No es una chuchería, aunque lo parezca. En la puerta de cualquier instituto de secundaria en España, la estampa se repite: adolescentes rodeados de una nube con olor a vainilla o nube de azúcar. Lo que sostienen en sus manos no son cigarrillos tradicionales, sino dispositivos electrónicos de colores vibrantes, formas redondeadas y un diseño que bien podría pasar por un subrayador o un juguete de bolsillo. Es el fenómeno de los «vapers gominola», una trampa estética que ha logrado saltarse los radares de control y que tiene a la comunidad médica y jurídica en pie de guerra.
Expertos en consumo y salud pública advierten de que no estamos ante una moda pasajera, sino ante una estrategia de marketing diseñada milimétricamente para crear una nueva generación de adictos antes de que cumplan la mayoría de edad.
Marketing agresivo: cuando el vaper parece un caramelo
La primera barrera que ha caído es la visual. Si el tabaco convencional generaba rechazo por su olor y su estética adulta, el vapeo ha encontrado en el diseño su mejor aliado. Los fabricantes han optado por envoltorios que imitan envases de batidos, helados o personajes de dibujos animados. Esta infantilización del producto tiene un objetivo claro: normalizar su uso entre los más jóvenes y, de paso, despistar a los padres.
Desde la Sección de Consumo del Colegio Oficial de Abogados señalan que este tipo de publicidad es, en la práctica, una forma de «marketing depredador». Al utilizar sabores como «tarta de queso» o «frutas del bosque», se anula la percepción de riesgo. El menor no siente que está inhalando sustancias químicas, sino que está «disfrutando de un postre». El problema se agrava con los dispositivos desechables, de bajo coste y fácil acceso en bazares o tiendas de conveniencia, donde el control de edad es, en muchas ocasiones, inexistente o muy laxo.
Además, las redes sociales han servido de altavoz. Influencers y creadores de contenido muestran estos dispositivos como un accesorio de moda más, vinculándolos a un estilo de vida moderno y tecnológico. Esta presión estética es difícil de combatir cuando el producto mismo está diseñado para ser «coleccionable» y visualmente atractivo en una foto de Instagram o un vídeo de TikTok.
El caso del edema pulmonar juvenil que ha encendido las alarmas
La cara B de esta estética colorida es mucho más oscura y se escribe en los informes de urgencias. Recientemente, el caso de un adolescente hospitalizado con un cuadro severo de edema pulmonar tras un uso intensivo de estos dispositivos ha hecho saltar todas las alarmas en el sistema sanitario. Lo que comenzó como una tos persistente terminó en una insuficiencia respiratoria que requirió ingreso hospitalario.
Desde el Ministerio de Sanidad se sigue de cerca la evolución de este tipo de patologías. Los médicos advierten que el pulmón de un adolescente aún está en desarrollo y es especialmente vulnerable a las sustancias presentes en el aerosol del vapeo. No se trata solo de la nicotina (que en muchos de estos dispositivos de «gominola» alcanza concentraciones altísimas), sino de los metales pesados y los saborizantes que, al calentarse, se transforman en compuestos tóxicos.
«El problema es que el daño no siempre es inmediato«, explican fuentes sanitarias. El edema pulmonar es la manifestación más grave y aguda, pero existe un goteo constante de jóvenes con irritaciones crónicas de las vías respiratorias y una dependencia física a la nicotina que se manifiesta en cuadros de ansiedad e irritabilidad. La falsa creencia de que «es solo vapor de agua» está retrasando la búsqueda de ayuda médica en muchos casos, permitiendo que la lesión progrese hasta que la situación se vuelve crítica.
La Ley de Prevención del Tabaquismo y sus agujeros negros
¿Cómo es posible que un producto tan claramente orientado a menores campe a sus anchas por el mercado? La respuesta está en las costuras de la legislación actual. La Ley de Prevención del Tabaquismo, redactada en una época donde el cigarrillo electrónico era apenas residual, presenta hoy «agujeros negros» por los que se cuelan las grandes distribuidoras.
Uno de los puntos más polémicos es la regulación de los dispositivos sin nicotina. Al no contener esta sustancia, escapan a muchas de las restricciones de venta y publicidad que afectan al tabaco. Sin embargo, para los expertos del Colegio Oficial de Abogados, esto es un fraude de ley encubierto. Estos dispositivos sirven como «puerta de entrada» y utilizan el mismo marketing visual para atraer a los niños, creando el hábito del gesto y la inhalación antes de pasar a versiones con nicotina.
El Ministerio de Sanidad ya trabaja en un nuevo Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo que busca equiparar, por fin, el vapeo al tabaco tradicional en términos de espacios sin humo, fiscalidad y empaquetado. El objetivo es prohibir los sabores que resulten atractivos para menores y eliminar esos colores «gominola» que confunden al consumidor. No obstante, la burocracia legislativa va a un ritmo mucho más lento que la industria, que se reinventa cada mes con nuevos modelos y nombres comerciales.
La batalla actual se libra en el terreno de la responsabilidad. Mientras los juristas exigen sanciones más severas para los establecimientos que vendan estos productos a menores y una regulación estricta del etiquetado, los sanitarios insisten en la educación. La clave, dicen, es que la sociedad entienda que detrás de ese objeto de colores brillantes y olor dulce no hay un juguete, sino un dispositivo que compromete la salud respiratoria de toda una generación.
Si queremos proteger a los menores, no basta con parches legales; hace falta una vigilancia activa sobre una industria que ha encontrado en el vacío legal el lugar perfecto para hacer caja a costa de los pulmones más jóvenes.




