Jony, exdrogadicto y creador de contenidos: “Buscábamos ‘mulas’ entre gente sin hogar; les ofrecíamos dinero por transportar droga”

Jony revela cómo redes informales explotaban la vulnerabilidad extrema: captaban personas sin hogar como “mulas” a cambio de dinero, sosteniendo un circuito precario pero eficaz donde la adicción y la necesidad alimentaban el negocio.

En los márgenes de la sociedad, donde las decisiones suelen tomarse bajo presión y urgencia, existen historias que ayudan a entender cómo funciona el engranaje invisible del consumo de droga. La de Jony (@viviendoenlacalle), hoy creador de contenidos, es una de ellas. Su testimonio no solo retrata una caída personal, sino también un sistema que se alimenta de la vulnerabilidad.

Durante años, su vida giró en torno a la droga. Desde el consumo descontrolado hasta su implicación en redes informales de transporte, su historia expone con crudeza una realidad que muchas veces permanece oculta.

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Cuando la droga se convierte en el centro de todo

Cuando la droga se convierte en el centro de todo
Fuente: agencias

Jony describe esa etapa con una claridad que resulta perturbadora. Cada amanecer en las Barranquillas, solo dentro de su coche, consumiendo desde las diez de la mañana. La droga no era ya un escape, sino la estructura completa de su día. Intentaba dormir y no podía. Se miraba al espejo y sentía asco. En menos de cuatro meses había quemado los 25.000 euros que le quedaban tras saldar una deuda anterior, y se encontró de nuevo en cero, compartiendo habitación y trabajando de camarero por 1.200 euros al mes.

Fue en ese punto de vulnerabilidad cuando llegó la propuesta. Un conocido le ofreció 700 euros por un trabajo sencillo en apariencia: conducir hasta Marruecos con tres mulas, personas que ingerían la droga en su cuerpo para transportarla oculta hasta Madrid. Su papel era el de chófer, nada más. Sin embargo, como él mismo reconoce, esa distinción no cambia demasiado la naturaleza del asunto.

Realizó entre cuatro y seis viajes por esa ruta antes de que la operación se desmoronara. Uno de los transportistas metió la droga en la maleta en lugar de ingerirla y fue detenido en la frontera. Aquello cerró esa vía para Jony, pero no lo sacó del negocio.

Mulas desesperadas: así se reclutaba a las personas más vulnerables

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La siguiente etapa fue aún más reveladora sobre cómo funcionan estas redes desde dentro. Otro contacto le propuso repetir el esquema, pero con cocaína y a través de Portugal. El papel de Jony seguía siendo el de conductor, pero ahora también participaba en la búsqueda de las mulas.

El perfil que buscaban era muy concreto: hombres de origen rumano que dormían en la estación de Méndez Álvaro, sin trabajo y sin perspectivas. La crisis económica había dejado a muchos de ellos en una situación de desesperación absoluta y la oferta de varios miles de euros por cruzar una frontera con droga en el cuerpo resultaba difícil de rechazar.

Conducir de madrugada de Madrid a Lisboa, dejar al transportista en un punto acordado y volver dos semanas después a recogerlo vigilando desde la distancia para confirmar que nadie lo seguía. Preparar coartadas para cada tramo del trayecto. Arrancar etiquetas de las maletas para borrar el rastro del aeropuerto. Una coreografía de precaución constante que, como suele ocurrir, no era infalible.

En uno de esos viajes, una de las mulas intentó quedarse con el kilo de droga que transportaba y venderlo por su cuenta. Lo que siguió fue una escena digna de una película de serie B: una llamada inesperada de alguien que conocía a Jony y quería venderle precisamente ese kilo, un encuentro en los baños de un aparcamiento en Atocha y una resolución violenta del problema. Jony lo cuenta sin dramatismo, casi con la distancia de quien habla de algo que le pasó a otra persona.

Lo que resulta más llamativo de su testimonio no es la brutalidad ocasional ni la magnitud del negocio, sino la normalidad con la que todo funcionaba. No había grandes mafias detrás, sino gente de barrio que había empezado vendiendo pequeñas cantidades de droga y había ido escalando por pura lógica económica. Contactos, viajes, mulas y conductores. Un sistema informal pero perfectamente engrasado que se sostenía sobre la desesperación de unos y la adicción de otros.


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