Sin apenas generar ruido, TP cumplió su 60 aniversario el pasado jueves 9 de abril. La revista Teleprograma, conocida popularmente como TP, ha celebrado seis décadas de vida desde que aquel 9 de abril de 1966 llegara por primera vez a los quioscos.
Su primer número es icónico: en portada aparecía el doctor Richard Kimble, protagonista de El fugitivo, con el inquietante titular «¿Logrará salvarse?». Aquella elección no era casual. La serie, creada por Roy Huggins y emitida en Estados Unidos entre 1963 y 1967, se había convertido en un fenómeno internacional y su desenlace ‘paralizaría’ España en la noche del 15 de octubre de 1967.

La producción del canal americano ABC narraba la historia de un médico injustamente acusado del asesinato de su esposa, interpretado por David Janssen, que huía mientras buscaba al verdadero culpable: el misterioso hombre manco.
TP TAMBIÉN MIRABA A ESTADOS UNIDOS
La fórmula de TP no era nueva. De hecho, nacía inspirada directamente en TV Guide, la revista estadounidense que revolucionó el consumo televisivo y se convirtió en imprescindible en millones de hogares norteamericanos que se suscribían a su servicio. En 1980, TV Guide alcanzaba cifras descomunales, con alrededor de 20 millones de ejemplares vendidos, lo que da idea del potencial de un producto que combinaba programación, reportajes y cercanía con el espectador.
En España, sin embargo, TP tampoco llegaba a un terreno virgen: cuando nació, ya existía desde hacía casi una década TeleRadio, la publicación oficial vinculada a RTVE. TeleRadio había visto la luz en 1957, apenas un año después del nacimiento de RTVE, que inició sus emisiones el 28 de octubre de 1956 y está a punto de cumplir 70 años.

Aquella revista oficialista servía como órgano informativo de la cadena pública, con entrevistas, reportajes y parrillas de programación. Sin embargo, su alcance era limitado. Mientras la difusión de TP rozaba el millón de ejemplares en 1980, TeleRadio apenas superaba los 50.000.
1966 MÁGICO
En aquel 1966, la televisión española vivía una etapa de expansión tras popularizarse la venta del aparato al calor del desarrollismo. Hace 60 comenzaban las emisiones en UHF —lo que después sería La 2—, surgían programas infantiles como Los Chiripitifláuticos y se importaban éxitos internacionales como Superagente 86. Al mismo tiempo, figuras como Chicho Ibáñez Serrador comenzaban a demostrar su talento en España con Historias para no dormir. TP llegó, por tanto, en el momento perfecto: cuando la televisión empezaba a convertirse en el gran medio de masas en España. A partir de ahí, su crecimiento fue imparable.

Nacida con 30.000 ejemplares y un precio de cinco pesetas, TP evolucionó hasta convertirse en una de las revistas más vendidas del Estado. En los años 90, con la llegada de las cadenas privadas, alcanzó cifras cercanas a 1,4 millones de ejemplares semanales.
Su historia es también la de una forma de consumir televisión. Durante años, TP no solo ofrecía la parrilla: era una guía cultural, un escaparate de rostros y programas, y un reflejo de la evolución social del país. En sus páginas convivían entrevistas, reportajes, fotonovelas, recetas y hasta concursos navideños. Era, en definitiva, mucho más que una revista.
En el recuerdo quedan muchas otras cabeceras que acompañaron ese ecosistema: Tele Indiscreta, TV Plus, Telecolor, Tele 7, Todo TV o los suplementos dominicales como Tele País o Televanguardia. Hoy apenas se mantiene algún vestigio como el suplemento Teletodo, de El Periódico de Catalunya, y la hermana de TP, Supertele, que sobrevivió con el amago de cierre en papel de ambas en 2021.

La mayoría de cabeceras desaparecieron con la llegada de internet y el cambio en los hábitos de consumo. Y aquí es inevitable hablar en primera persona. Todos los que tenemos una cierta edad y escribimos sobre televisión tuvimos en TP un referente. Era el lugar al que acudir para entender qué pasaba en la pequeña pantalla, para descubrir rostros nuevos o para seguir la evolución de los programas que marcaban conversación.
Con la llegada de internet, el relevo lo tomaron los medios digitales. Portales como Vertele, que cumplió 25 años de vida hace unos meses, o Fórmula TV, cuya matriz se encuentra en concurso de acreedores tras más de 20 años online, marcaron una nueva etapa en la información televisiva.
CATALUÑA Y LA CRÍTICA TELEVISIVA
La información televisiva se complementa con la crítica, especialmente fuerte en Cataluña. Figuras como el mítico Ferran Monegal, Alfonso Arús, Víctor Amela o Rocco Steinhäuser han consolidado una tradición analítica con enorme influencia.

No es casualidad que las dos figuras más influyentes de la comunicación en España comenzaran precisamente escribiendo sobre televisión. José Miguel Contreras dio sus primeros pasos en El País, mientras que el consejero delegado de Atresmedia, Javier Bardají, lo hizo en El Mundo. Sin embargo, el panorama actual no invita al optimismo.
La información televisiva atraviesa un momento complicado. La presión de la inmediatez, la dependencia del clic y la irrupción de la IA han diluido en muchos casos el análisis en favor de la viralidad. Incluso proyectos que fueron referencia, como Bluper, han virado hacia contenidos más ligeros y menos especializados.
Y, aun así, algo resiste. Quizá con menos fuerza, quizá con menos recursos, pero sigue habiendo profesionales empeñados en contar la televisión pese a la caída de tráfico y al vendaval de presiones. Porque, al final, una televisión fuerte necesita una prensa que la observe, la entienda y la explique. TP lo entendió hace 60 años. Y esa lección sigue siendo válida para el día de hoy.





