El fin de la dictadura de la maleta: por qué cobrar por el equipaje de mano tiene los días contados

Hay una escena que se repite cada día en los aeropuertos españoles: un pasajero frente a un medidor de metal, una azafata con una terminal de cobro y una tensión palpable. Lo que durante años las aerolíneas de bajo coste nos han vendido como «segmentación de tarifas» no es, a ojos de la ley, más que un abuso sistemático. Pero el viento ha empezado a soplar a favor del consumidor.

La reciente multa de 150 millones de euros impuesta por el Ministerio de Consumo a gigantes como Ryanair, Vueling o EasyJet no es un aviso más; es una enmienda a la totalidad de un modelo de negocio que ha crecido a base de desguazar el billete de avión hasta dejarlo en la mínima expresión.

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El «elemento indispensable» que no pueden facturarte

El gran argumento de las compañías para cobrar por la maleta de mano siempre ha sido la libertad de precios. Dicen que, si quieres viajar barato, tienes que renunciar a todo. Sin embargo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) les leyó la cartilla ya en 2014 con una claridad meridiana: el equipaje de mano no es un extra, es un «elemento indispensable» del transporte.

La justicia europea entiende que nadie viaja solo con lo puesto. Si tu maleta tiene un tamaño razonable, debe ir incluida en el precio base. Punto. Lo que han hecho aerolíneas como Ryanair o Volotea es trocear el servicio para aparecer los primeros en los buscadores con precios de derribo que, casualmente, se duplican en cuanto intentas añadir tus pertenencias mínimas. Eso, según Consumo, no es libre mercado; es publicidad engañosa y una práctica abusiva que impide comparar precios reales.

La ofensiva de Consumo: 150 millones sobre la mesa

El Ministerio ha ido donde más duele: a la caja. La sanción histórica de este año castiga cuatro prácticas que todos hemos sufrido: cobrar por el equipaje de cabina, cobrar por elegir asiento cuando viajas con dependientes o menores, la falta de transparencia en la información y la prohibición de pagar en metálico en los mostradores.

Como era de esperar, las aerolíneas han puesto el grito en el cielo y han recurrido, agarrándose a normativas europeas sobre la libertad de empresa. Pero el precedente ya es sólido. Las asociaciones de consumidores, como la OCU, celebran que por fin se pase de las recomendaciones a los hechos. Ya no se trata de «recomendar buenas prácticas», sino de dejar claro que el bolsillo del pasajero no es un cajero automático para cuadrar los balances de las low cost.

He pagado el suplemento: ¿Cómo recupero mi dinero?

Si te han cobrado por tu maleta en la puerta de embarque, no des ese dinero por perdido. La justicia española está siendo especialmente dura con las aerolíneas en este punto, y ganar es más sencillo de lo que parece. Aquí no valen las quejas en redes sociales; hace falta método:

  • Guarda el «cuerpo del delito»: Necesitas el ticket de lo que te cobraron en el mostrador o en la puerta. Sin ese papel, la aerolínea negará que el cobro existió.
  • La reclamación por escrito: No pierdas el tiempo por teléfono. Usa su formulario web o un correo electrónico para que quede constancia. Cita la sanción del Ministerio de Consumo y la sentencia del TJUE. Es muy probable que te den una respuesta automática rechazándote, pero este paso es obligatorio para seguir adelante.
  • El Juzgado de lo Mercantil es tu aliado: Aquí viene lo que mucha gente ignora: para reclamaciones de menos de 2.000 euros, no necesitas abogado ni procurador. Es un trámite gratuito. Solo tienes que acudir al juzgado de tu ciudad, pedir el formulario para un juicio verbal y presentar tu caso.

La mayoría de las veces, las aerolíneas ni siquiera se presentan al juicio o devuelven el dinero antes de entrar a la sala porque saben que tienen las de perder. Reclamar esos 30 o 40 euros es la única forma de que, colectivamente, dejemos de normalizar un cobro que nunca debió existir.


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