Pablo Gil, economista, trader y formador español: “Si no inviertes tu dinero, es como si lo estuvieras quemando sin darte cuenta”

Pablo Gil advierte que no invertir implica perder dinero de forma silenciosa: la inflación erosiona el ahorro con el tiempo, convirtiendo la inacción financiera en una decisión costosa para cualquier perfil de ingresos.

Hay una verdad que atraviesa a la sociedad en su conjunto, pero que pocos se atreven a decirla con tanta claridad como Pablo Gil: no invertir también es una decisión financiera y casi siempre es la peor. El economista, trader y formador español lleva años explicando que el dinero parado no es dinero seguro sino dinero que se erosiona en silencio.

Esa realidad afecta por igual a quienes ahorran 200 euros al mes y a quienes guardan miles bajo el colchón. Su premisa no va dirigida solo a grandes inversores. Va dirigido a cualquier persona con un salario normal que cree que invertir no es para ella.

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La inflación: el ladrón silencioso que vacía tu dinero sin que lo veas

La inflación: el ladrón silencioso que vacía tu dinero sin que lo veas
Fuente: agencias

Gil suele ilustrar este punto con una charla que dio a sus propios hijos antes de las últimas navidades. La primera lección fue contundente: dejar el dinero quieto es equivalente a quemarlo. No es una metáfora dramática sino una descripción matemática de lo que ocurre con el tiempo.

Con una inflación del 2% anual que es el objetivo histórico de los bancos centrales en una década se pierde el 22% de la capacidad de compra. Casi una cuarta parte del billete se evapora sin que nadie lo haya tocado. Pero desde 2020 las tasas de inflación han sido significativamente más altas lo que eleva esa pérdida a cifras cercanas al 35% en el mismo período. Y si se proyecta ese escenario a 30 o 40 años el dinero que hoy se guarda sin mover podría valer apenas una quinta parte de lo que vale ahora.

Para que sus hijos entendieran la escala del problema Gil recurrió a un ejemplo generacional. Cuando él era joven ser millonario significaba tener más de un millón de pesetas lo que equivale a aproximadamente 6.000 euros actuales. Hoy ese importe no alcanza ni para superar el salario mínimo anual. En 50 años lo que definía la riqueza se ha multiplicado por 166. Ese dato solo explica con una claridad brutal lo que la inflación le hace al dinero a lo largo del tiempo.

La conclusión que extrae Gil es que no se trata de querer ser inversor ni de tener vocación financiera. Se trata de entender que si no haces algo con el dinero que tanto te ha costado ganar alguien más lo perderá por ti de forma silenciosa y completamente legal.

Desde 200 euros al mes hasta carteras diversificadas: cómo empezar según tu perfil

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Una vez asimilado el punto anterior la pregunta práctica es inevitable: ¿y entonces qué hago con mis ahorros? Gil tiene una respuesta para cada perfil y deja claro que el punto de partida no es el capital disponible sino la tolerancia al riesgo.

Para quienes simplemente quieren preservar el valor de su dinero sin asumir grandes riesgos existen opciones accesibles y sencillas. Los fondos monetarios las letras del tesoro y los depósitos garantizados ofrecen rendimientos que en el contexto actual rondan la inflación lo que permite al menos empatar con la pérdida de poder adquisitivo. No es enriquecerse pero sí es dejar de perder.

Un escalón más arriba en términos de riesgo y rentabilidad aparecen los fondos de altos dividendos las carteras diversificadas con deuda corporativa y algunas plataformas de financiación inmobiliaria que en ciertos casos pueden ofrecer retornos de entre el 10 y el 11% anual. Son opciones que requieren algo más de criterio pero que están al alcance de cualquier persona dispuesta a dedicar tiempo a entender lo básico.

Y para quienes quieren ir más lejos están la bolsa directa las criptomonedas, el oro, la plata y otras materias primas. En estos casos Gil asegura que la rentabilidad potencial es mayor pero también lo es el riesgo y nadie debería adentrarse en ese terreno sin haber acumulado antes los conocimientos necesarios para tomar decisiones con algún fundamento razonable.

No hace falta ser experto ni tener grandes fortunas para empezar a proteger lo que se tiene. Hace falta entender que el dinero parado tiene un coste real y que ese coste se paga igual tanto si uno lo sabe como si no.


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