La industria química resiste: Irán empeora su situación mientras el sector pide medidas estructurales

FEIQUE ha presentados unos resultados que se mueven entre el crecimiento y los problemas estructurales. La guerra de Irán ha perjudicado en el corto plazo del sector químico encareciendo energía e insumos.

El sector de la industria química española se encuentra en una etapa de dualidad, ya que en los resultados de su ejercicio en 2025 apuntan a que, pese a contar con una facturación de 85.000–89.000 millones de euros y un aumento de la producción del del 1,3%, el contexto en el que se mueve la química española es complejo, ya que está marcado por una demanda debilitada en Europa y unos costes energéticos poco competitivos.

Es decir, estructuralmente, el sector químico español ya tiene un contexto complicado, y que además en el corto plazo se ha visto perjudicado por la guerra de Irán, ya que este conflicto en un mes ha provocado la escalada de precio de materias primas claves para este sector como la nafta o el gas.

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La química básica lidera en caídas mientras el resto crece

Los resultados del sector químico en España se han caracterizado por estar claramente divididos entre sectores. Mientras que la química de consumo y la industria farma han actuado como soporte del sector, especialmente en mercados exteriores; otros como la química básica han experimentado un claro deterioro.

En este sentido, este negocio que representa aproximadamente un tercio del sector continúa atravesando una fase estructuralmente mala. Según datos de FEIQUE, desde 2020, su producción ha caído en torno a un 13%, reflejando tanto la debilidad de la demanda como la pérdida de competitividad. De hecho, el factor más determinante en la pérdida de competitividad de este sector es el incremento de los costes energéticos. Desde 2019, el precio del gas natural ha aumentado un 145%, la electricidad un 65% y los derechos de CO2 un 170%. Unos incrementos que según han apuntado los representantes de la patronal, sitúan a Europa en una clara desventaja frente a otras regiones.

El sector químico español es fuerte, pero tiene que reducir sus costes energéticos

En particular, el precio del gas en Europa es entre cuatro y cinco veces superior al de Estados Unidos, lo que impacta directamente en la química básica, intensiva en consumo energético. Además, a estos costes se le suman cargas regulatorias y fiscales, así como mecanismos como el sistema de emisiones, que incrementan el coste final de producción en comparación con competidores internacionales.

Según ha advertido la presidenta de FEIQUE Teresa Rasero, las debilidades en la química básica son especialmente relevantes porque constituye la base de la cadena industrial, suministrando insumos al 98% de los sectores productivos. Por lo que, las carencias dentro de la química básica, apunta, tiene implicaciones sistémicas para el conjunto de la economía industrial.

Teresa Rasero presidenta de Feique y Juan Antonio Labat director general Fuente Merca2 Merca2.es
Teresa Rasero, presidenta de FEIQUE y Juan Antonio Labat, director general. Fuente: Merca2.

No obstante, en comparación con otras economías europeas, la química básica española se sostiene especialmente bien, ya que este sector en países como Alemania, Francia e Italia, han experimentado caídas del 19, 20 y 28% respectivamente.

La guerra de Irán ha perjudicado su corto plazo

En cuanto al corto plazo, el contexto internacional ha intensificado claramente las tensiones que ya venía arrastrando el sector. El conflicto en el Golfo Pérsico ha provocado un encarecimiento relevante de materias primas energéticas clave. Según FEIQUE, en apenas un mes el precio de la nafta llegó a subir cerca de un 67% y el del petróleo alrededor de un 48%, trasladándose rápidamente a mayores costes de producción para la industria química. En el caso del gas natural, este encarecimiento se traduce en un sobrecoste estimado de unos 40 millones de euros mensuales, al que se suman aproximadamente 20 millones adicionales por el incremento del coste eléctrico.

Este shock energético no se produce en un contexto neutro, sino en un mercado ya tensionado por la sobreoferta global, lo que impide trasladar estos mayores costes a precios finales y agrava la compresión de márgenes.

