El Abric Romaní ha devuelto lo que casi nunca sobrevive: la madera trabajada por los neandertales. Cuarenta años de excavaciones en este abrigo de Capellades (Barcelona) han permitido recuperar unas 600 piezas e impresiones de madera repartidas en 16 niveles arqueológicos.
Estamos ante un acantilado de travertino en el risco del Capelló, un corredor natural que conectaba el interior de Cataluña con la costa. Lo descubrió en 1909 Amador Romaní y se excava de forma sistemática desde 1983. El equipo del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), dirigido durante décadas por Eudald Carbonell, presenta ahora el análisis de los materiales, coordinado por Palmira Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili. El trabajo se publica el 7 de octubre en Science Advances.
Seiscientos restos y dos lanzas: la tecnología de madera del Abric Romaní
De los alrededor de 600 restos, la mayoría son troncos, ramas, ramitas, raíces y acumulaciones de leña, material que llegó al abrigo sin intervención humana. El equipo identificó 13 elementos fabricados o utilizados por los neandertales: objetos domésticos, elementos estructurales, instrumentos, y armas. La lectura del conjunto es clara: la madera no era un recurso ocasional, sino una parte habitual de su vida cotidiana entre hace 62.000 y 40.000 años.
Las piezas más llamativas salieron del Nivel R. Una lanza mide 2,45 metros y su morfología apunta a un arma de empuje, pensada para golpear a corta distancia. La segunda conserva 1,99 metros y también tiene la punta afilada. Para hacerse una idea de la escala, la primera supera en casi 70 centímetros la estatura media de un hombre adulto en España. Ambas se suman a un registro europeo de armas de madera del Paleolítico que hasta ahora se sostenía sobre todo en los yacimientos alemanes de Schöningen y Lehringen.
El objeto más desconcertante procede del Nivel P. Está tallado en una sola pieza, tiene un mango bien definido y una punta afilada y ensanchada, con un perfil que recuerda al de una maza. Las marcas de su superficie demuestran que fue moldeado a propósito, pero los investigadores no encuentran paralelos que expliquen su función. El conjunto se completa con posibles recipientes o bandejas de corteza, postes cruzados que podrían haber sostenido una estructura elevada para preparar alimentos y un elemento recto de 5,10 metros que quizá sirvió para reorganizar el espacio habitable.
La madera también mantenía el fuego. Los neandertales transportaban desde ramitas hasta troncos grandes y podrían haber acumulado reservas de leña para usarlas más adelante. El pino silvestre (Pinus sylvestris) era el combustible principal, y la distribución y el tamaño de los restos permiten distinguir estrategias distintas de recolección, transporte y almacenamiento. Es decir, había previsión y había organización.
Lo excepcional no es que un neandertal usara madera, sino que este abrigo permita seguir su rastro en 16 ocupaciones sucesivas del mismo lugar.
Cómo el travertino guardó la madera durante 40.000 años

Todo material orgánico acaba desapareciendo. En la mayoría de yacimientos del Paleolítico la madera se descompone sin dejar rastro y la arqueología se queda con lo indestructible: sílex, hueso, ocre. En el Abric Romaní ocurrió otra cosa. Los depósitos de carbonato cálcico crecieron alrededor de los fragmentos y, a medida que la madera se descomponía, dejaron moldes naturales en el travertino que copiaron su forma original con una precisión asombrosa. Es, en la práctica, un vaciado geológico: la roca hizo de yeso sobre el original.
Algunas huellas conservan incluso detalles histológicos, la estructura del tejido leñoso de troncos, ramas y raíces. Eso permite saber con qué árboles trabajaban. Y hay algo más difícil de encontrar junto: el abrigo guarda los hogares, las herramientas de piedra y los animales que allí se procesaron. María Gema Chacón, investigadora del IPHES-CERCA, señala que durante décadas el registro lítico ha permitido reconstruir los procesos de talla y el movimiento de las piezas, mientras la madera abre ahora una parte de un mundo que casi siempre había desaparecido.
Qué cambia en el retrato neandertal y qué queda por confirmar
La idea de que los neandertales trabajaban la madera no es nueva. Schöningen y Lehringen, en Alemania, ya habían aportado armas de madera del Paleolítico, y otros yacimientos europeos habían documentado el uso de esta materia prima. La novedad del Abric Romaní es la continuidad: 16 niveles que permiten rastrear su uso a lo largo de miles de años y en ocupaciones sucesivas del mismo espacio. No es una anécdota, es una costumbre.
Ahora bien, conviene medir el alcance de lo que tenemos delante. De unos 600 restos, solo 13 son objetos fabricados o utilizados; el resto es material leñoso natural o leña. La conservación por moldes de travertino es extraordinaria, pero también selectiva: reproduce formas, no funciones. Nadie ha demostrado aún que los postes cruzados sostuvieran una estructura elevada ni qué hacía exactamente un neandertal con la pieza del Nivel P. Son hipótesis razonables, no hechos cerrados.
El estudio sí es firme en algo más humilde y más importante: la madera atravesaba el día a día. Un grupo que recolecta, transporta y almacena leña de pino silvestre, que afila lanzas de más de dos metros y que moldea un objeto sin función conocida está organizando su tiempo y su espacio. Tecnología, gestión del fuego y vida doméstica aparecen entrelazadas en el mismo registro, en un corredor por el que también pasaron grupos de Homo sapiens a lo largo de miles de años.
La excavación continúa. El Abric Romaní lleva más de cuatro décadas abierto y cada campaña añade niveles a una de las secuencias más largas del Paleolítico europeo. El siguiente paso lógico es el análisis funcional de las piezas y la comparación con otros conjuntos europeos. Si aparece un paralelo para la maza del Nivel P en otro yacimiento, sabremos que aquel objeto formaba parte de un repertorio compartido. Si no aparece, seguiremos ante una pieza única hecha por alguien que sabía exactamente lo que quería construir.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: unos 600 restos e impresiones de madera de entre 62.000 y 40.000 años, con 13 objetos fabricados o usados por neandertales, entre ellos dos lanzas.
- Dónde: Abric Romaní, en Capellades (Barcelona), un abrigo en un acantilado de travertino del risco del Capelló.
- Institución responsable: IPHES-CERCA y Universitat Rovira i Virgili, con publicación en la revista Science Advances.
- Cuándo: resultados publicados el 7 de octubre de 2026, fruto de excavaciones iniciadas en 1983.
- Impacto a futuro: amplía la tecnología neandertal más allá de la piedra y abre el estudio de su vida doméstica y de su organización del espacio.




