Vivir de forma sostenible, ¿cómo lograrlo con un par de cambios?

Vivir de forma sostenible ha pasado de ser una idea que nos resulta ajena para convertirse en un objetivo para muchas personas. El cambio climático representa una de las preocupaciones de la sociedad actual, por lo que cada vez más gente desea reducir su impacto personal en el medio ambiente.

No obstante, pese a estos deseos, todavía hay quienes no saben cómo empezar a vivir de manera sostenible, aunque la realidad es que no hay que hacer grandes sacrificios para ello.

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¿Qué es vivir de forma sostenible?

Vivir de forma sostenible es, en definitiva, vivir de manera responsable. Para ello, algunas de las medidas que podemos tomar son consumir menos, ahorrar energía y agua, comprar artículos duraderos o de segunda mano, restaurar y reducir residuos.

Es decir, con un pequeño cambio de mentalidad podremos ser más sostenibles en pequeñas acciones a lo largo del día.

¿Cómo empezar? El primer paso: reducir residuos

Para vivir de forma sostenible, lo primero que debemos hacer es generar menos residuos. La cantidad de basura que se produce a diario impacta de manera directa en el medio ambiente, por lo que el primer paso es reducirla.

Algunas estrategias para evitar generar tanta basura son reutilizar envases, evitar los que sean de plástico y de un solo uso y comprar a granel cuando podamos. Así no tiraremos tantos envoltorios y nos será más fácil separar los residuos según su tipo.

Consumir sin control, un problema para el medio ambiente

Comprar por impulso genera mucha basura. ¿Por qué? Porque, aparte de que mucho de lo que compramos viene en embalajes de plástico, solemos comprar artículos de un solo uso, es decir, de usar y tirar.

Lo mejor para vivir de forma sostenible es comprar menos y comprar artículos duraderos. Además de que nos ahorraremos dinero, también reduciremos el impacto ambiental.

Vivir de forma sostenible se relaciona con el ahorro de energía

El impacto ambiental que una vivienda produce por el consumo energético es importante. Si disminuimos este consumo, aparte de ayudar al planeta, también le daremos una tregua a nuestro bolsillo. ¿Lo mejor? Se puede lograr con medidas sencillas.

Apagar las luces cuando no se esté en una estancia, desconectar los dispositivos que no se usan, cambiar bombillas halógenas por LED, aprovechar la luz natural y regular el aire acondicionado y la calefacción son algunas de ellas.

Si tenemos dudas, siempre podemos consultar la página del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, donde podemos encontrar sobre eficiencia energética.

El uso responsable del agua es vital para la sostenibilidad

Aunque abramos el grifo y tengamos agua cuando queramos, esto no ocurre del mismo modo en otros lugares del mundo. El agua no es un recurso infinito, todo lo contrario, cada vez se limita más y, si no somos cuidadosos con ella, no ayudamos a que la situación mejore.

Vivir de forma sostenible implica cerrar el grifo cuando no estemos usando el agua (por ejemplo, cuando nos lavamos los dientes). También es recomendable comprar electrodomésticos más eficientes y tomar medidas como reducir el tiempo que estamos en la ducha o revisar de vez en cuando la fontanería para prevenir fugas.

Acumular menos para dar más valor a las cosas

Si queremos vivir de forma sostenible debemos entender que acumular y sostenibilidad son incompatibles. Cuanto más tengamos, más energía necesitaremos para mantenerlo y más residuos generaremos. Por tanto, lo mejor es optar por tener menos, pero de valor.

Un claro ejemplo es plantearnos restaurar lo que se haya estropeado, en vez de tirarlo y comprar algo nuevo. Asimismo, también podemos optar por comprar artículos o ropa de segunda mano y beneficiar a la economía circular.

¿Qué nos aporta vivir de una forma sostenible?

Vivir de forma sostenible hace que vivamos acorde a nuestros principios. Además, simplificamos nuestro entorno, ahorramos dinero y vivimos con menos estrés mientras ayudamos al planeta.

En conclusión, somos más más coherentes con nuestros pensamientos y nos alineamos más con nuestros valores, lo que, sin duda, también nos hace más felices.


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