Tener conflictos, ya sea en nuestra vida diaria con la familia, la pareja, los amigos o en el trabajo es normal y común. Aun así, a muchas personas, manejar conflictos les resulta abrumador y les genera mucho estrés.
La realidad es que los conflictos no representan un problema en sí mismos, ya que, como decimos, discutir es habitual en cualquier ámbito de la vida. Aprender cómo gestionarlos y manejarlos, sin embargo, aparte de mejorar nuestra autoestima, nos ayudará a enfrentar los desafíos desde otro punto de vista.
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1. Analizar y comprender el origen del conflicto
Cuando se presenta un conflicto, solemos reaccionar de manera instintiva, lo que puede enquistarlo o agravarlo. De hecho, en ocasiones, todo empieza por una cuestión sin importancia, pero la falta de comunicación o las emociones acumuladas pueden volverlo más grande de lo que es.
Por eso, antes de reaccionar, lo mejor es detenerse un momento y preguntarse por qué se ha dado el conflicto y qué parte de culpa tenemos nosotros, para intentar empatizar con la otra parte.
2. Controlar nuestras emociones
Manejar conflictos es sinónimo de controlar nuestras emociones. En cuanto se enciende la chispa, solemos dejar el raciocinio a un lado para dejarnos invadir por el enfado o nuestras inseguridades. Por eso, las discusiones no tardan en escalar.
Para evitarlo, hay que aprender a gestionar las emociones y, para ello, algunos consejos de utilidad son: contar hasta diez y respirar profundamente, alejarse o, simplemente, no responder en ese momento. Si dejamos pasar un rato, es posible que las tensiones se hayan relajado lo suficiente como para intentar resolver el problema sin voces más altas que otras.
3. Escuchar a nuestro interlocutor
Aprender a manejar conflictos implica escuchar a nuestro interlocutor. Muchas discusiones se generan por malentendidos derivados de no atender a la otra parte. Por eso, es necesario prestar atención a lo que nos están diciendo, no interrumpir y no infravalorar sus palabras, con independencia de que estemos o no de acuerdo.
Mostrarse comprensivo es una de las formas más efectivas para rebajar la tensión y dialogar. Es más, algunas instituciones públicas como el Ministerio de Educación promueven la comunicación activa y constructiva para llegar a acuerdos.
4. Defender nuestro punto de vista con claridad y tranquilidad
No nos confundamos, para resolver un conflicto no tenemos que ceder siempre. Exponer lo que pensamos con respeto es otra manera de manejar conflictos, pero hay que tener en cuenta algunas cuestiones.
En primer lugar, decir nuestra opinión no significa hacer acusaciones. Hablemos sobre lo que pensamos, nuestra experiencia, sin entrar en generalizaciones, de forma segura y tomando nuestras pausas.
5. Para manejar conflictos se buscan soluciones, no culpables
En relación con lo anterior, para manejar conflictos con eficacia lo mejor es cambiar el objetivo de “llevar la razón” al de “resolvamos esto”. Así, dejaremos de pensar en quedar por encima del otro y, a su vez, no permitiremos que lo hagan con nosotros. Se trata, en definitiva, de buscar soluciones que beneficien o convenzan a ambos, no ganar una discusión.
Además, es preferible intentar resolver los problemas en persona, en vez de por mensajería, como WhatsApp. El tono de voz y el lenguaje verbal influyen de manera directa en cómo escala o no una discusión.
6. Hay conflictos que no se resuelven en un día
No todos los conflictos son iguales. Algunos son espontáneos, puntuales, mientras que otros se enquistan y perduran en el tiempo. Entonces, para manejar conflictos de este segundo tipo, es imprescindible ser pacientes y conscientes de que no se van a resolver en un día.
De este modo, para sobrellevarlos mejor, podemos establecer límites y aceptar las diferencias; incluso, llegar a acuerdos. Con ello, nos evitaremos frustraciones y mejoraremos en gran medida nuestra convivencia.
7. Tomar los conflictos como un aprendizaje
Manejar conflictos también nos enseña a utilizar nuestras habilidades sociales. La empatía y la elocuencia son cualidades que ponemos a prueba cuando nos enfrentamos a una discusión, así que la próxima vez que tengamos un conflicto, en vez de sentirnos mal, debemos mejor tomarlo con positividad.
Discutir o entrar en conflicto con otros, al fin y al cabo, es normal e incluso necesario para establecer relaciones y vínculos fuertes. Saber manejarlos, por ello, nos ayudará a vivir menos estresados y con menos temores a la hora de relacionarnos con los demás.




