No hagas esto en una videollamada: es justo lo que usan para vaciar cuentas

- Una nueva estafa con videollamadas está poniendo en jaque a usuarios que creen estar hablando con su banco.

Hay estafas que parecen sacadas de una película… de esas que ves y piensas “a mí no me pasaría”. Hasta que un día te enteras de que le ha ocurrido a alguien cercano. Y entonces ya no suena tan lejano. Esta, en concreto, tiene algo especialmente inquietante: entra en tu vida con total normalidad, a través de una simple videollamada.

Cuando todo empieza con un mensaje “normal”

Todo arranca de una forma casi rutinaria. Un WhatsApp del “banco”. Con su logo, su nombre, incluso el tono habitual. Todo parece encajar. Y ahí está precisamente el peligro.

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El mensaje suele hablar de un movimiento sospechoso, de un fallo en la cuenta, de algo urgente. Y esa palabra —urgente— pesa más de lo que parece. Porque cuando creemos que nuestro dinero puede estar en riesgo, reaccionamos. Rápido. Sin pensar demasiado. Y así, casi sin darte cuenta, entras en su juego.

La videollamada: ese momento en el que todo gira

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Un simple mensaje puede ser el inicio de una estafa muy elaborada. Fuente: IA

Después del primer contacto, llega la siguiente “sugerencia”: una videollamada. Lo plantean como algo más fácil, más directo… incluso más seguro. Y claro, suena razonable.

Durante la llamada, todo está medido. El tono, la forma de hablar, la calma. Transmiten confianza. Y justo cuando ya te has relajado un poco, llega la petición clave: compartir pantalla.

Puede sonar técnico, puede sonar lógico. “Te ayudo paso a paso”, “es solo un momento”, “así lo vemos juntos”. Pero detrás de esa frase aparentemente inocente hay otra realidad muy distinta.

Ahí es donde empieza el verdadero problema.

Esa “ventana abierta” que no ves

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Las videollamadas se están convirtiendo en una nueva vía de fraude. Fuente: IA

Compartir pantalla parece algo sin importancia. Pero en realidad es como dejar que alguien se siente a tu lado y vea todo lo que haces con el móvil o el ordenador. Absolutamente todo.

Pueden ver cómo entras en tu banco. Las claves que escribes. Incluso esos códigos que te llegan por SMS y que creías que eran privados. En tiempo real.

Y lo más inquietante es esto: mientras tú crees que estás solucionando un problema… ellos ya lo están aprovechando.

Además, no solo va de dinero. Cualquier notificación, cualquier mensaje personal, cualquier dato que aparezca en pantalla queda expuesto. Es como abrir la puerta de casa y no darte cuenta de quién está mirando desde fuera.

No es solo el banco

Aunque esta estafa se ha detectado sobre todo con bancos, no se queda ahí. También está apareciendo en aplicaciones de compraventa. Y el guion es parecido.

Alguien que quiere comprar algo, que propone una videollamada “rápida”, que dice que tiene problemas con la app… y, poco a poco, te lleva al mismo punto: compartir pantalla.

Y el resultado, otra vez, puede ser serio. Dinero que desaparece, cuentas bloqueadas, perfiles robados… y esa sensación de “¿cómo ha podido pasar?” que se queda dando vueltas.

Protegerse: lo básico que marca la diferencia

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Actuar con rapidez puede evitar consecuencias mayores. Fuente: IA

Aquí no hay trucos raros ni fórmulas mágicas. Hay algo mucho más simple: ningún banco te va a pedir jamás que compartas pantalla o que des tus claves por videollamada. Nunca.

Ni por WhatsApp. Ni por teléfono. Ni de ninguna forma.

Si hay duda, lo mejor es cortar y contactar directamente con el banco usando sus canales oficiales. No los que te envían. Los de verdad.

También ayuda estar al día. Policía y Guardia Civil suelen avisar de estas cosas, y aunque a veces pensamos que “eso no va conmigo”… nunca está de más echar un vistazo.

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Si ya ha pasado: actuar rápido es clave

Si alguien ha caído en la trampa, lo primero es no quedarse bloqueado. Actuar rápido puede marcar la diferencia.

Cambiar contraseñas, avisar al banco cuanto antes, revisar movimientos… y denunciar.

Porque al final, estas estafas no van solo de tecnología. Van de confianza, de momentos de prisa, de despistes que cualquiera puede tener.

Y quizá por eso son tan peligrosas. Porque no le pasan “a otros”. Le pueden pasar a cualquiera.


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