El trono huérfano de la Campos: del desgaste de AR a la irregularidad de otras aspirantes

Ana Rosa Quintana sigue siendo, con permiso de Jorge Javier Vázquez, la última gran estrella activa de Telecinco. Y lo es no tanto por su brillo actual como por la inercia de un modelo que ella misma ayudó a construir y que durante dos décadas definió las mañanas televisivas en España. Pero esa condición de penúltima estrella tiene algo de crepúsculo, especialmente por su incapacidad a aceptar que el ecosistema mediático ya no gira a su alrededor y sus audiencias no son las de antaño.

A la reina emérita de las mañanas le cuesta admitir, por ejemplo, que Silvia Intxaurrondo la barre a diario y que Alfonso Arús le gana la partida con una propuesta alternativa a los tonos afectados de la mañana. Tampoco ha digerido del todo el fracaso de su aventura vespertina con TardeAR, que evidenció que su producto funciona en un contexto muy concreto y que, fuera de él, pierde nervio y se vuelve anodino.

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Con todo, sería injusto negar que El programa de Ana Rosa sigue siendo el más competitivo de un Telecinco en horas bajas. Su mezcla de política, sucesos, corazón e investigación creó un híbrido que durante años fue imbatible. Era televisión total: un ministro podía sentarse en su mesa y, minutos después, el programa podía virar hacia un crimen o un culebrón sentimental sin que chirriara demasiado. Esa capacidad camaleónica fue la gran virtud de la comunicadora.

Otro problema es que su modelo de magazine, que en su origen resultaba innovador, ha ido derivando hacia un tono cada vez más amarillista. El tratamiento de la crónica negra más morbosa, la simplificación del debate político y una cierta inclinación hacia discursos próximos a la ultraderecha en sus desafinados editoriales han erosionado su prestigio.

Paradójicamente, el paso del tiempo juega a favor de AR en un sentido inesperado. La irrupción de nuevos perfiles en Mediaset cercanos a Vox, como Iker Jiménez o Nacho Abad, con estilos aún más marcados —tras provenir del misterio o el suceso puro—, ha relativizado el tono de Ana Rosa. Frente a ellos, su propuesta parece casi moderada.

Pese a lo cual, hay que reconocer que, en muchas ocasiones, sus tertulias presentan una mayor diversidad de opiniones que las que moderan sus rivales

DESGASTE

Ana Rosa, que durante años fue casi impermeable a escándalos que habrían acabado con la carrera de otros —desde el sonado caso de plagio literario hasta las polémicas vinculaciones de su entorno con Villarejo—, ya no conserva intacta esa coraza. La percepción pública ha cambiado: donde antes había respeto profesional, ahora despierta escepticismo en algunos ámbitos de la sociedad.

Sea como fuere, la ex reina matinal ha sabido hacer dinero como pocas figuras de la televisión española.Su productora, Unicorn Content, se ha convertido en una máquina de generar horas de emisión. Incluso algunos rankings aseguran que es la compañía productora que más horas realiza para la televisión, obviando los monstruos de varias cabezas Banijay y Mediapro. La empresaria también ha diversificado en el ladrillo, consolidando una posición económica envidiable.

Pero ese músculo empresarial no está exento de incertidumbres. El nuevo director de contenidos de Mediaset España, Alberto Carullo, no parece confiar plenamente en sus productos. Y no es difícil entender por qué: más allá de pequeños ajustes, lo que ofrece Unicorn tiende a ser variaciones sobre el mismo esquema. Los recortes a Fiesta y Vamos a ver, y las dudas sobre el futuro de El tiempo justo, que podría ser relevado por una nueva versión de Mujeres y hombres y viceversa, complican a la compañía dirigida por Xelo Montesinos.

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Ana Rosa Quintana. Foto: Mediaset.

Eso sí, este desgaste en Mediaset podría ser compensado por los medios controlados por el PP, que está encantado con la obsesiva campaña antiprogresista de la comunicadora y su incapacidad para ver ningún escándalo en Isabel Díaz Ayuso o en Alberto Núñez Feijóo.

Los canales públicos Telemadrid y À Punt contratan a Unicorn Content, que podría reinar en RTVE, donde el presidente José Pablo López se niega a comprarles ningún producto, si la unión de derecha y ultraderecha españolas suman mayoría tras las elecciones de verano de 2027.

MARÍA TERESA SALE GANANDO

La comparación de AR con la inventora de la televisión matinal con permiso de Jesús Hermida, María Teresa Campos, resulta inevitable. Campos representaba una televisión matinal más blanca, menos dependiente del suceso y del enfrentamiento político. Su estilo, más clásico aunque ella se enfadaba porque decían que hacía un espacio «para marujas», evitaba el amarillismo que ahora impregna buena parte de algunos espacios matinales. Y es que la Campos promovía pluralidad en política, respeto en la crónica negra y tolerancia en la prensa rosa.

Tampoco sale bien parada de la comparativa otra futura aspirante al trono de la reina madre, Sonsoles Ónega, que es una comunicadora correcta e incluso eficaz en determinados registros, pero carece del carisma que convirtió a la Campos o AR en referentes.

Las irregulares audiencias de Ónega, ahora encharcada por la cobertura sobre la muerte de Noelia Castillo, también impiden que la presentadora más cuidada por Atresmedia se convierta en una primera espada.


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