Siete de cada diez matrimonios terminan en divorcio. Detrás de esa estadística no siempre hay desamor ni incompatibilidad irreparable, sino algo mucho más concreto: la ausencia de recursos emocionales para atravesar las crisis. Silvia Congost, psicóloga especializada en relaciones y dependencia emocional, acaba de publicar ‘El arte de amar bien’, un libro donde defiende que el amor sí puede durar, pero que para lograrlo hay que saber cómo cuidarlo.
«Hay muchos matrimonios que se rompen no porque el amor se haya terminado, sino por falta de comprensión y de herramientas», sostiene Congost. Su propuesta no es romántica en el sentido ingenuo del término, sino profundamente práctica: conocerse a uno mismo primero para poder construir con otro después.
Tres tipos de matrimonios y uno que nadie quiere ver

Congost divide las relaciones de pareja en tres grupos. El primero incluye a los matrimonios que funcionan bien y crecen con el tiempo. El tercero, a los que estaban mal y tuvieron la valentía de separarse. Pero es el grupo intermedio el que más le preocupa: parejas que conviven en el malestar de forma indefinida, sin separarse ni reconducir la situación. «Se mantienen ahí porque el miedo a perder algo les paraliza más que el dolor de quedarse», explica.
Ese miedo adopta muchas formas. A veces es el temor a la soledad, otras al cambio de nivel económico o a la fragmentación familiar. Hay matrimonios que sobreviven no por amor sino por comodidad, por el peso de una historia compartida que se vuelve difícil de imaginar sin el otro.
«Cuando tú decides quedarte siendo consciente de lo que no funciona, me parece bien. Pero luego no te quejes», dice la psicóloga. El problema, advierte, es que la mayoría no lo decide con esa conciencia: simplemente se va marchitando sin darse cuenta.
Para ella, detrás de casi todos esos matrimonios atrapados hay un problema de autoestima. No confiar en la propia capacidad de crear una vida distinta lleva a aferrarse a lo conocido aunque duela. «Reconectar con tu dignidad es lo que te permite empezar a soltar todo aquello que no te está sumando», afirma. Y ese proceso, señala, solo es posible cuando uno decide mirarse hacia adentro.
La dependencia emocional, una adicción que destruye matrimonios
Congost habla de la dependencia emocional con una autoridad que va más allá de los libros: ella misma la vivió. Siendo ya psicóloga, quedó atrapada en una relación que la fue vaciando hasta que comenzó a somatizar. «Era una adicción. Lo vi, lo entendí, y aun así me costó salir», reconoce sin tapujos. Esa experiencia personal es, según cuenta, lo que le dio sentido a su trabajo y la empujó a especializarse en el tema.
La dependencia emocional, explica, tiene todos los rasgos de una adicción a sustancias. El cerebro se obsesiona con la otra persona, siente que no puede sobrevivir sin ella y, cuando intenta alejarse, sufre un síndrome de abstinencia que provoca recaídas.
Es el mecanismo que explica por qué tantos matrimonios rompen y vuelven a unirse una y otra vez sin que nada cambie de fondo. «Cuando una persona se aleja demasiado de su pareja porque no se siente escuchada ni comprendida, llega un punto en que cruza una barrera de la que ya no hay retorno. Eso es lo que hay que intentar evitar», advierte.
Salir de esa dinámica exige algo más que terminar con la relación: requiere un proceso real de autoconocimiento que impida repetir el patrón. «Si no haces ese trabajo, la vida te pondrá una y otra vez la misma situación hasta que aprendas», sostiene Congost. Para los matrimonios que quieran reconducirse, la clave está en la conciencia de ambos: ver cómo se es, entender por qué se funciona así y responsabilizarse de la propia parte.
«No hay ningún matrimonio absolutamente perfecto», recuerda la psicóloga antes de cerrar. Siempre habrá aspectos del otro que cuesten más o que gusten menos. Lo que distingue a los matrimonios que perduran no es la ausencia de conflicto sino la capacidad de aceptar al otro tal como es y de compartir un proyecto de vida con confianza, respeto y compromiso genuino en ambas direcciones.





