Invertir a largo plazo reduce el riesgo incluso en entornos de gran volatilidad

Las acciones globales destacan por su crecimiento constante a largo plazo

Amadeo Alentorn, responsable de renta variable sistemática de Jupiter AM, habla sobre la importancia de invertir a largo plazo en entornos de volatilidad y el impacto de los sesgos del inversor.

En un contexto marcado por la volatilidad y la incertidumbre en los mercados, como lo que estamos viviendo desde finales de febrero, el precio del petróleo se ha disparado, ya que la actividad marítima en el estrecho de Ormuz, una arteria crítica para el suministro mundial de petróleo se ha visto gravemente interrumpida.

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La renta variable ha mostrado volatilidad, pero no se ha desplomado. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. han subido en respuesta al temor de que el aumento de los precios del petróleo pueda alimentar la inflación. El oro subió inicialmente, pero ha mostrado volatilidad. Es comprensible que muchos inversores se sientan muy inseguros.

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Razones para no invertir

Casi siempre ha habido una razón para no invertir en activos de riesgo. Si repasamos los últimos 100 años, la historia ha dado a los inversores muchas razones para preocuparse. Los acontecimientos políticos, militares, económicos y financieros peligrosos se han sucedido a un ritmo vertiginoso (véase el gráfico).  Sin embargo, desde finales de 1927, el S&P 500, sin incluir dividendos, ha subido aproximadamente un 38 000%. Esto supone una tasa de crecimiento anual compuesta del 6,25%.

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Inversión a largo plazo

En periodos individuales de un año, los rendimientos de la renta variable suelen ser negativos. De hecho, han sido negativos el 30,6% de las veces desde el 31 de diciembre de 1927 (datos del S&P 500 sin dividendos).

Sin embargo, en periodos de tiempo más largos, el panorama mejora. En periodos de 10 años, la probabilidad de obtener un rendimiento negativo se redujo drásticamente, hasta el 11,3%. En periodos de 20 años, históricamente, la incidencia de pérdidas fue baja, solo del 3,5%.

Sesgo psicológico

Tendemos a recordar los acontecimientos negativos significativos más que los positivos. Muchos recuerdan vívidamente dónde se encontraban durante los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra los Estados Unidos. Es posible que algunos de nosotros recordemos haber oído la noticia de que John F. Kennedy había sido asesinado el 22 de noviembre de 1963. Los acontecimientos negativos se quedan grabados en la mente.

La teoría de la perspectiva sostiene que los inversores valoran menos las ganancias de lo que temen las pérdidas. El dolor emocional de perder dinero es mayor que la alegría de obtener una ganancia equivalente. Los inversores no son puramente racionales. Las personas sufren el sesgo de recencia, que les lleva a dar más peso a los acontecimientos más recientes. Los titulares dramáticos (en lugar del progreso constante a largo plazo) pueden dominar el pensamiento de las personas. La aversión miope a las pérdidas nos lleva a centrarnos excesivamente en las fluctuaciones a corto plazo en lugar del crecimiento a largo plazo. 

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Resiliencia a largo plazo

Los mercados de renta variable pueden ser volátiles. Sin embargo, la mayoría de los acontecimientos negativos tienen un impacto relativamente breve en los mercados. Si se analizan desde una perspectiva de varias décadas, las acciones globales destacan por su crecimiento constante a largo plazo. Es cierto que algunos mercados se estancan: un ejemplo es el de Japón después de 1990. Pero la mayoría de los mercados de renta variable mundiales han demostrado ser una excelente inversión a largo plazo.

¿. Las empresas innovan, recortan costes, entran en nuevos mercados y desarrollan nuevas tecnologías. Los reveses económicos pueden interrumpir el progreso, pero, al menos en este periodo de la historia de la humanidad, rara vez lo revierten de forma permanente. Los mercados de renta variable globales representan la propiedad de activos productivos, como fábricas, propiedad intelectual, marcas y capital humano, todos los cuales han tendido a aumentar de valor con el tiempo.

Los fundamentos de la inversión siguen siendo los mismos: invertir a largo plazo, buscar la diversificación, gestionar el riesgo y no preocuparse demasiado por el ruido a corto plazo. En nuestra opinión, la gestión activa puede ofrecer una forma de identificar de manera más dinámica los riesgos y las oportunidades, a diferencia de la inversión pasiva, que puede acabar sobre ponderando sectores de los mercados que han funcionado bien en los últimos años, pero que pueden haberse sobrevalorado. El valor es otro principio fundamental de la inversión.

La lección del siglo pasado no es que los mercados eviten las crisis, sino que las superan. Los inversores que esperaban la certeza rara vez la encontraban. Los inversores que mantuvieron sus inversiones descubrieron que la paciencia es una virtud.


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