500.000 millones de dólares: lo que cuesta la desinformación en el mundo ayudada por la tecnología

La desinformación ha dejado de ser un problema vinculado únicamente al ámbito mediático para convertirse en un riesgo económico de primer orden. El informe The Global Economic Impact of Disinformation, elaborado por Sopra Steria, sitúa el impacto global de este fenómeno en torno a los 500.000 millones de dólares anuales.

La cifra no es una estimación aislada. Solo en 2024, la desinformación generó un impacto económico de 417.000 millones de dólares, lo que confirma una tendencia creciente. Este fenómeno afecta simultáneamente a mercados, instituciones y ciudadanos, alterando decisiones económicas y debilitando la confianza en los sistemas.

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Cómo se ha calculado el impacto de la desinformación

El informe se basa en una metodología inspirada en los protocolos científicos del IPCC, combinando análisis de casos reales, revisión de estudios previos y modelos económicos. Este enfoque permite cuantificar el efecto de la desinformación en distintos ámbitos.

El estudio divide el impacto en tres grandes áreas: financiero, social y político. Cada una de ellas refleja cómo la desinformación trasciende el ámbito informativo y se convierte en un problema sistémico.

El sector financiero, el más expuesto

El impacto económico más relevante se produce en el ámbito financiero, con pérdidas estimadas entre 353.500 y 456.400 millones de dólares. La desinformación afecta directamente a mercados y empresas a través de múltiples mecanismos.

Entre ellos destacan la manipulación de cotizaciones, campañas de boicot basadas en información falsa, reseñas fraudulentas o fraudes impulsados por inteligencia artificial, como los deepfakes. Este tipo de prácticas distorsiona la percepción de valor y genera decisiones erróneas en inversores y consumidores.

El motivo de esta vulnerabilidad es claro: el sistema financiero se apoya en la confianza y en la información. Cuando estos elementos se ven alterados por la desinformación, el impacto se multiplica en toda la economía.

Consecuencias sociales y pérdida de confianza

Más allá del dinero, la desinformación también tiene un impacto directo en la sociedad, estimado en hasta 19.900 millones de dólares. Este coste se refleja en problemas de salud pública, deterioro de la salud mental y aumento de la polarización.

La difusión de información falsa puede influir en decisiones médicas, generar alarma social o erosionar la confianza en instituciones clave. Este deterioro de la cohesión social tiene efectos indirectos sobre la economía, al afectar al consumo, la estabilidad y la confianza general.

Riesgos políticos y estabilidad democrática

El impacto político alcanza los 40.100 millones de dólares, según el informe. La desinformación se ha convertido en una herramienta habitual en campañas de manipulación electoral y propaganda.

Las interferencias en procesos democráticos obligan a reforzar sistemas de control, reorganizar elecciones y aumentar el gasto público en seguridad. Todo ello implica un coste adicional para los Estados y una pérdida de confianza en los sistemas democráticos.

Este fenómeno demuestra que la desinformación no solo afecta a empresas o usuarios, sino también a la estabilidad institucional de los países.

Una brecha preocupante en los recursos para combatirla

Uno de los datos más reveladores del estudio es la enorme diferencia entre los beneficios generados por la desinformación y los recursos destinados a combatirla.

500.000 millones de dolares lo que cuesta la desinformacion Merca2.es
La desinformación es más económica que combatirla.

Mientras que los actores que difunden contenidos falsos pueden generar miles de millones de dólares, el presupuesto global dedicado a la verificación de información apenas alcanza los 100 millones. Esta desigualdad crea un entorno favorable para la expansión de la desinformación.

La falta de inversión en mecanismos de control y verificación limita la capacidad de respuesta y permite que el problema siga creciendo.

La industrialización de la manipulación informativa

El informe destaca que la desinformación ha evolucionado hacia un modelo industrializado. El uso de tecnologías avanzadas, especialmente la inteligencia artificial, permite generar contenidos falsos a gran escala y con un alto nivel de realismo.

Esto incluye la creación de vídeos manipulados, audios falsos y campañas coordinadas que pueden influir en la opinión pública en cuestión de horas. La velocidad y el alcance de estas herramientas complican su detección y amplifican su impacto.

Antonio Peñalver, director general de Sopra Steria España, advierte de la magnitud del problema: “La desinformación ya no es un fenómeno abstracto: es un riesgo económico tangible que afecta las decisiones de inversión, la estabilidad política y la cohesión social”.

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La necesidad de integrar la desinformación como riesgo empresarial

El estudio plantea que empresas e instituciones deben empezar a tratar la desinformación como un riesgo estructural, al mismo nivel que la ciberseguridad. Esto implica desarrollar capacidades específicas para detectar y responder a campañas de manipulación.

La adopción de herramientas tecnológicas para identificar deepfakes, monitorizar reputación o analizar patrones de comportamiento se perfila como una de las principales líneas de defensa. A ello se suma la necesidad de cooperación entre administraciones, empresas y expertos.

El informe también apunta a la importancia de crear ecosistemas de colaboración que permitan anticipar amenazas y actuar con rapidez. En este contexto, la desinformación se consolida como uno de los grandes desafíos de la economía digital.


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