Alex Guerra, empresario, cuenta como trabajan los gurús del dinero: “Es una estafa piramidal donde unos pocos ganan a costa de los sueños de otros”

El empresario Alex Guerra denuncia los gurús del dinero operan una estructura piramidal, explotando redes sociales y promesas de éxito fácil para captar jóvenes, enriquecer a unos pocos y dejar frustración y pérdidas económicas masivas.

Las redes sociales amplifican sin filtros los mensajes del éxito fácil y el dinero rápido, y son cada vez más jóvenes caen seducidos por la promesa de una vida distinta. Alex Guerra, empresario, advierte sobre los peligros de una industria que vende ilusiones y, en muchos casos, vacía los bolsillos de quienes más confían en ella.

«Lo que ofrecen estos mentores es real en cierto punto», reconoce Guerra. Si eres el chico retraído del pueblo y de repente llegas al Lamborghini, la gente te va a admirar. Esa ecuación funciona. El problema es que todavía no saben que es una trampa, que es artificial», asegurá. Según su mirada, el dinero puede comprar admiración, pero no amor real.

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Una pirámide de dinero disfrazada de oportunidad

Una pirámide de dinero disfrazada de oportunidad
Fuente: agencias

Guerra no tiene reparos en llamar a las cosas por su nombre. Para él, buena parte de los negocios que rodean a estos gurús del dinero responde a una lógica piramidal donde unos pocos se enriquecen a costa de los sueños ajenos. «Para empezar, muchos no van a llegar al Lamborghini. Hay cuatro con uno y 150.000 que no lo verán ni en el escaparate», señala con contundencia. Porque el modelo no falla por casualidad: está diseñado para que el dinero fluya hacia arriba y las decepciones se queden abajo.

El mecanismo es siempre el mismo. Alguien con habilidades comunicativas, sin formación real ni experiencia contrastada, construye un personaje aspiracional y comienza a vender ese personaje como si fuera un método. «Hay gente que no habla desde el ser, ni desde quien ha sanado una herida real. Habla desde el personaje que es la hostia, que supera todo y que promete que tú también lo harás», explica Guerra. El dinero entra, el gurú crece, y el seguidor queda atrapado en una promesa que difícilmente se cumplirá.

Guerra recuerda haber seguido a un influencer latinoamericano que comenzó hablando de salud integrativa con bata blanca. Con el tiempo, el mismo hombre apareció vestido con traje y corbata dando consejos de inversión. «Cambió el papel, cambió la película, cambió todo», dice. No era alguien compartiendo conocimiento genuino: era un actor buscando el formato que mejor le hiciera ganar dinero.

La autoayuda también vende humo

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El problema no se limita a los influencers de las redes. Guerra observa el mismo patrón en los estantes de las librerías, repletos de títulos que prometen felicidad, éxito y dinero en diez pasos. «Al final, los libros de autoayuda a quienes ayudan realmente es al autor», sostiene sin rodeos. El negocio funciona porque los lectores buscan atajos, píldoras que transformen vidas sin el esfuerzo que esa transformación realmente exige. «El que tiene que cambiar eres tú, pero no vas a cambiar solo por un libro».

Lo que más preocupa a Guerra no es que alguien caiga en la trampa una vez, algo comprensible en un entorno diseñado para seducir. Lo verdaderamente grave es continuar vendiéndola con conocimiento de causa. «Cuando ya sabes que es una farsa y la sigues sosteniendo, estás contribuyendo a joder la vida de la gente. Como te la jodieron a ti», afirma. Esa responsabilidad, que algunos ignoran cómodamente, es el núcleo de su crítica hacia quienes construyen identidades ficticias para monetizar la vulnerabilidad ajena.

El coaching, en su versión más extendida, tampoco queda libre de cuestionamientos. Para Guerra, su gran falla consiste en animar a fabricar un personaje en lugar de invitar a la persona a descubrirse a sí misma. «Te está animando a impostar. Al menos haz el viaje interior para descubrir primero hacia dónde quieres ir», propone.

Porque mientras el dinero y los coches puedan ser el baremo del valor personal, habrá una industria dispuesta a explotar esa creencia. Y detrás de cada Lamborghini prometido en pantalla, hay cientos de miles de jóvenes que seguirán buscando en el dinero lo que solo pueden encontrar en otra parte.


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