El movimiento reciente de Bill Ackman, el inversionista activista, por hacerse con el control de Universal Music Group a través de la empresa de gestión Pershing Square Capital Management ha vuelto a generar nervios en la industria musical. El inversor ha sido una de las piezas económicas clave dentro de las campañas electorales de Donald Trump y sigue siendo uno de los grandes defensores de las políticas en defensa del Estado de Israel; su figura ha vuelto a generar un terremoto en la industria cultural.
Ackman es una figura controvertida, incluso antes de sumarse a la campaña de Trump, por su relación con Israel. El problema es que Universal Music Group tiene en sus manos a algunos de los artistas clave de la industria. Entre ellos se encuentran figuras que han sido muy críticas con la administración actual de la Casa Blanca, como Taylor Swift, Lady Gaga o Green Day, además de grupos tan icónicos como los Beatles. Es cierto que cualquier movimiento en una de las tres majors puede sentirse como un seísmo, pero este caso se dibuja como especialmente delicado.

Si se cumple la fusión de Pershing y Universal Music, lo cierto es que la percepción dentro de la industria es que una de las grandes empresas del sector podría empezar a aplicar medidas de censura, una preocupación similar a la que se mantiene ante la fusión entre Warner Bros Discovery y Paramount Skydance en el mundo del cine y la televisión. También es cierto que la directiva actual de la empresa no ha sido especialmente restrictiva con el contenido del trabajo de los artistas, pero los movimientos recientes del propio Ackman hacen la situación delicada.
Es cierto que, a nivel empresarial, hay muchos motivos para realizar la fusión. De las tres majors, Universal Music Group es la que se encuentra en una situación más delicada a nivel accionarial: no han podido entrar a la Bolsa de Nueva York, sus acciones han caído un 14% desde inicios de 2026 y esto a pesar de un año positivo en 2025, con varios de sus artistas rompiendo sus propios récords de ventas.
Según su propio informe de cierre de año, Universal Music registró ingresos de 12.507 millones de euros, un 5,7% más interanual, precisamente por el crecimiento de los segmentos de música grabada y de publicación. Mientras tanto, el EBITDA ha sido de 2.810 millones de euros; es una suma de datos que deberían alcanzar para crear resultados positivos en el primer trimestre del año y que ha servido para justificar el movimiento de Ackman.
DE DEMÓCRATA A TRUMPISTA
Uno de los datos que hace de Ackman una figura tan particular dentro de la larga lista de multimillonarios que apoyan a Trump es que durante muchos años fue uno de los principales donantes del Partido Demócrata. Es cierto que no necesariamente ha estado de la mano de candidatos como Kamala Harris, Joe Biden o incluso Obama, sino que sería más cercano al ala tecnócrata del partido, apoyando a figuras como Michael Bloomberg, Dean Phillips o Chuck Schumer.
Pero desde 2016, tras la decisión de los demócratas de dejar fuera a Bloomberg, anunció que votaría por Trump, y tras la victoria de este último en 2024 ha insistido en que no quiere relacionarse con los demócratas. También ha sido señalado por compartir información falsa, señalando a un inmigrante palestino por un tiroteo en una universidad cuando era inocente, y por donar dinero a la campaña de GoFundMe para la defensa de uno de los agentes de ICE acusados de asesinar a Renée Good en Minneapolis.

Son movimientos que preocupan dentro de la industria, y sobre todo porque figuras dentro de lo que puede ser su propia discográfica, como Lady Gaga, han sido críticas tanto con la administración Trump como con su forma de manejar la situación de Israel. Además, esto puede marcar a algunos artistas españoles con nombres como el de Aitana, Bad Gyal o Lola Indigo dentro del catálogo de la empresa en el país.
UNIVERSAL ES OTRO EJEMPLO DE LA CONSOLIDACIÓN EN LA INDUSTRIA CULTURAL
La realidad es que el nuevo movimiento de Pershing Square va de la mano con los esfuerzos de la industria cultural de consolidarse en algunas empresas de considerable tamaño, en lugar de seguir teniendo varias patas dispares. El problema en este caso es que, en una industria como la cultural, esto limita también el número de voces que pueden expresarse en un sector que depende de ellas.
En cualquier caso, para Ackman la compra puede servir para mejorar los problemas de la empresa en cuanto a su valor accionarial. «Desde la salida a Bolsa de Universal Music, Sir Lucian Grainge y la dirección de la compañía han realizado un excelente trabajo impulsando y consolidando una cartera de artistas de primer nivel, además de generar un sólido desempeño comercial», declaró Ackman, quien añadió que, «sin embargo, el precio de las acciones de UMG se ha estancado debido a una serie de problemas ajenos al rendimiento de su negocio musical, y es importante destacar que todos ellos pueden resolverse con esta transacción».




