Mark Romera, experto en fisiología: «Llevamos años haciendo esto para perder grasa… y es justo lo que lo bloquea»

- Perder grasa no es solo cuestión de esfuerzo… sino de entender cómo responde realmente tu cuerpo.

Grasa no es solo lo que comes… es cómo responde tu cuerpo. Hay frases que se nos quedan grabadas casi sin darnos cuenta. “Come menos y muévete más”. La hemos oído tantas veces que parece una verdad absoluta. Pero, si te paras a pensarlo un momento… ¿por qué entonces tanta gente lo intenta y no le funciona a largo plazo?

Eso es justo lo que pone sobre la mesa Mark Romera. Y no lo hace desde la teoría, sino desde algo que, en el fondo, todos hemos vivido: esa sensación de hacer “todo bien”… y aun así no avanzar.

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Cuando haces todo bien… y aun así no funciona

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El cuerpo responde a mucho más que calorías y ejercicio. Fuente: IA

Reducir calorías funciona. Sí. Pero solo durante un tiempo. Luego algo cambia. El cuerpo empieza a resistirse. Aparece más hambre, menos energía… y ese progreso que parecía tan claro se frena.

No es falta de disciplina. Es biología.

Romera lo explica de forma bastante directa: el cuerpo no está diseñado para perder grasa porque sí. Está diseñado para sobrevivir. Y cuando detecta que la energía baja durante demasiado tiempo, activa alarmas.

El cerebro, ese “jefe” que decide por ti

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El equilibrio interno marca la diferencia en la pérdida de grasa. Fuente: IA

Aquí entra en juego algo que solemos olvidar: el cerebro manda. Y mucho.

El hipotálamo —que suena técnico, pero no deja de ser una especie de centro de control— actúa como un gestor que vigila tus reservas.

Si percibe que hay escasez, ajusta todo: menos gasto, más hambre, más ahorro. Y claro, luchar contra eso no es solo cuestión de fuerza de voluntad. Es nadar contra corriente.

El estrés: ese invitado que nadie ve, pero lo cambia todo

Y luego está el estrés. Ese que muchas veces normalizamos. El que llevamos encima sin darnos cuenta.

El cortisol, la hormona que lo acompaña, tiene un efecto bastante traicionero. Favorece que acumules grasa —sobre todo en la zona abdominal— y hace más difícil perderla.

Y lo más curioso es que puedes estar comiendo “perfecto”… y aun así no ver resultados. Porque, al final, no solo importa lo que comes, sino en qué estado está tu cuerpo cuando lo hace.

Romera lo resume bien: puedes estar delgada… pero no definida. Y eso desconcierta. Mucho.

La fuerza: el punto de partida que muchos pasan por alto

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El entrenamiento de fuerza es clave para una salud metabólica real. Fuente: IA

Durante años nos han vendido el cardio como la solución. Correr, sudar, quemar. Y sí, tiene su lugar. Pero quizá no es la base.

El entrenamiento de fuerza, dice Romera, es innegociable. No solo por estética, sino por salud. Ayuda a mantener el músculo, mejora cómo el cuerpo usa la energía y, de paso, te protege a largo plazo.

Y aquí es donde muchos se sorprenden. Porque cambiar el enfoque cuesta.

Cuando el cuerpo se bloquea… y la solución no es apretar más

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El descanso y el estrés influyen más de lo que parece en el resultado. Fuente: IA

Ese momento en el que te estancas. Lo has hecho todo. Has recortado comida, has entrenado más… y nada.

La reacción lógica es apretar aún más. Pero aquí viene el giro.

Romera propone hacer justo lo contrario: parar. Comer suficiente durante un tiempo, sin déficit. Darle al cuerpo una señal de seguridad.

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Suena raro. Pero tiene sentido. Porque si el cuerpo deja de percibir amenaza, vuelve a “soltar”. Y entonces, poco a poco, todo se desbloquea.

Dormir, vivir… y dejar de luchar contra tu cuerpo

Y luego están esas cosas que sabemos… pero que dejamos para mañana. Dormir bien. Exponernos a la luz natural. Cuidar lo que comemos sin obsesionarnos.

Dormir mal, por ejemplo, puede tirar por tierra cualquier esfuerzo. Así de simple. Y así de olvidado.

Incluso la microbiota influye más de lo que creemos. Todo está conectado. Más de lo que nos gustaría admitir.

No va de castigarte… va de entenderte

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Al final, todo esto lleva a un punto bastante claro. No puedes construir algo duradero desde el castigo.

Dietas restrictivas, culpa, “me porto bien” o “me porto mal”… eso no se sostiene. Romera lo dice sin rodeos: no somos animales que funcionen a base de premios y castigos.

Y, sinceramente, tiene lógica.

Porque esto no va solo de perder grasa. Va de cómo te sientes. De cómo vives. De si puedes mantenerlo en el tiempo sin que te pese.

Se trata de dejar de pelearte con tu cuerpo… y empezar a ir de su lado.


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