¿Quién no ha procrastinado alguna una vez cuando tendría que estar trabajando? Procrastinar es algo que todos hacemos de vez en cuando, pero, si se convierte en un hábito, puede afectar a nuestra productividad y a nuestra vida en general. Una vez que entramos en esa espiral, se complica dejar de procrastinar.
No obstante, existen técnicas que nos ayudarán a vencer la pereza y dejar a un lado la procrastinación. La clave se encuentra en gestionar nuestro tiempo y enfocarnos en nuestros objetivos poco a poco, permitiéndonos descansar de vez en cuando.
1. Entender por qué estás procrastinando para superarlo
La procrastinación suele tener un origen que no reside solo en la pereza. A veces, ante tareas que nos llevarán mucho esfuerzo, nos sentimos abrumados y esto nos lleva a procrastinar. Otras veces, es el miedo a hacer algo lo que nos lleva a dejarlo de lado, por lo que no se trata de una falta de ganas.
De esta manera, debemos intentar comprender de dónde surge nuestra desgana para empezar a abordarla y dejar de procrastinar. Así, nos resultará más fácil dar pequeños pasos para, finalmente, terminar con lo que tenemos que hacer.
Por ejemplo, cuando tenemos que hacer limpieza general, podemos empezar por partes. Primero por una habitación más pequeña o, incluso, una zona de esa habitación, y así, continuar hasta terminar con el resto de la casa. En otros casos, en cambio, proponernos invertir 5 minutos diarios nos será de mucha ayuda. Al concentrarnos en solo cumplir ese tiempo es probable que, después, continuemos hasta acabar.
El objetivo no es pensar en lo que debemos hacer, sino ponernos a ello poco a poco.
2. Evitar las distracciones para dejar de procrastinar
Las distracciones son el peor enemigo de la productividad y el mayor aliado de la procrastinación. De esta forma, para dejar de procrastinar, debemos alejar de nosotros y evitar las distracciones en la medida de lo posible.
No te culpes por distraerte, ya que vivimos rodeados de estímulos que nos incitan a procrastinar. Internet, las redes sociales, la televisión, el móvil… en cualquier momento, podemos distraernos. Por eso, desconecta y, cuando tengas que trabajar, hazlo en un lugar ordenado y silencioso.
Asimismo, no tener claro lo que tenemos que hacer o, más bien, no priorizar tareas no nos ayudará a dejar de procrastinar. Así, para evitarlo, debemos preguntarnos qué es lo más importante que debemos cumplir en el día o qué es lo que más nos urge terminar. Y, si nos sentimos abrumados en algún momento, lo mejor es pasar a tareas más sencillas, con la idea de no permitirnos procrastinar.
3. No renunciar al descanso y aprovechar el tiempo libre
Una de las técnicas infalibles para dejar de procrastinar radica en el descanso y el aprovechamiento del tiempo libre. A pesar de que suene paradójico, si sufrimos fatiga mental es muy probable que procrastinemos. Necesitamos descansar y volver a motivarnos.
Para ello, como se apunta en la UNED, hay tener hábitos saludables como dormir bien y planificarnos. Con ello, nos resultará mucho más sencillo ponernos a trabajar y dejar la procrastinación atrás.
También aprovechar el tiempo libre, sin renunciar a actividades de ocio, en horarios fijos y establecidos, nos servirá para recargar energía, aunque no debemos olvidar que esperar a sentirnos motivados para hacer algo puede resultar contraproducente. Lo mejor para no bloquearnos es actuar, no de golpe, pero combinar descansos con nuestros quehaceres para sentirnos activos.
Al final, para dejar de procrastinar, lo más efectivo consiste en superarla con pequeños pasos y adaptar nuestro alrededor para evitar distracciones. Además, hay que alejar el estrés tomando descansos (siempre controlados) y no intentar cumplir con todas nuestras obligaciones de golpe.
La clave, por tanto, es tener consciencia de nuestro estilo de vida, para adaptarlo y facilitar la toma de decisiones, de forma que no dependamos únicamente de nuestra fuerza de voluntad.





