Cuántas personas han recurrido a la eutanasia en España… y lo que revelan realmente los datos

- Una ley que avanza en cifras… pero, sobre todo, en decisiones profundamente personales.

Hay temas que uno no elige tratar a la ligera. Este es uno de ellos. La Ley de Eutanasia en España, en vigor desde junio de 2021, no solo ha modificado un marco legal… ha abierto un espacio nuevo, incómodo a veces, pero necesario. Porque pone sobre la mesa algo que todos, en algún momento, pensamos aunque no lo digamos en voz alta: ¿hasta dónde llega el derecho a decidir sobre el propio final?

Con su aprobación, se permitió la ayuda médica para morir a personas con enfermedades graves e incurables o con padecimientos crónicos que les generan un sufrimiento constante. Y claro, desde el primer día, no dejó indiferente a nadie. Ni a médicos, ni a familias… ni a quienes viven esa realidad en primera persona.

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Para acceder a este derecho, el camino está muy marcado. No basta con pedirlo. Hay que cumplir requisitos estrictos, como ser mayor de edad, tener nacionalidad española o residencia legal y, sobre todo, expresar una voluntad clara, repetida y supervisada por profesionales. Es un proceso garantista, sí, pero también profundamente delicado.

Una evolución que crece… pero sigue siendo mínima

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Decidir sobre el final de la vida sigue siendo un proceso complejo y profundamente personal. Fuente: IA

Si miramos los datos, la tendencia es clara: los casos han ido aumentando año tras año.

En 2021, en apenas seis meses, se registraron 75 casos. En 2022, la cifra subió a 288. En 2023, fueron 334. Y en 2024, alcanzó las 426 eutanasias realizadas. En total, desde que entró en vigor la ley, 1.123 personas han accedido a esta prestación en España.

Pero aquí viene el matiz importante. Porque, aunque el número crece, sigue siendo muy pequeño en comparación con el conjunto de la población. Hablamos de menos del 0,0006% en 2023. Es decir, existe… pero está lejos de ser algo generalizado.

Además, no todos los procesos iniciados llegan a completarse. En 2024 se cerraron 929 expedientes, pero muchos quedaron en el camino: personas que fallecieron antes, solicitudes que no fueron aprobadas o decisiones que, simplemente, cambiaron.

Quiénes están detrás de los números

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La ley avanza, pero las decisiones siguen siendo únicas en cada caso. Fuente: IA

Porque sí, hablamos de cifras… pero en realidad hablamos de personas. De historias. De decisiones que no se toman de un día para otro.

La mayoría de quienes solicitan la eutanasia padecen enfermedades neurológicas, en torno al 53%. Después aparece el cáncer, con cerca del 30%. También hay casos relacionados con problemas cardiovasculares o respiratorios, y en menor medida situaciones psiquiátricas, donde el proceso es aún más complejo.

Y hay un dato que suele sorprender: los casos en personas jóvenes son muy poco frecuentes. En 2022, solo cuatro menores de 30 años accedieron a este derecho. En 2023, fueron siete.

Un mapa desigual según el territorio

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Entre cifras y emociones, el debate sigue abierto en la sociedad. Fuente: IA

No en todas partes se vive igual. La aplicación de la ley varía según la comunidad autónoma, y los datos lo reflejan con claridad.

En 2024, Cataluña lideró los procesos finalizados con 303 casos. Le siguieron Madrid con 129, el País Vasco con 75 y Andalucía con 72. En el otro extremo, Ceuta no registró ninguno, y Melilla apenas uno.

¿Por qué ocurre esto? No hay una única respuesta. Puede influir la organización sanitaria, el acceso a la información o incluso la forma en la que se aborda el tema en cada territorio. Pero lo cierto es que el mapa no es uniforme. Y eso también invita a pensar.

Más allá de los datos, lo que realmente importa

Al final, todo esto no va solo de números. Ni de estadísticas. Va de algo mucho más íntimo.

Hablar de eutanasia es, en el fondo, hablar de cómo queremos vivir… pero también de cómo queremos irnos. Y no es una conversación fácil. A veces incomoda. A veces se evita. Pero está ahí.

Y quizá lo importante no sea tener una respuesta clara —porque probablemente no exista una única—, sino entender que detrás de cada decisión hay una historia, un contexto y un momento vital muy concreto.


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