Donald Trump anunció este viernes que Rusia entregará diésel a Estados Unidos y al resto del mundo para contener la escalada de precios de la energía. El Kremlin confirmó el pacto horas después. En su programa de economía, DW Español desmenuza un anuncio que mezcla alivio para los transportistas, una grieta en el régimen de sanciones y un calendario electoral que aprieta.
El anuncio y las cifras del acuerdo
Después de una conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente estadounidense escribió en sus redes sociales que Moscú enviará de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel al mercado estadounidense y global, y otras 500.000 toneladas a lo largo de noviembre. La corresponsalía de DW Español en Nueva York matiza que Trump llegó a cifrar el volumen total en hasta tres millones de toneladas, algo más de 35 millones de barriles.
Para que ese combustible pueda cruzar fronteras, el Departamento del Tesoro anunció una licencia temporal que autoriza las compras de diésel ruso al menos hasta el 7 de abril. El programa subraya que no se conocen los detalles de la negociación entre ambos presidentes ni las condiciones concretas del suministro.
Una brecha en el muro de sanciones
No es un detalle menor. Washington dejó de comprar combustible ruso en la primavera de 2022, cuando la invasión de Ucrania desató la batería de castigos occidentales. Poco después, a comienzos de 2023, la Unión Europea cerró sus puertas a los refinados de Moscú y el G7 fijó un tope de precio para esos productos. La licencia del Tesoro abre, en la práctica, una excepción dentro de ese régimen de sanciones.
El diésel que sube un 70% y aprieta la campaña
El diésel, además, no es un producto cualquiera: mueve el transporte de mercancías, la maquinaria agrícola y buena parte de la cadena de precios. DW Español subraya que su cotización acumula un 70% desde febrero, empujada por la guerra en Irán y por los ataques contra refinerías en Oriente Medio y en territorio ruso.
En Estados Unidos el precio del diesel se mantiene cerca de máximos históricos, y eso ocurre a menos de un mes de las elecciones de medio mandato. La cadena alemana recuerda que la popularidad del presidente se ha deteriorado y que hasta un 65% de los adultos cree que el país va peor por sus decisiones. Los agricultores, castigados por el encarecimiento del combustible y de los fertilizantes, tampoco esconden su malestar.
El diésel es clave para la inflación global, para el transporte y para la agricultura, y en Estados Unidos se mantiene en máximos históricos a menos de un mes de las urnas.
— DW Español
Las dudas: capacidad rusa y el cálculo de Putin
Queda la pregunta incómoda. Varios analistas citados por el programa dudan que Rusia tenga capacidad real para colocar semejante volumen en el mercado y recuerdan el precedente de México, que restringió sus ventas al exterior para atender su propia demanda interna. Tampoco hay certeza sobre cuánto tardaría el diésel en llegar a los surtidores.
En paralelo, se especula con la lectura geopolítica: una parte de los analistas ve en el gesto una maniobra de Putin para dividir a los aliados de Ucrania y romper el aislamiento energético al que Europa le había empujado. Una oferta mayor debería aliviar el precio y dar un respiro a los transportistas que hoy pierden dinero en cada trayecto, aunque el propio DW Español admite que es poco probable que eso dé la vuelta a las encuestas.
Qué significa para los mercados
Puestos a leer el anuncio con distancia, hay tres cosas que conviene retener. La primera es que el precio del diésel se ha ganado un lugar en la política estadounidense que no tenía desde hacía décadas: cualquier medida que lo baje, aunque llegue desde Moscú, se presenta como una victoria. La segunda es que la arquitectura de sanciones contra Rusia deja de ser un bloque monolítico. Una licencia con fecha de caducidad es, en la práctica, un mensaje a los mercados: las reglas se pueden suspender cuando la inflación aprieta. La tercera tiene que ver con el tablero energético. Si el diésel ruso vuelve a circular con permiso de Washington, Europa tendrá que decidir si mantiene su propia prohibición o si la presión de los precios termina abriendo grietas también en Bruselas. Para el lector, el asunto aterriza en el recibo de la luz y en el coste del transporte, pero también en algo menos visible: la credibilidad de un sistema de sanciones que se vendía como irreversible.
No fue el único frente que el programa repasó. Bruselas y Pekín cerraron un principio de acuerdo para reequilibrar su déficit comercial, con China comprometida a moderar sus exportaciones de coches híbridos y la UE dispuesta a facilitar licencias de tierras raras. También destacó la recuperación de las exportaciones brasileñas de café, un 3,1% más en septiembre, después de que Washington excluyera el grano de sus aranceles adicionales. La foto completa es la de unos mercados que se reordenan a golpe de excepción arancelaria.
Queda por ver si las toneladas prometidas llegan, si los precios ceden y si el electorado lo nota antes de votar. DW Español deja la pregunta abierta, sin respuesta. Mientras tanto, el diésel sigue siendo el termómetro de casi todo.
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