La crisis de la memoria RAM DDR4 vuelve al primer plano del mercado de PC. Intel, AMD y Gigabyte preparan nuevos procesadores y placas compatibles con la memoria de generación anterior para frenar un encarecimiento que ya condiciona la decisión de compra de millones de usuarios.
Claves de la operación
- Intel y AMD recuperan el soporte DDR4 en sus próximas CPU. Ambos fabricantes preparan procesadores compatibles con la memoria antigua, más barata que la DDR5, según The Verge.
- Gigabyte reactiva el formato dual en dos líneas de placas LGA 1700. La firma taiwanesa confirma soporte para procesadores ‘próximos’ sobre un zócalo que Intel había reservado a la DDR5 desde 2024.
- El coste de actualizar un equipo se convierte en el eje del negocio. Cuando la memoria sube, la plataforma que se elige pesa más que cualquier especificación de catálogo.
El encarecimiento de la DDR5 devuelve el mercado a la DDR4
El zócalo LGA 1700 de Intel nació en 2021 con los procesadores Alder Lake de duodécima generación. El LGA 1700 llegó al mercado con soporte dual para DDR4 y DDR5. La compañía cerró esa puerta en 2024 y apostó por la memoria nueva en exclusiva. La decisión tenía sentido mientras el precio de la DDR5 bajaba.
No ha bajado. La tensión sobre la producción de memoria se ha trasladado al precio final, y el usuario doméstico lo nota cada vez que calcula el coste de renovar su equipo. Ahí está la raíz del giro: cuando actualizar cuesta más que comprar, el mercado busca refugio en la generación anterior.
En esta redacción lo leemos como un síntoma, no como una solución. La marcha atrás hacia la DDR4 responde al precio, no a una mejora técnica. Intel y AMD no están lanzando una arquitectura nueva: reabren una plataforma antigua porque es la única forma de que el cliente siga comprando memoria.
La paradoja es que la DDR5 nunca había sido tan deseable. Los fabricantes han orientado su catálogo a presentarla como la base del PC con inteligencia artificial local, y esa narrativa ha funcionado en la gama alta. El problema es que el relato no paga la factura de una actualización de gama media.
El cálculo es sencillo para el bolsillo. La DDR4 lleva años en el mercado y su producción está amortizada, mientras la DDR5 arrastra el coste de una tecnología más reciente y de una demanda industrial que compite por la misma capacidad de fábrica. Esa diferencia se traslada al precio final de cada módulo.
Resucitar la DDR4 no arregla la escasez de memoria; solo reparte el coste entre quien ya no puede permitirse la generación nueva.
Gigabyte reactiva el LGA 1700 y reabre el pulso entre DDR4 y DDR5

La confirmación llegó el viernes. Gigabyte anunció que dos de sus líneas de placas base darán soporte a procesadores ‘próximos’ construidos sobre el Intel LGA 1700. Traducido: el ensamblador vuelve a ofrecer placas con doble formato de memoria, tal y como recoge The Verge. Es la primera señal pública de que la industria se prepara para una vuelta masiva al estándar antiguo.
El movimiento no es anecdótico. Gigabyte compite codo con codo con ASUS y MSI en el mercado de placas base, y en ese segmento el precio de la memoria condiciona la venta cruzada. Una placa compatible con DDR4 vende más cuando la DDR5 se ha vuelto prohibitiva. Gigabyte se adelanta a sus rivales en un nicho que parecía cerrado.
La lógica industrial es clara. Si el cliente no puede pagar la memoria nueva, no compra procesador, y ahí Intel y AMD pierden por partida doble: no venden chip ni mueven a su socio de placa base. Reabrir el soporte DDR4 protege el volumen en la gama de entrada, la más sensible al precio.
La escasez de memoria devuelve el reloj atrás en toda la cadena del PC
El episodio conecta con un patrón conocido en el mercado español. La crisis de semiconductores de 2020 y 2021 ya demostró que un cuello de botella en un solo componente puede retrasar entregas y disparar precios en toda la cadena, desde el ensamblador hasta la tienda de barrio. Entonces el problema fue la producción. Ahora es el precio.
Hay un riesgo evidente en la maniobra. Reactivar la DDR4 fragmenta el parque instalado y complica la hoja de ruta de los fabricantes. Mantener dos formatos vivos encarece la producción de placas y obliga a gestionar dos inventarios de memoria en un momento en el que la logística ya está tensionada.
Para el consumidor, la lectura es ambivalente. A corto plazo, puede actualizar sin cambiar de memoria. A medio plazo, compra una plataforma con los años contados, porque ningún fabricante garantiza que la DDR4 siga viva más allá de esta generación puente. El ahorro de hoy es la obsolescencia de mañana.
Queda la pregunta de fondo. Ninguno de los tres fabricantes han dado cifras de volumen ni fechas concretas de lanzamiento, y sin esos datos es pronto para anticipar el alcance del movimiento. Seguimos de cerca la próxima presentación de producto de Intel y la respuesta de AMD: ahí se verá si la DDR4 es un puente o una retirada.