Al mismo tiempo, el sector se enfrenta a un aumento de las importaciones procedentes de Asia, especialmente de países como China o India, que han incrementado significativamente su presencia en productos de química básica. En algunos casos, estas importaciones se realizan a precios de dumping (venta de productos en mercados exteriores a precios artificialmente bajos).

Este fenómeno ejerce una presión adicional sobre los precios en Europa, ya que las empresas locales se ven obligadas a competir con productos más baratos en un contexto donde sus costes (especialmente energéticos) son mucho más elevados.

Por otro lado, las tensiones comerciales con Estados Unidos también han tenido impacto en el sector, aunque de forma desigual. Las exportaciones químicas hacia este mercado han caído en torno a un 12% en algunos segmentos, especialmente en química orgánica y petroquímica, afectadas tanto por barreras comerciales como por la mayor competitividad de la producción local estadounidense, favorecida por unos costes energéticos significativamente más bajos.

FEIQUE pide medidas extructurales, no coyunturales

Ante este escenario, la industria química insiste en tiene un problema estructural, por lo que reclama medidas de calado para recuperar competitividad, especialmente en el ámbito energético.

En materia eléctrica, la organización reclama una intervención profunda y permanente. Entre sus principales demandas figuran la eliminación o reducción a tipo cero del impuesto sobre la generación (IVPEE), la ampliación de las rebajas fiscales a toda la industria y la consolidación de descuentos en los peajes para los grandes consumidores. También pone el foco en los servicios de ajuste, cuyo coste, según reclaman, ha distorsionado el precio final de la electricidad, proponiendo trasladarlos a cargos regulados o financiarlos vía presupuestos públicos. Todo ello acompañado de un refuerzo de las compensaciones por emisiones indirectas de CO2 hasta el máximo permitido por la normativa europea.

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Evolución de los precios de la energía. Fuente: FEIQUE.

Por otro lado, también FEIQUE ha puesto el foco en el gas natural. En este sentido, plantea desde ajustes regulatorios en las redes hasta la creación de un verdadero estatuto para consumidores gasintensivos, que incluya incentivos fiscales, reducción de peajes y apoyo a la descarbonización. A corto plazo, reclama ayudas temporales para compensar los sobrecostes derivados de la volatilidad extrema de los precios, en línea con los mecanismos aprobados durante la crisis energética reciente.

En paralelo, la patronal advierte del creciente peso de la carga regulatoria, que ya representa hasta el 13% del valor añadido del sector. En este ámbito, pide una revisión realista del sistema europeo de comercio de emisiones (ETS), incluyendo una moderación en la reducción de derechos y una mayor estabilidad en los precios del carbono. Asimismo, reclama mejoras en el mecanismo de ajuste en frontera (CBAM) para evitar fugas de carbono, cubrir exportaciones y prevenir prácticas de elusión.

La transición energética aparece como otro eje clave, pero condicionada a una financiación adecuada. FEIQUE estima que el sector necesitará invertir unos 65.000 millones de euros hasta 2050 para descarbonizarse. Para ello, propone implantar contratos por diferencias de carbono (CCfD), que garanticen ingresos estables a largo plazo y reduzcan la incertidumbre ligada al precio del CO₂ y la energía. El objetivo es facilitar grandes inversiones en electrificación, hidrógeno o captura de carbono sin comprometer la competitividad.

Finalmente, la patronal alerta del deterioro del posicionamiento industrial europeo frente a terceros países, especialmente por el aumento de importaciones con fuerte crecimiento desde Asia y posibles prácticas de dumping. Por ello, FEIQUE exige una mayor agilidad en los instrumentos de defensa comercial, sistemas de alerta temprana ante picos de importación y un impulso decidido a los acuerdos comerciales internacionales, siempre acompañado de mecanismos efectivos de vigilancia. Esto se debe a que de normal estos procesos son muy lentos tardando de 12 a 18 meses.

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En definitiva, pese a que la industria química tenga unos resultados que indiquen crecimiento, realmente es un sector que estructuralmente lleva experimentando problemas que merman su competitividad que se han visto agarbados en el corto plazo en la guerra de Irán.


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