Isabel Viña (32), médica: “Con baja testosterona eres una versión peor de ti; depresión, grasa y pérdida de fuerza”

Isabel Viña advierte que la baja testosterona deteriora ánimo, fuerza y metabolismo, generando depresión, aumento de grasa y pérdida muscular, en un problema frecuente que aún enfrenta debate clínico sobre su tratamiento.

En los últimos años, la controversia sobre salud hormonal masculina ha dejado de ser un tabú para convertirse en un tema central de la medicina moderna. Cada vez más hombres consultan por fatiga, bajo ánimo o aumento de peso sin encontrar una causa clara.

En ese contexto, la médica Isabel Viña ha puesto el foco en un problema silencioso pero frecuente: la baja testosterona. Sus efectos, asegura, van mucho más allá del deseo sexual y afectan de forma integral la calidad de vida.

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Qué le ocurre al cuerpo cuando cae la testosterona

Qué le ocurre al cuerpo cuando cae la testosterona
Fuente:Canva

Cuando los niveles de testosterona descienden por debajo de lo esperado, el organismo empieza a enviar señales que muchas veces se confunden con el envejecimiento normal. Sin embargo, detrás de ese cansancio persistente puede haber un desajuste hormonal relevante.

Uno de los primeros cambios aparece en el estado de ánimo. La falta de testosterona suele estar asociada a apatía, irritabilidad e incluso cuadros depresivos. A esto se suma una caída en el rendimiento mental. Concentrarse cuesta más y la sensación de fatiga se vuelve constante.

El impacto físico tampoco pasa desapercibido. La pérdida de masa muscular y de fuerza es progresiva, mientras que la grasa corporal, especialmente en la zona abdominal, tiende a aumentar. En algunos casos, incluso puede desarrollarse ginecomastia, es decir, aumento del tejido mamario en hombres.

Además, niveles bajos de testosterona pueden alterar parámetros metabólicos. Se incrementa el riesgo de resistencia a la insulina, lo que abre la puerta a problemas de glucosa y posibles cuadros de diabetes. La presión arterial también puede verse afectada.

Un aspecto menos conocido, pero clave, es el efecto sobre la salud ósea. La testosterona participa indirectamente en la producción de estrógenos, esenciales para mantener la densidad del hueso. Cuando esta hormona disminuye, el riesgo de osteoporosis aumenta.

El resultado, según Viña, es una sensación generalizada de deterioro. El paciente no solo se ve peor, sino que se siente como una versión reducida de sí mismo, con menos energía, menos fuerza y menor bienestar.

Terapia hormonal: debate médico y falta de consenso

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El tratamiento de la baja testosterona abre un debate que todavía divide a la comunidad médica. La terapia de reemplazo de testosterona, conocida como TRT, consiste en administrar la hormona para devolver al paciente a niveles considerados óptimos.

A diferencia de lo que suele creerse, no se trata de aumentar la testosterona por encima de lo normal, sino de compensar una carencia. Sin embargo, su aplicación no está tan extendida como en otros tratamientos hormonales.

Viña señala una contradicción evidente. Mientras que en mujeres es habitual recurrir a la terapia hormonal sustitutiva durante la menopausia para aliviar síntomas, en hombres el acceso a la testosterona sigue siendo más restrictivo, incluso con síntomas claros.

El tratamiento puede administrarse de distintas formas. El gel transdérmico es una de las opciones más utilizadas por su comodidad, ya que permite una dosificación diaria y estable. También existen inyecciones intramusculares, con frecuencias que varían desde dos semanas hasta varios meses.

No obstante, iniciar una terapia de testosterona no es una decisión menor. En muchos casos, implica un tratamiento a largo plazo. Además, puede afectar la producción natural de la hormona, lo que repercute en la fertilidad.

Para quienes desean preservar la capacidad reproductiva, existen alternativas como el citrato de clomifeno o la hormona gonadotropina coriónica humana (hCG), que estimulan la producción endógena de testosterona sin suprimir completamente la función testicular.

El punto central, coinciden los especialistas, es la individualización. No todos los pacientes con niveles bajos requieren tratamiento, ni todos los que presentan síntomas tienen necesariamente un déficit hormonal significativo.

En conclusión, la testosterona vuelve a ocupar un lugar clave en la conversación sobre salud masculina. Lejos de los estigmas asociados al dopaje o al culturismo, el enfoque actual apunta a comprender su papel en el bienestar general.


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