten en el único sostén privado del sector en Estados Unidos.
- España replica el modelo con otro calendario regulatorio. Los proyectos de Aragón y la presión sobre la red eléctrica anticipan el mismo choque entre inversión y territorio que ya se ve en EEUU.
La única obra privada que no se ha parado en Estados Unidos
Desde diciembre de 2023, el gasto anualizado en construir centros de datos pasó de unos 24.000 millones de dólares a más de 75.000 millones en julio de 2026. Son 51.000 millones más en dos años y medio, según los datos del U.S. Census Bureau que maneja el inversor Steve Rattner. En ese mismo periodo, el gasto en levantar todo lo demás cayó 120.000 millones.
El Census Bureau separa los centros de datos de las oficinas desde 2024 por una razón contable evidente: mezclados, distorsionan la fotografía del sector. En abril de 2026 la obra de centros de datos superó por primera vez a la de oficinas tradicionales, con 50.700 millones frente a 43.800, y desde entonces la brecha no ha dejado de abrirse.
La cartera pendiente explica el desfase. La consultora JLL cifra en 66 GW la capacidad de centros de datos en construcción en EEUU, con una ocupación del 99%. A ese ritmo, encontrar un electricista libre es un problema de mercado, y los plazos de entrega se estiran en cada nuevo proyecto.
El ladrillo es el 20% del coste: el resto es silicio
El gráfico de la construcción mide solo la obra in situ. Servidores, chips y redes quedan fuera del cálculo y concentran alrededor del 80% del desembolso total, según la estimación de Cushman & Wakefield. El 0,8% del PIB es la punta visible de una inversión bastante mayor.
La patronal AGC lo resume con crudeza: únicamente los centros de datos, la energía y las carreteras mantienen a flote el gasto total en construcción. El agregado cayó un 3,8% en julio respecto a 2025, arrastrado por la vivienda y las oficinas tradicionales.
Quitar los centros de datos de la ecuación no deja una economía algo más lenta; deja una economía que ya no crece.
El diagnóstico se apoya en dos análisis. Deutsche Bank señala que la inversión empresarial ajena a la IA lleva plana desde 2019, de modo que sin el motor de la inteligencia artificial no habría relevo inversor a la vista. El economista de Harvard Jason Furman apuntó hace casi un año que, sin ese empuje, el crecimiento no sería nulo solo porque habría tipos de interés y electricidad más baratos tirando de otros sectores.
Del IBEX 35 a la factura de la luz: quién cobra y quién paga
En el IBEX 35 la película se sigue por dos vías. La primera es la constructora: ACS, a través de Turner, y Ferrovial son la vía cotizada española al ciclo de obra estadounidense, con contratos ligados a instalaciones de hyperscalers. La segunda es energética. Cada centro de datos es un cliente intensivo de electricidad, y ahí entran Iberdrola y Endesa con carteras de suministro a largo plazo para operadores de colocation.
La concentración es el punto débil de todo el relato. El beneficio queda en manos de un puñado de operadores que afrontan tres escollos simultáneos: consumo energético, burocracia y oposición vecinal. En España, los proyectos de Zaragoza, El Burgo de Ebro y Villanueva de Gállego, ligados a Amazon, han generado plataformas locales contrarias, y el debate sobre quién paga el refuerzo de la red llega con retraso respecto a Estados Unidos.
La conexión a la red se ha convertido en el filtro real de qué se construye y qué no. En el mercado español, la cola de solicitudes de acceso es hoy el cuello de botella que decide los proyectos viables, por delante del suelo o de la financiación. Es el mismo patrón que en EEUU, solo que con menos capacidad instalada y más presión administrativa.
¿Estamos ante una burbuja? La pregunta útil es qué parte del capex responde a demanda real y qué parte a una carrera defensiva entre gigantes que no pueden permitirse quedarse fuera. La concentración del gasto en pocas manos hace que cualquier corrección sea sistémica: si uno de esos operadores recorta su plan de inversión, el golpe se transmite a constructores, fabricantes de equipos y, por vía del PIB, al conjunto de la economía estadounidense.
Seguimos de cerca los próximos datos mensuales del Census Bureau y el cierre del ejercicio. Si la brecha entre obra de centros de datos y el resto de la construcción privada, deja de crecer, el argumento del sostén se debilita rápido.




